Mostrando entradas con la etiqueta Curiosidades de mis viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Curiosidades de mis viajes. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de junio de 2026

Parede de Memórias. Arte urbano en Madeira.


Me gustan las sorpresas en mis viajes. No siempre es fácil, por la costumbre de llevarlo todo atado y bien atado; así que sólo tengo que preguntar y buscar. Pero esta vez, en nuestra escapada a mitad de Atlántico, a la isla de Madeira nos topamos con esta curiosidad que ves en la foto y que no estaba prevista.



Parede de Memórias, en Ponta do Sol

Acabábamos de salir de Funchal, su capital, donde teníamos el “campamento base” y en poco más de media hora llegamos Ponta do Sol, un bonito pueblo con su casco histórico junto al mar. Allí nos recibió la “Parede de Memórias”, una de esas intervenciones artísticas y que forma parte de la Ruta de arte urbano en el centro de Ponta do Sol. El gigantesco mural está formado por más de tres mill caras de tamaño real, creadas a partir de los moldes que la autora, la escultora y artista visual madeirense Patrícia Sumares, había hecho a 250 lugareños y visitantes que pasaron por su taller para ser inmortalizados en este enorme panel. 




Tres mil caras en la Parede de Memórias
Tres mil caras en la "Parede de Memórias"



Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal


Cada cara es diferente y todas juntas crean este alto relieve, una pared que quiere representar la memoria, la identidad y la comunidad. Entre las caras vuelan en todas direcciones espejos con forma de aves — guiño a la fauna local— creando un curioso  juego visual de reflejo de la luz.




Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal




Esta Parede de Memórias me ha recordado los gigantescos retratos de los años sesenta que cuelgan en las paredes del pueblo salmantino de Mogarraz, del que ya escribí en otra ocasión. 



Y como siempre me pasa, una cosa me lleva a otra y esta vez estas caras de barro me han traído a la mente una novela que leí hace poco, “Huaco retrato”, en el que la peruana Gabriela Wiener utiliza para su narración una historia de su tatarabuelo huáquero en Perú y su colección de huacos retratos, vasijas que representan rostros indígenas realizados en cerámica en el siglo III, procedentes del norte de Perú . 



Huaco retrato, Gabriela Wiener


Una última curiosidad, en este pueblo, en Ponta do Sol, nació el abuelo del escritor estadounidense John Dos Passos; sí, el de Manhattan Transfer. Así que ya imaginas cómo se llama el Centro Cultural de este bonito pueblo.



Manhattan Transfer- John Dos Passos

Mi Manhattan Transfer de aquella colección de Seix Bárrall, con calendario incluido...;)


Pilar Otano Cabo

Badajoz, junio de 2026















lunes, 1 de junio de 2026

Arte ecológico en Madeira

Bordalo II. El artista que convierte la basura en arte callejero

Paseando por el frente marítimo de Funchal, en Madeira, nos encontramos con una de esas obras que te obligan a detener el paso. Está a pocos metros del museo dedicado a Cristiano Ronaldo —que, por cierto, dejamos atrás sin pensarlo siquiera.


Plastic Mero, de Bordalo II en Madeira (Portugal)
Plastic Mero. Bordalo II y un paseante
 

Resulta difícil no fijarse en ella; a Bordalo II (Lisboa, 1987) lo traía apuntado en mi libreta y andaba con cien ojos para ver si encontraba alguna... Aquí se trata del “Plastic Mero”, una llamativa escultura del artista urbano portugués Bordalo II y que representa un mero, una de las especies marinas más emblemáticas de la isla. Desde 2022, este pez cuenta con protección especial para contribuir a la conservación de la especie.

Lo más interesante de la obra es el material con el que ha sido creada. Bordalo II construyó este enorme pez utilizando precisamente aquello que amenaza su supervivencia: residuos plásticos, redes abandonadas y desechos industriales recuperados de las aguas de Madeira300 kg de basura marina extraída de la campaña de limpieza de 2018.

