sábado, 12 de septiembre de 2026

La librería donde los libros no nos dan la espalda

La sorprendente Livraria Esperança de Funchal

Pilar Otano entre las estanterías de libros expuestos de frente en la Livraria Esperança de Funchal
En el laberinto de la Livraria Esperança.

No recuerdo dónde, pero hace años tuve noticia de una librería muy especial que había en Funchal, en la isla de Madeira. Desde entonces, la Livraria Esperança figuraba en mi lista de lugares que visitar cuando surgiera la ocasión. Y la ocasión llegó durante nuestro viaje a Madeira de la pasada primavera.

Así que una de las primeras cosas que hicimos al llegar a Funchal fue buscar aquella librería tan singular.

¿Singular por qué?

Pues porque allí los libros se exhiben «por la cara». Quiero decir que se muestran de frente, enseñando sus portadas, y no los lomos, como suele ser habitual. En esta librería, los libros no esperan discretamente de perfil: se vuelven hacia quien entra, los miran y parecen reclamar su atención.


Libros expuestos por sus portadas en estanterías y paredes, algunos sujetos con pinzas.
Aquí los libros no esperan de perfil:
 muestran la cara.

Según parece, es la mayor librería de Europa con todos sus libros expuestos de este modo.

Podéis imaginar lo que disfrutó aquí esta fan de las librerías, fiel devota de esos lugares mágicos. La Livraria Esperança es un laberinto de más de 100.000 títulos repartidos por tres pisos y más de veinte salas. Las portadas ocupan estanterías, paredes y corredores; algunos ejemplares están incluso sujetos con pinzas, como si los libros fueran prendas tendidas al sol.


Amplia sala de la Livraria Esperança con numerosas estanterías llenas de libros colocados de frente.
Estanterías, corredores y miles de portadas
 reclamando una mirada.

Aunque, bien pensado, allí no están puestos a secar. Están puestos para que los miremos. Y para mirarnos.

La librería fue fundada en 1886 por Jacintho Figueira de Sousa y comenzó siendo también tipografía. Más de un siglo después, el proyecto continúa en manos de la cuarta generación de la familia. El enorme fondo que ha ido reuniendo no se explica solamente por el paso de los años, sino también por una costumbre poco frecuente: cuando se vende un título, se procura reponerlo mientras la edición siga disponible. Por eso, entre tantas novedades, todavía pueden encontrarse libros difíciles de localizar en otros establecimientos.

Mesa con varios libros antiguos rodeada de estanterías con numerosas portadas expuestas.
Entre las novedades todavía asoman libros de otros tiempos.

Hay además algo que me gusta especialmente en su manera de entender una librería: los libros están al alcance de la mano y se invita a tocarlos, a cogerlos y a hojearlos. Porque ¿cómo va un niño —o un adulto— a sentir curiosidad por un libro si no puede acercarse a él?

A todo esto hay que añadir el escenario: un palacete del siglo XVI, con vidrieras y techos de madera que, de vez en cuando, consiguen apartar la mirada de las portadas. Solo de vez en cuando.

Es fácil encontrar la Livraria Esperança porque se encuentra en la Rua dos Ferreiros, a pocos metros del Ayuntamiento —os Paços do Concelho do Funchal—. Eso sí, su puerta es sencilla, sin estridencias, y pasa casi desapercibida. Desde la calle nada permite imaginar lo que se esconde detrás. No llama al paseante ni parece pedirle que entre a descubrir aquel mundo de libros.

Tal vez por eso la sorpresa sea aún mayor.

Y qué sorpresa la nuestra cuando, nada más llegar, encontramos uno de los libros de nuestro «quase» paisano de Elvas, Nuno Franco Pires. Sombras da Raia nos recibió en la primera sala, la dedicada a las novedades. Entre más de cien mil títulos, allí estaba uno que nos devolvía de pronto a nuestra propia frontera.

Sombras da Raia, expuesto en la sala de novedades de la Livraria Esperança.
Sombras da Raia, de Nuno Franco Pires, nos esperaba en la Sala de Novedades.

Porque eso hacen también las librerías: una entra en ellas lejos de casa y, cuando menos lo espera, un libro conocido sale a su encuentro.

Así que, atención, devoralibros, buscadores de librerías y coleccionistas de lugares literarios: si alguna vez vais a Funchal, apartaos durante un rato de los circuitos turísticos habituales y empujad esa puerta discreta.

No todos los miradores de Funchal dan al Atlántico. 

Algunos se asoman a más de cien mil libros.


Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

Septiembre de 2026


martes, 8 de septiembre de 2026

Entre columnas y silencios: una lectura de Alejandro y el eunuco persa

Las palabras que me llamaron desde las piedras

Cada verano acudimos varias veces al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Ver una obra en el Teatro Romano convierte cada representación en una experiencia especial. El año pasado asistimos a Alejandro y el eunuco persa, de nuestro paisano Miguel Murillo, y, como suelo hacer, quise leer después el texto. Ya se sabe que una cosa es lo que ocurre sobre el escenario —y más en un escenario como el Teatro Romano de Mérida— y otra lo que una descubre al leer con calma. No lo he hecho hasta hace unos días y estas son algunas de las impresiones que me ha dejado.


