Mostrando entradas con la etiqueta Madeira. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madeira. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de agosto de 2026

Mary Welsh, Hemingway y los carros de mimbre de Madeira


Cuando estaba preparando nuestro viaje a Madeira, en mayo de este 2026, los famosos carrinhos de cesto aparecían en todas partes como uno de los imprescindibles de la isla. Son un clásico, una de esas imágenes que funcionan casi como tarjeta de visita de Funchal, su capital.

Estos curiosos carros de mimbre comenzaron a utilizarse en el siglo XIX como medio de transporte entre Monte y la ciudad. Ahora se han convertido en una atracción turística en toda regla. Se sube desde Funchal hasta Monte en el impresionante teleférico y después una se deja caer carretera abajo dentro de una especie de trineo de mimbre hasta Livramento.

Carreiros do Monte hasta Livramento
Carreiros do Monte 

Los carros se deslizan sobre patines de madera y son conducidos por dos carreiros, vestidos de blanco y con sus típicos sombreros de paja. No necesitan gimnasio estos chicos, desde luego. Corren, empujan, maniobran y frenan con sus propias botas mientras el artefacto se lanza cuesta abajo durante casi dos kilómetros.

En fin, que, después de ver en qué consistía el asunto, yo había decidido que ni por asomo iba a montarme en semejante cacharro.

Pero seguí buscando información sobre Madeira —ya sabéis que no puedo preparar un viaje sin averiguar qué escritores han pasado antes por allí— y, ¡oh, sorpresa!, me encontré con Hemingway. Al parecer, el escritor había visitado la isla en junio de 1954 y había bajado desde Monte en uno de aquellos carros.

Mi razonamiento fue inmediato y, desde luego, irrebatible: si aquel buen señor, con su estatura, su peso y su considerable volumen, había conseguido encajarse en un cesto y lanzarse montaña abajo, ¿por qué no iba a hacerlo yo?

Dicho y hecho. Fue una de las primeras cosas que hicimos al llegar a Funchal: tomar el teleférico, subir hasta Monte, guardar la cola reglamentaria y acomodarnos en el carro. Y bajamos. Con la sensación de que aquello corría mucho más de lo que parecía en los vídeos.

Mereció muchísimo la pena.

Pero la historia no acabó allí. Al volver del viaje continué buscando y descubrí que Hemingway y su esposa, Mary Welsh, habían llegado a Funchal el 15 de junio de 1954 a bordo del transatlántico italiano Francesco Morosini, que hacía una breve escala en su viaje desde Génova hacia La Habana.

Al día siguiente, el Diário de Notícias de Madeira publicó una supuesta entrevista con el futuro Premio Nobel. En ella, Hemingway afirmaba haber subido a Monte y descendido en uno de los carros del país. De ahí debe de proceder la historia que yo había leído antes del viaje. 

Diário de Notícias, Funchal, 16 junio 1954
Entrevista a Hemingway en Diário de Notícias de Funchal
el 16 de junio de 1954 (1)

Sin embargo, parece que las cosas no sucedieron exactamente así.

Hemingway no dejó ningún relato de aquella escala. Quien sí lo hizo fue Mary Welsh en sus memorias, How It Was, publicadas en 1976. Mary cuenta que bajó en el carro de mimbre acompañada por el capitán del barco, después de probar el vino de Madeira y visitar en Monte la iglesia donde está enterrado Carlos I, último emperador de Austria. 

De Ernest no dice nada.

Años después, el profesor George Monteiro, especialista en Hemingway y en las relaciones entre las literaturas estadounidense y portuguesa, investigó aquella breve escala en Madeira. Al comparar la noticia publicada por el Diário de Notícias con las memorias de Mary Welsh, encontró varias contradicciones. Todo indica que quien bajó en el carro fue Mary, acompañada por el capitán del barco, mientras Hemingway probablemente permaneció a bordo. Así que yo me monté animada por Hemingway y he terminado descubriendo que mi verdadera precursora había sido su mujer. 

Y eso me gusta bastante más.

Porque Mary Welsh no fue solamente la cuarta esposa del escritor —la última, porque él murió antes; nunca se sabe qué habría pasado de haber vivido más años—, antes de conocerlo ya era una periodista con una trayectoria extraordinaria.

Había nacido en Minnesota en 1908 y muy pronto decidió escapar de la vida que parecía reservada para una muchacha de su época. Comenzó trabajando en el Chicago Daily News y después consiguió dar el salto a Europa para escribir en el londinense Daily Express.

Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para la revista Time. Informó desde Londres durante los bombardeos alemanes, escribió sobre las consecuencias de la guerra en la población, realizó emisiones para la BBC y fue la primera mujer acreditada por la Royal Air Force y, más tarde, por el ejército estadounidense, con rango equivalente al de capitán.


Mary Welsh con uniforme de corresponsal de guerra.

Mary Welsh con uniforme de corresponsal de guerra. Fotógrafo desconocido. Ernest Hemingway Photograph Collection, John F. Kennedy Presidential Library and Museum (EH 8056P). Fuente: Montecristo Magazine, 8 de junio de 2022.


Además, se movía como pez en el agua entre militares, políticos, periodistas e intelectuales. Conocía a Eisenhower, trataba a personas cercanas a Churchill y parecía enterarse de todo lo que sucedía en aquel Londres en guerra.