El resultado es impactante. De cerca se distinguen los fragmentos de basura que forman sus escamas y su cuerpo; de lejos, aparece un magnífico mero que parece surgir del océano. Una manera muy visual de recordarnos hasta qué punto nuestros hábitos de consumo dejan huella en el mar y de invitarnos a reflexionar sobre la contaminación que generamos casi sin darnos cuenta.

Pilar Otano Cabo

Funchal, Madeira (Portugal)

Mayo de 2026



viernes, 21 de noviembre de 2025

La Gran Plaza de Bruselas

...y Victor Hugo


Entrar en una plaza emblemática, como la Gran Plaza de Bruselas, siempre impresiona. Tenía un vago recuerdo de nuestra visita anterior, hace por lo menos treinta años. Una imagen algo desdibujada, pero aclarada por las imágenes coloridas de esa alfombra de flores que la cubre cada dos años en el mes de agosto y que hemos visto decenas de veces en la tele. Un espectáculo artístico tan bello como efímero.




Pues bien, esta vez al acceder a la Gran Plaza no había begonias, sólo decenas de turistas como nosotros con sus cámaras. Siempre me gusta colocarme en el centro de las plazas y girarme para abarcarlo todo de una sola mirada, como la función panorámica de mi iPhone; la plaza entera en un solo gesto. Y allí, en esa tarde inusualmente soleada de noviembre, las fachadas barrocas y góticas me miraban y parecían querer contarme todos los secretos de los antiguos gremios y mercaderes que la habitaron, ajenos al bullicio de los visitantes. Por fin, me detengo bajo la altísima torre del Ayuntamiento, que parece desafiar al cielo. Y quiero imaginar a una feliz pareja de recién casados, que acaban de dar el “sí, quiero” en este bello lugar. 


Ayuntamiento de Bruselas en la Gran Plaza


No he podido evitar recordar la Plaza Roja de Moscú. Allí todo era más solemne; sus edificios, que habían sido testigos de terribles episodios que estremecieron el mundo, imponen respeto. Es el peso de la historia, de siglos y de tragedias. Aquí, sin embargo, en este corazón comercial y administrativo que fue, y que sigue siendo, la historia se disuelve en la vida cotidiana. Los turistas nos lanzamos a las tiendas en las calles que rodean la plaza, a comprar muñequinos en la Boutique Tintin o chocolate en la Neuhaus. O a cenar en un lugar típico, como La Rose Blanche. Y al salir, la luz de la tarde se había coloreado, vistiendo de fiesta los elegantes edificios. 



Ayuntamiento de Bruselas en la Gran Plaza


Pero ya sabéis quienes os asomáis por aquí de vez en cuando, que me gusta encontrar coartadas literarias en mis viajes. Y no iba a ser menos en Bruselas. Además, son palabras mayores: Victor Hugo y su relación con la Gran Plaza de Bruselas. 


Victor Hugo, bajo el falso nombre de Jackes Firmin Lanvin, vivió en esta plaza durante los quinientos días que estuvo exilado, cuando  se convirtiera en feroz enemigo de Napoleon III. En una anterior visita, en 1937,  durante un viaje que contó en su texto "En voyage, France et Belgique" describe la plaza con gran entusiasmo, "es una maravilla" y del ayuntamiento dice que es "una joya, una deslumbrante fantasía soñada por un poeta y realizada por un arquitecto ... no hay una fachada que no sea una fecha, un disfraz, una estrofa, una obra de arte. Hubiera deseado dibujarlas todas una tras otra".


Victor Hugo, "En voyage. France Belgique" 1935


Y durante su exilio (1851-1852), fue en la Gran Plaza donde terminó de escribir esa obra maestra que es Los Miserables. Su amante, Juliette Drouet, le había seguido a los pocos días, llevando en su equipaje el manuscrito de Los Miserables, que sería publicado diez años después en la ciudad de Bruselas. 


Les Mirerables, de Victor Hugo Bruselas,  1863



Y en 2012, al cumplirse los 150 años de esa publicación, en Bruselas tiraron la casa por la ventana con decenas de eventos conmemorativos. Si tienes curiosidad, aquí hay un enlace al resumen de todas ellas.



