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martes, 11 de agosto de 2026

Lord Byron, un grafitero en el cabo Sounion


Aquella tarde de marzo de 2023, nuestros amigos griegos en Atenas propusieron otro plan interesante: Cabo Sounion, para ver su famosa puesta de sol desde el deslumbrante Templo de Poseidón.


Templo de Poseidón, en el Cabo Sounion de Grecia
Templo de Poseidón en el Cabo Sounion de Grecia

Nos pusimos en marcha hacia el extremo sur del Ática. Hay poco más de setenta kilómetros desde Atenas, pero se tarda más de una hora. La carretera ya merece el viaje: una de esas carreteras costeras llenas de curvas, pegadas al vacío, con el inmenso mar Egeo apareciendo y desapareciendo y cambiando de color a cada momento.


Imagino allá abajo en los lugares sofisticados de la llamada “Riviera ateniense”, hoteles estupendos, playas privadas y celebridades con mucho glamour. Pero nosotros teníamos otro plan mejor, para mí bastante mejor: subir hasta aquel promontorio y descubrir otra maravilla de esa Grecia increíble.


Poco más recuerdo de la carretera y casi me siento aliviada reconocerlo porque Julio Cortázar escribió un relato titulado Acerca de la manera de viajar de Atenas a Cabo Sunion en el que habla, precisamente, de la fragilidad de la memoria y de lo poco que a veces queda de los viajes que creemos recordar perfectamente.


Dicen que no hay que ir al cabo Sounion en verano por la cantidad de gente que lo visita. En realidad, ese consejo ha perdido bastante sentido: ahora hay gente, mucha gente, en todas partes y en cualquier época del año. 


También la había aquella tarde de marzo.


Y no me parece necesariamente mal. Será eso que llamamos «democratización del turismo»: que todos tengamos la oportunidad de viajar, esa actividad tan necesaria que abre la mente, ensancha los pensamientos y, de paso, nos obliga a compartir las mejores puestas de sol con unas cuantas decenas de desconocidos.


A mí, la gente no me impidió asombrarme una vez más.


El Templo de Poseidón está encaramado sobre un acantilado a unos sesenta metros sobre el mar. Sus columnas de mármol parecían el esqueleto de algo gigantesco que llevara siglos desafiando al mar Egeo. Y, naturalmente, aquel lugar empieza enseguida a contarte historias de dioses, héroes, barcos y  mitos antiguos.


Pero también cuenta historias algo menos antiguas, como la de Lord Byron, grafitero. Sabíamos de la fascinación del poeta por Grecia y por este lugar en particular. Nos lo recordó incluso un poema suyo colocado bien visible junto a la entrada:

Place me on Sunium’s marbled steep,

Where nothing, save the waves and I,

May hear our mutual murmurs sweep;

There, swan-like, let me sing and die:

A land of slaves shall ne’er be mine—

Dash down you yon cup of Samian wine!

Poema de Lord Byron hablando de Sounion
Poema colocado en la taquilla de la entrada al recinto
Colocadme en la pendiente marmórea de Sunio, 
donde nada, salvo las olas y yo, 
oigamos pasar nuestros mutuos murmullos;
allí, como el cisne, dejadme cantar y morir:
una tierra de esclavos nunca será la mía:

¡Haced añicos lejos la copa de vino de Samos!

De Las Islas de Grecia (Canto tercero) en Don Juan


Byron llegó por primera vez a Grecia en 1809, con apenas 21 años, durante aquel famoso Grand Tour que los jóvenes británicos de buena familia emprendían para completar su educación. Algo así como el Erasmus o el Interrail de los niños bien del siglo XIX, aunque con criados, caballos y bastante más tiempo disponible.


Recorrió Portugal, España, Malta, Albania, Grecia y otros territorios del Mediterráneo. Y el componente mítico, clásico y romántico que envolvía el mundo griego tuvo que atraer poderosamente a alguien como él.


Byron visitó Sounion durante aquel primer viaje. Y allí hizo algo que hoy nos resultaría bastante menos romántico: grabó su nombre en una de las columnas del Templo de Poseidón.


Byron


Byron grafitero en el Templo de Poseidón
Grafiti de Lord Byron en una de las piedras del Templo de Poseidón

Y ahí sigue. O, al menos, se atribuye a él aquella inscripción. Y yo no puedo evitar pensar que, si un turista hiciera hoy lo mismo, difícilmente hablaríamos de romanticismo inglés. Estaríamos hablando de vandalismo y pediríamos que apareciera inmediatamente el vigilante. Bueno, hoy sería difícil porque uno de esos cordones de seguridad que protegen las obras de arte impiden al público acercarse demasiado.


Pero han pasado doscientos años, el grafitero era Lord Byron y es cierto que las cosas antiguas adquieren una respetabilidad que sorprende.


No sería aquella su última relación con Grecia. Años más tarde regresó para implicarse de lleno en la Guerra de la Independencia griega contra el Imperio Otomano. Murió en Missolonghi en 1824 y terminó convirtiéndose en héroe nacional para los griegos.


Pero esa es otra historia y habrá que contarla otro día, porque yo había empezado hablando de una puesta de sol y como siempre una cosa me lleva a otra, ya me he ido hasta la independencia de Grecia.


