CUADERNO DE PUGLIA ● 3
Un encuentro con Vincenzo Schettini
No entramos en aquel patio porque supiéramos que estaba ocurriendo algo importante. Estábamos en Bari, paseando tranquilamente por el Corso Vittorio Emanuele II, la gran avenida que separa Bari Vecchia del Borgo Murattiano, el barrio de amplias calles trazadas en cuadrícula cuya construcción impulsó Joaquín Murat a comienzos del siglo XIX. Lo que llamó nuestra atención fue una de esas antiguas puertas de carruajes que todavía conservan algunos palacios y casas señoriales. La puerta daba acceso a un patio y, dentro, un grupo de personas con cámaras y micrófonos rodeaba a un hombre de llamativos cabellos blancos que hablaba con entusiasmo.
| Vincenzo Schettini en el Teatro Piccinni |
Soy un poco cotilla —aunque quizá quede mejor decir curiosa— y me atraen esas pequeñas casualidades que aparecen durante los viajes. Así que nos acercamos, hicimos unas fotografías y seguimos nuestro camino sin saber quién era aquel señor.
Más tarde, la curiosidad continuó trabajando. Busqué su imagen con Google Lens y apareció un nombre: Vincenzo Schettini, profesor de Física, músico y uno de los divulgadores científicos más populares de Italia. Sin pretenderlo, nos habíamos tropezado en Bari con el creador de La fisica che ci piace.
Estaba allí, en el Teatro Piccinni, para inaugurar el curso escolar de Bari y presentar, en primicia nacional, su nuevo libro, La scuola che verrà. Riflessioni nell’era del cambiamento. El encuentro planteaba cómo educar a una generación crecida entre teléfonos móviles, redes sociales e inteligencia artificial, y defendía la necesidad de hablar de educación también fuera de las aulas.
Al día siguiente, la prensa local puso nombre e imágenes a aquella escena inesperada: la Repubblica Bari publicó un vídeo del encuentro de Schettini con estudiantes y profesores en el Teatro Piccinni.
Al conocer el motivo de aquella entrevista, el azar italiano me devolvió inmediatamente a Badajoz. Mientras Schettini llevaba al escenario de un teatro sus reflexiones sobre la enseñanza y convertía la divulgación científica en espectáculo, aquí Lorenzo Blanco trabaja desde hace años, con un entusiasmo difícil de desalentar, por el Museo Extremeño para la Ciencia y la Tecnología para nuestra región.
Nos apasionan los museos de ciencia y todo lo relacionado con la divulgación científica. Quizá porque en ellos la ciencia deja de parecer una materia reservada a especialistas y se convierte en una experiencia al alcance de cualquiera. Un experimento, una antigua máquina, un microscopio o una sencilla pregunta pueden despertar una curiosidad que no entiende de edades. Un buen museo de ciencia no nos recuerda lo poco que sabemos: nos anima a querer saber más.
Por eso aquel hombre de cabellos blancos con el que nos tropezamos casualmente en Bari no resultó estar tan lejos de nuestros intereses. Schettini en un teatro italiano y Lorenzo Blanco trabajando por un museo en Badajoz parten de una convicción semejante: la ciencia también es cultura y necesita salir de los laboratorios y de las aulas para encontrarse con la gente.
Pilar Otano Cabo
Badajoz, España
Octubre de 2026
