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España), noviembre de 2025

jueves, 8 de septiembre de 2022

Carambola lectora en Estocolmo

La serie Bergman


Mi amiga Mavy Pajuelo estaba detrás de mí desde hacía ya casi dos años para que leyera la serie de novelas que tienen como protagonista al psiquiatra criminal sueco Sebastian Bergman. Entonces, por lo que sea, no estaba muy motivada, pero lo recordé hace unas semanas y me puse a ello. Adictivas y muy recomendables. Eso sí, para quien le guste este género, entre las que me incluyo. Estas están muy bien escritas, con tramas que recorren los problemas de la sociedad del momento —como debe tener toda buena policíaca que se precie— y con unos secundarios maravillosos. 


Ya las había empezado cuando decidimos que el viaje de este agosto de 2022 iba a ser a Suecia, así que ¡clavado! Cuando llegamos a Estocolmo estaba terminando la número cuatro de la serie y ya había decidido dejar las tres restantes para más adelante, porque lectura sueca llevaba para dar y regalar. Eso sí, llevaba anotada la “supuesta” dirección en la que vivía nuestro personaje, el tal Sebastian Bergman, el nº 18 de Greg Magnigatan. Allá que fuimos, dando un poquito de rodeo la mañana en la que íbamos a visitar el Museo del barco Vasa, una especie de Titanic sueco. Misión cumplida.


Nº 18 de Greg Magnigatan 

Pero… como todas las novelas de la serie tienen un final sorprendente que te incita a comenzar la siguiente, fue eso, exactamente lo que me ocurrió. Y en los días que anduvimos recorriendo el centro de Suecia hasta llegar a Gotemburgo combinaba lecturas, siempre echando mano de la novela número cinco, Castigos justificados

Y aquí viene una de esas carambolas que me suelen suceder en los viajes … ¿Me buscan? ¿Las busco? No sé, la cosa es que aparecen y me encanta.


Pues bien, a la vuelta a Estocolmo, leyendo en el hotel las páginas finales de Castigos justificados, me doy cuenta de que en una trepidante escena final, nuestro personaje al volante de un Audi negro hace un peligroso recorrido justo alrededor de nuestro hotel. Desde nuestra ventana veía el Waterfront, un centro de Congresos espectacular, desde donde sale el vehículo.  Lo veo  —bueno, lo imagino— recorrer la calle Klarabergsgatan. Rodea el hotel porque es imposible seguir por la Klarabergsgatan, la enorme avenida donde están los grandes almacenes Åtlhéns —como nuestro El Corte Inglés— y la plaza Sergels Torg  —que tiene un pinganillo/monotito que se ilumina de noche—. La Estación Central, la Klara Kyrka y por fin, la ensenada de Riddarfjärden. Casi todo a la vista desde nuestra ventana. ¿Una tontuna de las mías? ¡Pues sí! Pero adoro todas ellas. Así que el último paseo antes de la vuelta a casa fueron cada uno de esos lugares que había visto desde una novena planta.


Waterfront, Palacio de Congresos en Estocolmo
junto a la ensenada  Riddarfjärden


Y en mi manía de preguntar en las librerías, pregunté por esta saga y en una de ellas me mostraron la más reciente, la número siete. En sueco, claro. Pero cometí el error de hacer foto a la contraportada y ponerla en el traductor de Google. Al ver el giro que había dado la historia, me vi “obligada” a leerla. En español, por supuesto. Aquí ando ahora, dando buena cuenta de Verdades enterradas.


Verdades enterradas (Som man sär)
                                                                    Serie Bregman nº 7


Una última curiosidad, los autores —Hjorth & Rosenfeldt—, son guionistas de series televisivas. El primero, Michael Hjorth, de Los crímenes de Fjällbacka, de Camila Läckberg, y algunos capítulos de la versión sueca de Wallander, de Henning Mankell. 