Y entonces apareció Hemingway.

Se conocieron en 1944, cuando ambos cubrían la guerra y ambos estaban casados con otras personas. Hemingway quedó deslumbrado por ella y, según cuentan, le pidió matrimonio a la tercera vez que se vieron. Finalmente se casaron en Cuba en 1946 y se instalaron en Finca Vigía.

Y ahí, en buena medida, se acabó el periodismo.

Mary abandonó su carrera y pasó a organizar la complicada vida doméstica, literaria y social de Hemingway. Leía sus manuscritos, los mecanografiaba, hacía sugerencias, atendía a los invitados y procuraba mantener en pie un mundo sometido al carácter imprevisible —por decirlo suavemente— del escritor.

Eso sí, viajaron mucho. Y entre aquellos viajes estuvo el que los llevó hasta Madeira y que, tantos años después, ha terminado trayéndome a mí hasta Mary Welsh.

Tras el suicidio de Hemingway en 1961, Mary asumió el papel de viuda oficial y guardiana de su memoria. Fue su albacea literaria, organizó sus manuscritos y supervisó la publicación de buena parte de su obra póstuma. También intervino en las negociaciones con Fidel Castro para recuperar y conservar los documentos y pertenencias que habían quedado en Finca Vigía después de la Revolución cubana.

Durante años permaneció bajo la larguísima sombra de su marido. Pero sus memorias, How It Was, y la biografía de Timothy Christian, Hemingway’s Widow: The Life and Legacy of Mary Welsh Hemingway, permiten descubrir a una mujer brillante, contradictoria y compleja, con una personalidad mucho más arrolladora de lo que su condición de «viuda de» podría hacernos pensar.

Es curioso lo que me sucede con frecuencia: una cosa me lleva a otra y casi siempre termino leyendo algún libro.


How it was & Hemingway's widow


En este caso, un carro de mimbre me llevó hasta Hemingway. Hemingway me llevó hasta Mary Welsh. Y Mary ha terminado entrando, por méritos propios, en mi particular lista de mujeres alrededor del mundo.

Aunque, pensándolo bien, quizá debería darle las gracias también por haberme ayudado a subir a aquel cacharro. Porque ahora sé que no seguí los pasos de Hemingway.

Seguí los de ella.


(1) O meu agradecimento ao Diário de Notícias de Madeira e, muito especialmente, a Jessica Jesus, Gestora de Circulação, pela amabilidade e disponibilidade em me facultar uma cópia da página do jornal que reproduzo nesta entrada.


Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

Agosto de 2026



martes, 9 de junio de 2026

Parede de Memórias. Arte urbano en Madeira.


Me gustan las sorpresas en mis viajes. No siempre es fácil, por la costumbre de llevarlo todo atado y bien atado; así que sólo tengo que preguntar y buscar. Pero esta vez, en nuestra escapada a mitad de Atlántico, a la isla de Madeira nos topamos con esta curiosidad que ves en la foto y que no estaba prevista.



Parede de Memórias, en Ponta do Sol

Acabábamos de salir de Funchal, su capital, donde teníamos el “campamento base” y en poco más de media hora llegamos Ponta do Sol, un bonito pueblo con su casco histórico junto al mar. Allí nos recibió la “Parede de Memórias”, una de esas intervenciones artísticas y que forma parte de la Ruta de arte urbano en el centro de Ponta do Sol. El gigantesco mural está formado por más de tres mill caras de tamaño real, creadas a partir de los moldes que la autora, la escultora y artista visual madeirense Patrícia Sumares, había hecho a 250 lugareños y visitantes que pasaron por su taller para ser inmortalizados en este enorme panel. 




Tres mil caras en la Parede de Memórias
Tres mil caras en la "Parede de Memórias"



Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal


Cada cara es diferente y todas juntas crean este alto relieve, una pared que quiere representar la memoria, la identidad y la comunidad. Entre las caras vuelan en todas direcciones espejos con forma de aves — guiño a la fauna local— creando un curioso  juego visual de reflejo de la luz.




Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal




Esta Parede de Memórias me ha recordado los gigantescos retratos de los años sesenta que cuelgan en las paredes del pueblo salmantino de Mogarraz, del que ya escribí en otra ocasión. 



Y como siempre me pasa, una cosa me lleva a otra y esta vez estas caras de barro me han traído a la mente una novela que leí hace poco, “Huaco retrato”, en el que la peruana Gabriela Wiener utiliza para su narración una historia de su tatarabuelo huáquero en Perú y su colección de huacos retratos, vasijas que representan rostros indígenas realizados en cerámica en el siglo III, procedentes del norte de Perú . 



Huaco retrato, Gabriela Wiener


Una última curiosidad, en este pueblo, en Ponta do Sol, nació el abuelo del escritor estadounidense John Dos Passos; sí, el de Manhattan Transfer. Así que ya imaginas cómo se llama el Centro Cultural de este bonito pueblo.



Manhattan Transfer- John Dos Passos

Mi Manhattan Transfer de aquella colección de Seix Bárrall, con calendario incluido...;)


Pilar Otano Cabo

Badajoz, junio de 2026