domingo, 19 de julio de 2026

Frankenstein y el Mundial de Fútbol 2026


Me fascina encontrar noticias que parecen tirar de un hilo invisible y terminan uniendo mundos que, en principio, no tienen absolutamente nada que ver. Basta con seguir ese hilo para descubrir conexiones inesperadas entre la actualidad, la historia y la literatura.


Esta vez, el detonante ha sido el Campeonato del Mundo de Fútbol.



MetLifeStadium. Final Copa Mundial de Fútbol 2026
MetLife Stadium (Imagen: Shutterstock en N. Geographic)

Conviene aclarar -quizás no haga falta- que no soy nada futbolera, aunque viva rodeada de auténticos entusiastas del balón. Sin embargo, me resultó imposible pasar por alto las noticias que llegaban desde Nueva York, donde la preocupación no estaba sólo en el resultado del partido en el que, esta misma noche, las selecciones de Argentina y España se lo juegan todo.


El desasosiego de las autoridades durante el pasado viernes era mayúsculo. La altísima concentración de partículas tóxicas mantenía a Nueva York en alerta —con las mascarillas agotadas en las farmacias y las autoridades recomendando limitar las actividades al aire libre—; situación que se replicaba en gran parte de las ciudades del noreste. ¿Culpable? Los más de ochocientos incendios forestales en Ontario (Canadá), cuya densa neblina había decidido tomar la costa estadounidense.


Puente de Brooklyn, Nueva York. Contaminación por incendios en Canadá.
Puente de Brooklyn en Nueva York (Getty Images en rtve noticias)


Y aquí es donde mi cabeza ha hecho ese extraño clic: ¿qué tiene que ver una crisis ambiental actual con Frankenstein? Pues, curiosamente, bastante.


La noticia me ha llevado inmediatamente a un episodio en el que la atmósfera decidió alterar el rumbo de la historia. En 1815, el volcán Tambora, en Indonesia, protagonizó una de las erupciones más violentas de las que se tiene constancia. La enorme cantidad de cenizas alcanzó la estratosfera, dio la vuelta al planeta y modificó el clima durante meses.


Al año siguiente, en 1816, las cenizas y el polvo viajaron más de 11.000 kilómetros hasta llegar a Europa. El resultado fueron anomalías térmicas, cosechas malogradas, hambruna y una crisis generalizada que pasó a la historia como “el año sin verano”.


Fue precisamente durante ese verano tan desagradable cuando coincidieron en Suiza, junto al lago Lemán, un grupo de jóvenes escritores. Lord Byron, John Polidori, Percy Shelley y Mary Shelley se habían reunido en Villa Diodati con la intención de pasar un verano espléndido, pero el clima —alterado por un volcán situado a casi 12.000 kilómetros— tenía otros planes. Atrapados en la villa por el mal tiempo, pasaban las horas leyendo historias de fantasmas alemanas hasta que Lord Byron lanzó un reto: que cada uno escribiera su propia historia de terror.

Fankenstein o el moderno Prometeo; ALMA, Clásicos Ilustrados


De aquel encierro forzado por una catástrofe natural nacieron dos obras decisivas para la literatura moderna: El vampiro de John Polidori y, por supuesto, Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley. No deja de sorprenderme pensar que un fenómeno natural ocurrido al otro lado del planeta terminara influyendo en la creación de uno de los grandes mitos de nuestra cultura.


Supongo que hoy, en el MetLife Stadium —a unos 600 kilómetros de la zona más crítica en Canadá—, el único reto será ganar un partido de fútbol. Parece que los vientos y las lluvias previstas habrán limpiado la atmósfera a tiempo para el pitido inicial. Aun así, mientras ruede el balón, no podré evitar pensar en la fragilidad de nuestra atmósfera y en cómo, a veces, los cambios en el aire que respiramos terminan transformando no solo el tiempo, sino también nuestra propia historia y nuestra literatura.



Si después de leer esta entrada te apetece seguir tirando del hilo invisible del tiempo y la creación, aquí tienes un par de sugerencias:


La mirada literaria: William OspinaEl año del verano que nunca llegó (2015).


El verano que nunca llegó. William Ospina


La mirada cinematográfica. Es imposible hablar de aquel verano en Villa Diodati sin mencionar Remando al viento, de Gonzalo Suárez (1988).  Su película es, probablemente, la mejor aproximación cinematográfica a ese momento en que el aburrimiento, el genio y el aislamiento dieron origen a uno de los mitos más grandes de nuestra cultura.

