… una exposición, una galería y un cine prehistórico
Un par de mañanas en Madrid dan mucho de sí. Sin prisas, solo con la parada del café, que no puede faltar, nos dio tiempo a ver algunas exposiciones.
| La Fiambrera Art Gallery |
Una de ellas estaba en la Calle del Pez. Sí, esa misma donde Mortadelo y Filemón tenían su despacho. Muy apropiado, porque en el número 30 hay una galería que parece salida de un cómic: La Fiambrera Art Gallery. Allí fuimos atraídos por una muestra del dibujante Ricardo Martínez —el de Goomer—, y su mundo de cultura pop. Héroes de tinta se llama, y rinde homenaje a esos personajes del tebeo que nos han hecho soñar desde siempre: el gato Félix, Snoopy, Mortadelo (está en su barrio), Mafalda, Popeye, Carlitos… todos reunidos.
Los dibujos son muy chulos, una delicia, hechos con la técnica del scratchboard, que yo desconocía y que allí mismo aprendí que consiste en raspar una láminas cubiertas de escayola pintada de negro hasta sacar el blanco del fondo. Me encantó…
Pero lo mejor fue lo de siempre: que una cosa me llevó a otra. La ilustración del gato Felix me abrió una puerta remota, la de un recuerdo de infancia. En casa teníamos algo parecido a un Cinexin, pero aún mas antiguo —casi prehistórico— con unos gatos como protagonistas.
El gato Félix |
No sé que fue de aquel proyector de los años 60, pero recordé hasta los detalles: el proyector verde metálico, la manivela, la luz. El sistema estaba basado en la linterna mágica, compuesta de dos cajas metálicas ensambladas, en una de las cuales había una bombilla y un rodillo lateral con la película que había que mover con una manivela. Todo muy manual, nada de darle a un botón o decir “Oye, Siri…”
Proyector NIC en el Museo Pedagógico de Aragón |
Era una NIC, como he descubierto ahora curioseando por Internet. He visto que en algunos museos —en Salamanca y en Zaragoza— los tienen en exposición. El del Museo Pedagógico de Aragón es clavadito al nuestro. Lo inventaron en 1932 unos hermanos de Barcelona, los Nicolau Griñó, y de ahí el nombre. Fue todo un éxito: se exportó a medio mundo y muchas marcas copiaron el mecanismo. Sirvió para que generaciones enteras vieran cine por primera vez.
Me hace gracia pensar que todo empezó con aquella visita a una galería y acabó devolviéndome a a aquellas tardes sin tele, cuando bastaba una bombilla y una manivela para imaginar historias, para imaginar a esos gatos que iban al teatro.
¿Alguien más recuerda el NIC? A mí todavía me hace sonreír.
Calle del Pez, 30 Madrid |
Pilar Otano Cabo
Badajoz, marzo de 2026

























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