Libro Alejandro y el eunuco persa, de Miguel Murillo, junto a una imagen del Teatro Romano de Mérida.
Alejandro y el eunuco persa, de Miguel Murillo.
Del escenario del Teatro Romano de Mérida a la lectura, casi un año después
.

Ya aquella noche tuve que desprenderme un poco del Alejandro que creía conocer. La lectura del texto, casi un año después, no ha hecho sino confirmar aquella impresión.

Estamos demasiado acostumbrados a pensar en Alejandro Magno como una de esas figuras de mármol que parecen haber nacido ya convertidas en Historia: el joven rey, el estratega invencible, el hombre que llevó sus ejércitos hasta los confines del mundo conocido. Un universo de batallas, caballos, armas, ambición y, por qué no decirlo, bastante testosterona.

Frente a todo ello, Murillo pone en boca de Aristóteles una pregunta que parece atravesar los siglos:

¿Llegará un día en el que los pueblos se abracen sin necesidad de luchar para ello? ¿No son las palabras las mejores armas para unir a los pueblos?

La guerra, el mando y la victoria son terrenos que Alejandro domina. Bastante más complicado resulta enfrentarse a los afectos, las lealtades, el deseo o las propias contradicciones.


Y ahí aparece Bagoas

El eunuco persa apenas ocupa unas líneas en las fuentes antiguas y, sin embargo, ha alimentado durante siglos la imaginación de quienes se han acercado a Alejandro. Murillo lo sitúa muy cerca del poder, en ese lugar privilegiado desde el que pueden verse cosas que quizá se escapan a quienes miran desde lejos.

Tiene su aquel que alguien de quien sabemos tan poco termine resultando tan sugerente. Bagoas observa a Alejandro, lo acompaña, lo ama y también se atreve a enfrentarse a él. Desde esa proximidad aparece un Alejandro muy distinto del héroe solemne que suele llegarnos desde la Historia.

Al final, cuando todo se ha derrumbado, Bagoas se aferra a una memoria que ya no pertenece a las conquistas ni a la gloria:

No podrán borrar tus huellas sobre mi piel.


Pero Bagoas no es la única mirada

Están también Olimpia, su madre, y Aristóteles, su maestro. Me ha interesado encontrar a Alejandro visto por quienes lo conocieron antes de convertirse en Alejandro Magno. Olimpia alimentó en él la idea de ser alguien excepcional; Aristóteles le enseñó a entender el mundo desde los valores —y también los prejuicios— de la cultura griega. El discípulo, sin embargo, acaba alejándose de lo que su maestro esperaba de él:

¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ha cegado tu mente para dejar atrás esos propósitos y convertirte en alguien capaz de asesinar a inocentes? No te reconozco, Alejandro, no te reconozco en estas noticias que me llegan. 


De algún modo, madre y maestro contribuyeron a construir al héroe, pero también al hombre que terminó atrapado en ese papel. Quizá por eso me interesa especialmente este Alejandro: porque detrás del conquistador y del mito aparece un hombre que no sabe muy bien cómo escapar del personaje que él mismo ha contribuido a crear.

También me ha gustado especialmente el lenguaje de la obra. Los personajes no hablan con la solemnidad que a veces asociamos a las grandes figuras históricas ni como si hubieran salido de un viejo manual de Historia. Hablan de una forma cercana y directa, sin que por eso dejemos de sentir que estamos en el mundo de Alejandro.

Y hay además un pequeño juego dentro de la propia obra que me ha gustado mucho: el teatro hablando del teatro. Heráclito intenta explicarle a Bagoas qué significa ser actor y le muestra las máscaras de la tragedia y la comedia. Hoy se puede ser rey, mañana esclavo; ahora hombre, después mujer. Y llega a definirlo como «el más noble arte». No deja de tener gracia que, mientras nosotros contemplamos a Alejandro convertido en personaje, los propios personajes nos recuerden que todo lo que vemos es también representación, máscara y cambio.

Mientras leía era inevitable acordarme de Mary Renault y de El muchacho persa. Pero esa asociación me llevó por otro camino: la historia editorial de la novela en España parece estar relacionada con la censura franquista. Estoy intentando averiguar qué ocurrió realmente  y qué dicen los informes de los censores. Pero esa es otra historia —bastante interesante, por cierto— que dejaré para otra ocasión.

Al leer la obra de Murillo con calma entendí mejor algunas cosas que aquella noche podían quedar ocultas por la fuerza del espectáculo. La representación permanece en la memoria —las voces, los cuerpos, las columnas, la noche de Mérida—, pero el texto permite detenerse allí donde en el escenario todo tenía que seguir avanzando.

Y algunas palabras, leídas mucho después, vuelven a llevarnos a aquella noche.

Quizá esa sea también una de las razones por las que seguimos sentándonos, dos mil años después, frente a aquellas piedras de Mérida para escuchar historias que, al final, siguen hablando de nosotros.

¡Larga vida al teatro!

Vayamos a verlo. Y no olvidemos que el teatro también se lee.


Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

Septiembre, 2026