Remando al viento, de Gonzalo Suárez (1988)


Pilar Otano Cabo

Badajoz, España, 19 de julio de 2026


sábado, 18 de julio de 2026

Lourdes Murillo y la memoria de las nuestras


La exposición El Tendedero / Archivos Imaginados de Mónica Mayer y Lourdes Murillo en el MEIAC de Badajoz ya terminó (del 9 de abril al 7 de junio de 2026). Sin embargo, hay exposiciones que no acaban cuando se desmontan las salas. Permanecen un tiempo más, instaladas en algún lugar de la memoria. Esta ha sido una de ellas.


La obra de Lourdes vuelve a llevarme, una y otra vez, a las mujeres de mi infancia: mi madre, mis tías, mi abuela. Es curioso cómo el arte, cuando alcanza cierta verdad, es capaz de despertar recuerdos que creíamos dormidos y devolvernos, sin apenas darnos cuenta, a lugares que siguen habitándonos.

Hace algún tiempo escribí en este mismo espacio dos textos dedicados a su trabajo, La poética de Lourdes Murillo en su jardín imposible y Lo indeleble. Creo que ambos me ayudaron a comprender mejor lo que ahora he vuelto a encontrar en esta exposición: una obra donde los recuerdos toman cuerpo en gestos cotidianos, en objetos aparentemente humildes y en silencios compartidos.

Lo indeleble & Jardín imposible, Lourdes Murillo
Otras exposiciones en Badajoz de Lourdes Murillo

En esta ocasión, las piezas de Lourdes dialogaban con El tendedero, de Mónica Mayer (Ciudad de México, 1954), una obra fundamental del arte feminista. Si Mayer convierte un gesto cotidiano en un espacio para hacer visible aquello que tantas veces permanece oculto, Lourdes recorre un camino propio, profundamente personal. Yo, al contemplar sus obras, regreso inevitablemente al taller de modistas de mi familia. Vuelvo a escuchar el sonido de las tijeras, a sentir el calor de la plancha de carbón, el brillo de los alfileres y la delicadeza con la que unas manos expertas transformaban una tela en un vestido.

Taller de Juliana y Clotilde Corchado en Badajoz c. 1945

Hay objetos que poseen una extraordinaria capacidad para despertar la memoria. Me ocurrió al descubrir que Lourdes había incorporado a algunas de sus obras unas cajas de rollos de pianola. Bastó verlas para recordar las historias que tantas veces escuché a mi madre sobre los bailes en la casa familiar durante los años cuarenta, cuando la música llegaba gracias a aquellos rollos mecánicos. Al volver a casa sentí la necesidad de buscarlos. Allí seguían, guardados desde hacía tantos años. Ahora los miro de otra manera: no solo como objetos antiguos, sino como pequeñas cápsulas de memoria.

Archivos imaginados en cajas de  rollos de pianola
¿Qué secretos contienen estas cajas de rollos de pianola...?

Mientras recorría la exposición recordé unas palabras de Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes. Escribe que la mejor herencia que podemos transmitir no son los consejos, sino una pasión por la vida, porque «el amor a la vida engendra amor a la vida». Tal vez sea eso lo que permanece en estos objetos aparentemente insignificantes: los alfileres, la plancha, los rollos de pianola… No son simples recuerdos; son los hilos con los que se ha ido tejiendo nuestra propia historia.

Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg


Lourdes Murillo (Badajoz, 1964), formada en Sevilla y con una trayectoria artística que la ha llevado desde sus primeras intervenciones hasta los trabajos más recientes, posee una rara cualidad: convertir lo íntimo en un territorio compartido. Desde su estudio de Trujillo continúa construyendo una obra que crece sin perder nunca el vínculo con sus raíces, permitiendo que quienes la contemplamos encontremos también las nuestras.

Archivos imaginados, Lourdes Murillo en el MEIAC de Badajoz


La exposición ha terminado. Las luces del museo se han apagado y las obras han emprendido otro camino. Pero algunas permanecen mucho tiempo dentro de nosotros. Esta es una de ellas.

Gracias, Lourdes, por hacerme regresar, una vez más, a las mujeres de mi infancia, esas que siguen sosteniendo, con una discreción admirable, buena parte de lo que soy. Y gracias, también, por tu generosidad al regalarnos a un buen grupo de amigas las visitas a tus exposiciones.