Las otras dos manos de la saga son de Hans Rosenfeldt, guionista de una interesante serie, El puente —Bron/Broen—, que está ambientada entre Malmö y Copenhague. Luego la copiaron en Estados Unidos, The Bridge, y en Francia, The Tunnel


Pilar Otano Cabo

Agosto 2022


sábado, 2 de noviembre de 2019

México 1 - Halloween 0


Tradiciones mexicanas. Día de Muertos

Gran suerte fue la nuestra por haber podido visitar México por estas fechas del Día de Muertos. Sencillamente me impresionó y disfruté aprendiendo de esta tradición entrañable. Y como todos los años por estas fechas, Halloween es el tema de conversación en los cafés y  motivo de escritura en la prensa, yo voy a hacer lo propio. Y que vaya por delante que me gusta más la fiesta mexicana. 

Concurso de Ofrendas en el Centro Histórico de la Ciudad de México
Concurso de ofrendas "Conmemora a tus muertos" 

 En aquel viaje, busqué con ahínco algún atisbo de Halloween en medio de todo aquel tremendo barullo que era la Ciudad de México. Y no lo encontré. 

Encontré altares, ofrendas, pan de muertos y calaveritas de azúcar

Aunque parezca un contrasentido, la fiesta del Día de Muertos de México es una costumbre amable y lúdica en la que se celebra la vida. Es un ritual de color lleno de símbolos. Todos se preparan para recibir las almas de los que se fueron para reunirse con ellos durante un rato. ¿A qué impresiona? A mí me impresionó. Me pudo parecer folklórico ver las calles con los altares y las ofrendas; también en los bares, restaurantes y tiendas; en las escuelas, las bibliotecas, la universidad… Pero cuando una amiga me contó como en su casa, como en casi todas las casas, una habitación se dedicaba estos días al altar de sus difuntos, entonces fue cuando pensé que esto era serio de verdad. Que no era sólo fiesta. 

Concurso de alfombras de sal en un plantel de CDMX
Todo el Centro de Secundaria volcado en las actividades del Día de Muertos

Hay alegría y respeto en esta mezcla de tradiciones aztecas, mayas y cristianas que dan un sentido diferente a la fiesta. Mientras que en Halloween hay algo de macabro, atroz y violento, en el Día de Muertos mexicano hay color, hay tradiciones, hay comida y bebida y, sobre todo, hay reencuentro. Aunque no es mexicano, Tim Burton en su película “La novia cadáver” acierta en esta idea de reencuentro, que los que se han ido sepan que no se les ha olvidado. Así, podemos ver el emotivo encuentro del nieto con su abuelo o del perro con su amo.

Disfruté en CDMX con toda esa locura que nos rodeaba. Impresionante el colorido del Desfile de Alebrijes (había unas 200 en el Paseo de Reforma) o el interminable y variopinto Desfile Internacional del Día de Muertos. ¿Se imaginan el caos de tráfico ese día en una ciudad caótica en sí? 


Biblioteca Central de la UNAM
Muy literario el altar de la biblioteca de la UNAM


Me gustaron las decoraciones de papel picado, las flores de cempasúchil (aquí las llamamos tagetes). Me impresionaron algunos de los altares como el que había en la universidad recordando a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa

Altar en recuerdo de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa


Y lo que más, las catrinas, esas calaveras que hace mas de cien años ideó el caricaturista José Guadalupe Posada y que Diego Rivera popularizó con ese nombre. Yo traje mi catrina particular y una postalita para la pared viajera de mi estudio de la pintura de Rivera, “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” donde una Catrina es el centro de la imagen. 

“Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”
“Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” en el centro.
Mi catrina particular
... y mi Catrina de barro de Capula, Michoacan (creo...)

