martes, 18 de agosto de 2026

Lorca, el teatro y los vestidos de mi familia

Hoy se cumplen noventa años del asesinato de Federico García Lorca. Si habéis estado atentos a la prensa, la radio, la televisión o las redes sociales, poco más puedo añadir. Pero hay fechas que, además de devolvernos a la historia, despiertan recuerdos personales, casi íntimos. Y hoy me apetece compartir uno de ellos.

El detonante —siempre hay uno— ha sido Lorca. Bueno, Lorca, Miguel Murillo y Pepa Casado.

En 2017 se representó en el teatro López de Ayala de Badajoz El último amor de Lorca, una obra de Miguel Murillo sobre la relación entre el poeta y el joven crítico de arte Juan Ramírez de Lucas.


El Último amor de Lorca de Miguel Murillo. Estrenada en el Gran Teatro de Cáceres

La propuesta era muy original: el texto dramático se combinaba con poesía, baile y música en directo. Por el escenario pasaban también distintas figuras históricas de aquellos años y, poco a poco, se iba dibujando el ambiente político y social de la Segunda República, con la tragedia acercándose inevitablemente.

¿Y dónde está la parte personal de esta historia?

Pues en el vestuario, que realizó mi buena amiga Pepa Casado. Sus manos hacen magia con todo lo que tocan. Y, en esta ocasión, buena parte de lo que tuvo entre ellas fueron trajes, abrigos y vestidos que yo guardaba de mi madre y que mi madre, a su vez, había conservado de la suya, mi abuela Clotilde.

Ya he hablado en otro lugar de este blog del taller de mi abuela y de mi tía Juliana, y también del de mi madre, Isaína, a quien muchos de vosotros conocisteis.

Así que aquí esta menda, que lo guarda todo, y Pepa Casado, que sabe hacer maravillas con lo que encuentra, formamos sin saberlo la combinación perfecta. Gracias a ella, aquellas prendas familiares regresaron a la vida y ayudaron a construir el vestuario de El último amor de Lorca.

                 

El último amor de Lorca, de Miguel Murillo


Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: durante la representación no pude dejar de ver, detrás de cada traje y de cada abrigo, a las mujeres de mi familia. Mujeres que bien podrían haber caminado por cualquiera de las escenas que Miguel Murillo nos regaló aquella noche.

De pronto, ya no estaba viendo solamente una obra sobre Lorca. También estaba viendo una parte de nuestra propia historia familiar sobre el escenario.

¡Larga vida al teatro!

Y sigamos leyendo, representando y recordando a Federico.

Pieza del vestuario de El último amor de Lorca


Diseños de vestuario de El último amor de Lorca
Uno de los diseños de Pepa Casado

Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

18 de agosto de 2026