Visita Archivos Imaginados con Lourdes Murillo
Visita a la exposición


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026



miércoles, 8 de julio de 2026

Volver a los páramos de las Brontë


Hace unos años escribí en este blog sobre El hechizo de los páramos en las Brontë, después de visitar Haworth en 2007. Había recorrido entonces los senderos por los que caminaron  Emily, Charlotte y Anne, tratando de entender de qué manera aquel paisaje —áspero, silencioso, abierto al viento— había podido arraigar con tanta fuerza en su literatura. 

La lectura reciente del capítulo "Los páramos ocultos", de Espido Freire, en su libro Guía de lugares que ya no existen (RBA, 2026) me ha hecho regresar mentalmente a aquel viaje. No tanto porque lo muestre de otra manera, sino porque invita a mirarlo con una disposición distinta, más atenta quizá a lo que uno lleva consigo.

Espido Freire: Guía de lugares que ya no existen

Al leer a Espido Freire encuentro una nota de melancolía que me hace reflexionar.  Nos habla de esos lugares que se desvanecen no porque desaparezcan del mapa, sino porque pierden su significado, porque se ocultan a la mirada del viajero moderno. Mientras yo ponía el acento en el paisaje que dio forma a la imaginación de las Brontë, Freire comienza recordándonos que quizá nosotros tampoco hemos abandonado del todo el romanticismo. Seguimos buscando esos lugares donde la naturaleza parece hablar el mismo lenguaje que nuestras emociones. Los páramos no son únicamente una extensión de brezo; representan un estado del alma.

Recuerdo mi llegada a Haworth con una leve extrañeza. El pueblo me pareció cuidado y acogedor, casi amable; parecía muy distinto de la atmósfera inquietante que había imaginado leyendo Cumbres borrascosas. Sin embargo, bastó alejarme unos minutos del bullicio para encontrar ese horizonte abierto donde el viento adquiere protagonismo y el silencio —si es que era silencio—  parecía lleno de algo difícil de nombrar.

Espido Freire señala que muchos viajeros sienten una cierta decepción al llegar a Yorkshire. Esperan un paisaje grandioso y encuentran una naturaleza sobria, casi desnuda. Creo que esa observación explica muy bien la diferencia entre contemplar un lugar y comprenderlo. Los páramos no impresionan por su espectacularidad, sino por su capacidad de sugerencia. Exigen tiempo, silencio y, sobre todo, haber leído a las Brontë.

Quizá ahí reside la verdadera magia de estos lugares. No son únicamente el escenario donde vivieron tres escritoras excepcionales. Son un espacio que la literatura ha transformado para siempre. Después de leer a Emily Brontë, ningún paseo por los páramos vuelve a ser una simple excursión. Cada colina, cada sendero y cada cambio de luz parecen contener un eco de Heathcliff y Catherine.


Blog de Pilar Otano Cabo

Mi antigua entrada hablaba del hechizo de los páramos. Después de leer a Espido Freire, añadiría una idea más: el verdadero páramo no está sólo en Yorkshire. También existe dentro del lector. Es ese territorio donde la memoria de las novelas se mezcla con los lugares que hemos recorrido. Un espacio en el que la geografía y la emoción acaban confundiéndose, como suele ocurrir con los libros que nos acompañan durante mucho tiempo. 


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026





martes, 7 de julio de 2026

El misterio del almacén: una cita pendiente en Jaén



Centro cultural Baños árabes de Jaén
Palacio de Villardompardo, Jaén

Hay rincones que te atrapan no solo por lo que muestran, sino por la historia del lugar que los cobija. Eso me ocurrió en nuestro viaje a Jaén, en la visita al Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén. Ubicado en pleno casco histórico, comparte espacio con la joya de los Baños Árabes en los sótanos del imponente Palacio de Villardompardo, un edificio renacentista del siglo XVI que ya de por sí merece la visita.

 Cruzar sus puertas es adentrarse en un universo colorista y espontáneo; este museo, pionero en España en su especialidad, alberga una colección fascinante de más de 600 obras de artistas nacionales e internacionales. Sus salas están llenas de esa mirada limpia, casi infantil, tan detallista y sin ataduras académicas que define al arte naïf: paisajes rurales vibrantes, escenas costumbristas llenas de vida y una explosión de luz que contrasta con los sobrios muros de piedra del palacio.


Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén


El museo tiene ese encanto particular de las cosas que se guardan con mimo. Recorrí sus salas con la calma que exige el arte naïf, dejándome embaucar por las perspectivas imposibles. Sin embargo, llevaba una intención oculta, mi coartada, muy personal en esta ocasión, una pequeña dosis de misterio familiar. Había leído que entre sus fondos figuraban obras de la pintora navarra naïf María Victoria Otano Lecumberri (San Adrián, 1913- Barcelona 1997). Ya sabéis mi debilidad por las coincidencias: encontrar un apellido como el mío, que no es precisamente de los que uno se cruza en cada esquina, me despertó una tremenda curiosidad; quise seguir el rastro de ese hilo invisible. Así que recorrí las salas con la mirada atenta, buscando esa firma familiar entre la maleza de colores de las paredes.