A eso habíamos ido a cabo Sounion: a ver ponerse el sol.


Y el panorama era realmente espectacular.


Atardecer en el Cabo Sounion a través del Templo de Poseidón

He visto muchas puestas de sol—¿quién no?, las de Badajoz sobre el Guadiana son espectaculares—, pero contemplar el horizonte a través de aquellas columnas y ver cómo el sol iba desapareciendo sobre el Egeo fue una experiencia difícil de olvidar.


Sentada en las piedras que rodean el templo, mientras la luz iba cambiando el color del mármol y del mar, era casi inevitable sentirse dentro de alguna de aquellas historias mitológicas. Sólo faltaba distinguir, allá a lo lejos, unas velas blancas.

Templo de Poseidón en el Cabo Sounion de Gracia

Por si te apetece echar un vistazo a mis lecturas:


Byron, George Gordon (2010). Cartas y poesías mediterráneas. Edición y traducción de Agustín Coletes Blanco, Oviedo, KRK ediciones.


Byron, George Gordon (2024). Don Juan. Traducción de Andreu Jaume Enseñat, Madrid,  Penguin Clásicos


Byron, George Gordon (2006). Poemas escogidos. Traducción de José María Martín Triana, Madrid, Visor Libros. 


Cortázar, Julio (1992). “Acerca de la manera de viajar de Atenas a Cabo Sunion”, en La vuelta al día en ochenta mundos. Tomo 1, México, Siglo XXI, pp 95-100.


O'Brien, Edna (2024). Byron in love. Madrid. Editorial Cabaret Voltaire. Traducción de Amado Diéguez.



Lecturas de Byron y Cortázar en Grecia
Agradecida a la Biblioteca Pública de Badajoz

Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

Agosto de 2026


viernes, 24 de marzo de 2023

Algo más que un hotel en Atenas

Cuando preparo un viaje, acudo a algunos escritores de cabecera que nunca fallan. En este caso, en nuestra escapada griega de 2023, Manu Leguineche me había contado al oído historias fabulosas del Hotel Grande Bretagne, en Atenas.


El hotel no está en absoluto adecuado a nuestro presupuesto, pero la historia que encierran sus paredes es muy interesante porque son, al tiempo, pequeñas historias e Historia con H mayúscula. Así que ¡había que ir!


Hotel Grande Bretagne en la Plaza Syntagma de Atenas
Hotel Grande Bretagne
 Plaza Syntagma de Atenas

Leyendo esas páginas de Hotel Nirvana. La vuelta a Europa por los hoteles míticos y sus historias he aprendido algo más sobre Grecia. Dice Manuel Leguineche que aquí han nacido y caído gobiernos; y por el Grande Bretagne han pasado demócratas y dictadores, estadistas y aventureros. Los periodistas, si pegaban la hebra y aguzaban el oído, encontraban noticias jugosas que enviar a sus periódicos. Nido de espías, ha vivido la ocupación nazi y ha acogido refugiados de alto standing bajo la protección de las tropas británicas. Allí se han celebrado bodas y entierros muy reales. El Grande Bretagne era terreno neutral, algo por encima de los partidos. Leguineche dice que es algo más que un hotel.


Pues a lo que iba. Con estos mimbres lectores, íbamos un domingo de marzo a “intentar” entrar en el hotel. Son estrictos a la hora de permitir el paso a los turistas/mirones, pero había que intentarlo. No pretendía tomar el sofisticado coctel Grande Bretagne, claro: angostura, una tercera parte de ginebra, dos terceras partes de aguardiente de albaricoque y una gota de jugo de limón. Pero, al menos, un cafelito.


Pero no pudimos ni intentarlo. El hotel estaba casi blindado. Una vez más, el Grande Bretagne estaba siendo testigo de la historia de Grecia. El terrible choque de trenes ocurrido unos días antes había llevado a los griegos a la indignación total y a masivas protestas por todo el país. En Atenas, la Plaza Syntagma es la que acoge siempre las manifestaciones y aquí, justo, es donde está nuestro protagonista. Así que lo único que conseguimos fue respirar el humo que los antidisturbios emplearon para disuadir a los rezagados de la protesta. Aunque he de decir que hemos visto unas pocas de manifestaciones esos días tanto en Atenas como en distintas ciudades griegas y todas han sido muy pacíficas.



Manifestación en la Plaza Syntagma de Atenas
Manifestación en Patras (Grecia) por el choque de trenes


En fin, que ante esa tesitura pensé en una mujer que fue asidua del hotel, la gran Melina Merkouri. Así que aquí ando, a ver alguna de sus películas que, por cierto, están en YouTube. Empezaré por Nunca en domingo (1960) para escuchar el clásico Los chicos del Pireo.




El Grande Bretagne ha visto discurrir por sus salones la historia moderna de Grecia al lado de Syntagma, la plaza de las tres mil sillas, junto al palacio real. El edificio ocupa un amplio chaflán de la plaza, con sus balaustradas policromas de hierro forjado. Es el ágora, con sus sillas y sus quioscos, una institución griega, ese quiosco cajón de sastre en el que el viajero puede encontrar de todo.

                                                                                                   Hotel Nirvana

                                                                                                            Manuel Leguineche (1999)



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España) 

marzo 2023