Para mi sorpresa, tras dar más de una vuelta por cada sala —no exagero— y escudriñar cada pared, la decepción empezó a asomar. No había rastro de ella. Acudí, con la cautela de quien pregunta por un secreto, al personal del museo. Me comentaron, con amabilidad exquisita y con la naturalidad de quien habla de un archivo cotidiano, que efectivamente, en este momento no había ninguna pieza suya en las salas de exhibición y que “suponían” que estarían en el almacén, aguardando pacientemente el turno de alguna futura muestra.


Me quedé un momento pensativa frente otros cuadros, imaginando qué tesoros permanecerán ocultos en esa penumbra de los depósitos, esperando la luz de una sala. Qué curioso es el destino de las obras de arte: a veces, el apellido y la intención no bastan para el encuentro.


Museo de Arte Naïf en Jaén


Me fui de Jaén con esa espinita, con la sensación de haber dejado una tarea a medias. Dicen que el arte, como la vida, siempre tiene una sorpresa reservada para quién sabe esperar. Así que, María Victoria, mi búsqueda no termina aquí; nos quedamos con una cita pendiente para cuando decidan sacar a la luz esos lienzos que guardan, con tu nombre y tu forma de ver el mundo, el misterio del almacén.



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026


martes, 9 de junio de 2026

Parede de Memórias. Arte urbano en Madeira.


Me gustan las sorpresas en mis viajes. No siempre es fácil, por la costumbre de llevarlo todo atado y bien atado; así que sólo tengo que preguntar y buscar. Pero esta vez, en nuestra escapada a mitad de Atlántico, a la isla de Madeira nos topamos con esta curiosidad que ves en la foto y que no estaba prevista.



Parede de Memórias, en Ponta do Sol

Acabábamos de salir de Funchal, su capital, donde teníamos el “campamento base” y en poco más de media hora llegamos Ponta do Sol, un bonito pueblo con su casco histórico junto al mar. Allí nos recibió la “Parede de Memórias”, una de esas intervenciones artísticas y que forma parte de la Ruta de arte urbano en el centro de Ponta do Sol. El gigantesco mural está formado por más de tres mill caras de tamaño real, creadas a partir de los moldes que la autora, la escultora y artista visual madeirense Patrícia Sumares, había hecho a 250 lugareños y visitantes que pasaron por su taller para ser inmortalizados en este enorme panel. 




Tres mil caras en la Parede de Memórias
Tres mil caras en la "Parede de Memórias"



Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal


Cada cara es diferente y todas juntas crean este alto relieve, una pared que quiere representar la memoria, la identidad y la comunidad. Entre las caras vuelan en todas direcciones espejos con forma de aves — guiño a la fauna local— creando un curioso  juego visual de reflejo de la luz.




Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal




Esta Parede de Memórias me ha recordado los gigantescos retratos de los años sesenta que cuelgan en las paredes del pueblo salmantino de Mogarraz, del que ya escribí en otra ocasión. 



Y como siempre me pasa, una cosa me lleva a otra y esta vez estas caras de barro me han traído a la mente una novela que leí hace poco, “Huaco retrato”, en el que la peruana Gabriela Wiener utiliza para su narración una historia de su tatarabuelo huáquero en Perú y su colección de huacos retratos, vasijas que representan rostros indígenas realizados en cerámica en el siglo III, procedentes del norte de Perú . 



Huaco retrato, Gabriela Wiener


Una última curiosidad, en este pueblo, en Ponta do Sol, nació el abuelo del escritor estadounidense John Dos Passos; sí, el de Manhattan Transfer. Así que ya imaginas cómo se llama el Centro Cultural de este bonito pueblo.



Manhattan Transfer- John Dos Passos

Mi Manhattan Transfer de aquella colección de Seix Bárrall, con calendario incluido...;)


Pilar Otano Cabo

Badajoz, junio de 2026















lunes, 1 de junio de 2026

Arte ecológico en Madeira

Bordalo II. El artista que convierte la basura en arte callejero

Paseando por el frente marítimo de Funchal, en Madeira, nos encontramos con una de esas obras que te obligan a detener el paso. Está a pocos metros del museo dedicado a Cristiano Ronaldo —que, por cierto, dejamos atrás sin pensarlo siquiera.


Plastic Mero, de Bordalo II en Madeira (Portugal)
Plastic Mero. Bordalo II y un paseante
 

Resulta difícil no fijarse en ella; a Bordalo II (Lisboa, 1987) lo traía apuntado en mi libreta y andaba con cien ojos para ver si encontraba alguna... Aquí se trata del “Plastic Mero”, una llamativa escultura del artista urbano portugués Bordalo II y que representa un mero, una de las especies marinas más emblemáticas de la isla. Desde 2022, este pez cuenta con protección especial para contribuir a la conservación de la especie.

Lo más interesante de la obra es el material con el que ha sido creada. Bordalo II construyó este enorme pez utilizando precisamente aquello que amenaza su supervivencia: residuos plásticos, redes abandonadas y desechos industriales recuperados de las aguas de Madeira300 kg de basura marina extraída de la campaña de limpieza de 2018.

El resultado es impactante. De cerca se distinguen los fragmentos de basura que forman sus escamas y su cuerpo; de lejos, aparece un magnífico mero que parece surgir del océano. Una manera muy visual de recordarnos hasta qué punto nuestros hábitos de consumo dejan huella en el mar y de invitarnos a reflexionar sobre la contaminación que generamos casi sin darnos cuenta.

Pilar Otano Cabo

Funchal, Madeira (Portugal)

Mayo de 2026



lunes, 16 de marzo de 2026

Héroes de tinta

… una exposición, una galería  y un cine prehistórico


Un par de mañanas en Madrid dan mucho de sí. Sin prisas, solo con la parada del café, que no puede faltar, nos dio tiempo a ver algunas exposiciones.


Héoes de Tinta. Ricardo Martínez
La Fiambrera Art Gallery


Una de ellas estaba en la Calle del Pez. Sí, esa misma donde Mortadelo y Filemón tenían su despacho. Muy apropiado, porque en el número 30 hay una galería que parece salida de un cómic: La Fiambrera Art Gallery. Allí fuimos atraídos por una muestra del dibujante Ricardo Martínez —el de Goomer—, y su mundo de cultura pop. Héroes de tinta se llama, y rinde homenaje a esos personajes del tebeo que nos han hecho soñar desde siempre: el gato Félix, Snoopy, Mortadelo (está en su barrio), Mafalda, Popeye, Carlitos… todos reunidos.


Héroes de Tinta de Ricardo Martínez


Los dibujos son muy chulos, una delicia, hechos con la técnica del scratchboard, que yo desconocía y que allí mismo aprendí que consiste en raspar una láminas cubiertas de escayola pintada de negro hasta sacar el blanco del fondo. Me encantó…


Pero lo mejor fue lo de siempre: que una cosa me llevó a otra. La ilustración del gato Felix me abrió una puerta remota, la de un recuerdo de infancia. En casa teníamos algo parecido a un Cinexin, pero aún mas antiguo —casi prehistórico— con unos gatos como protagonistas.


El gato Félix de Ricardo Martínez

El gato Félix


No sé que fue de aquel proyector de los años 60, pero recordé hasta los detalles: el proyector verde metálico, la manivela, la luz. El sistema estaba basado en la linterna mágica, compuesta de dos cajas metálicas ensambladas, en una de las cuales había una bombilla y un rodillo lateral con la película que había que mover con una manivela. Todo muy manual, nada de darle a un botón o decir “Oye, Siri…”


Proyector NIC, invento de los hermanos NIColau Griñó

Proyector NIC en el Museo Pedagógico de Aragón



Era una NIC, como he descubierto ahora curioseando por Internet. He visto que en algunos museos —en Salamanca y en Zaragoza— los tienen en exposición. El del Museo Pedagógico de Aragón es clavadito al nuestro. Lo inventaron en 1932 unos hermanos de Barcelona, los Nicolau Griñó, y de ahí el nombre. Fue todo un éxito: se exportó a medio mundo y muchas marcas copiaron el mecanismo. Sirvió para que generaciones enteras vieran cine por primera vez.


Me hace gracia pensar que todo empezó con aquella visita a una galería y acabó devolviéndome a a aquellas tardes sin tele, cuando bastaba una bombilla y una manivela para imaginar historias, para imaginar a esos gatos que iban al teatro.


¿Alguien más recuerda el NIC? A mí todavía me hace sonreír.


     


La Fiambrera Art Gallery

Calle del Pez, 30

Madrid


Pilar Otano Cabo

Badajoz, marzo de 2026