¿Peligro de la explotación turística y comercial? 
Se está extendiendo últimamente el temor de la introducción de los vampiros, espectros e historias de terror en las escuelas. Esa es al menos la percepción de algunos profesores que están viendo cómo también sus libros de texto van restando protagonismo a su fiesta en favor de Halloween. ¿Será por este temor por lo que la fiesta del Día de Muertos ha sido incluida dentro de la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO?       
Veremos…
¿Y por aquí?
Pues por aquí, en nuestra tierra, también vamos a los cementerios. No llevamos comida, como hacen México, pero comemos castañas, buñuelos de viento y  huesos de santo. En nuestra casa, ya hemos comido los de la Pastelería La Cubana, la de los vergaras que ya conté otro día. ¡Son los mejores!
Huesos de santo y buñuelos de viento en La Cubana
Huesos de santo y buñuelos de viento en La Cubana de Badajoz

Pilar OTANO CABO
Badajoz, España
2 de noviembre de 2019, Día de Muertos

viernes, 26 de abril de 2019

José Saramago recomienda…


Cuando un Premio Nobel de Literatura te susurra al oído...

Esta semana hemos hecho una excursión siguiendo uno de los itinerarios que José Saramago, nuestro vecino Premio Nobel, cuenta en su libro Viajes a Portugal. Es el primero que hacemos con este libro, pero no va a ser el último.

El primer destino, Alter do Chão, no está lejos de Badajoz. Aunque la autovía nos hubiera ahorrado un poco de tiempo, preferimos recorrer el poco más de una hora que se tarda por una bonita carretera secundaria. Del castillo de Alter do Chão, dice Saramago que «está en el pueblo como si estuviera en una bandeja…. Aquí es la villa la que rodea al castillo, no el castillo que, con sus murallas, cerca y protege a la villa. … Pero es airoso el castillo de Alter do Chão, con sus capiteles y sus cubiletes»

Castillo de Alter do Chão
«...airoso el castillo de Alter do Chão, con sus capiteles y sus cubiletes»

Plaza de Alter do Chão y castillo

Hoy el castillo estaba rodeado también, pero por las casetas que estaban montando para este fin de semana que es la Feria de San Marcos. Alter do Chão debe tener una gran actividad porque suele salir con frecuencia en las noticias de Portugal, sobre todo a cuenta del mundo del caballo en torno a lo que giran muchas de sus actividades. También había montado un gran escenario y no tenía mala pinta el programa de actividades para estos días.
Feria de San Marcos 2019 Alter do Chão
Feria de San Marcos 2019

Volviendo a nuestra visita del domingo, Saramago recomendaba hacer un alto en una fuente, junto al castillo. «Airosa construcción que mandó hacer Teodosio II, quinto duque de Braganza, en 1556, y que recordará con añoranza los tiempos en que se ofrecía en medio de la plaza a la sed de todos… Es renacentista, la fuente, y va ya muy castigada por el tiempo, corroídos los medallones y las volutas, quebrados los capiteles corintios»




Fuente renacentista en Alter do Chão
«...corroidos los medallones, y las volutas...»

Fuente renacentista
Fuente renacentista, 1556

Como siempre en Portugal, comimos muy bien. Al aire libre en un restaurante con terraza -el día fue clemente- comimos  un riquísimo borrego de pasto de Alter do Chão en el patio, bajo el emparrado del Restaurante Páteo Real

Emparrado de Restaurante Páteo Real, en Alter do Chão
Restaurante Páteo Real, en Alter do Chão

Otro lugar interesante de Alter do Chão, aunque no lo recomiende Saramago, era un jardín, el Jardim da Casa do Álamo, donde los nietos iban a corretear un rato. Pero no habíamos caído que era Domingo de Pascua y en Portugal no se perdona la comida familiar ese día, tan importante como la cena de Nochebuena. Así que todo estaba cerrado, el jardín, el castillo, el museo… Todos estaban en sus casas, la familia reunida alrededor  del típico cabrito al horno con patatas que suelen tomar tal día. Habrá que volver, porque faltó acercarse a Crato y a Flor da Rosa, que están al ladito y que formaban parte del programa.

El broche de la tarde fue el paseo por el campo, precioso con las jaras a todo trapo, hasta llegar a un anta, un dolmen, el Anta dos Tapadões, a pocos kilómetros de Alter do Chão y cerquita de Alter Pedroso, donde subimos a uno de esos puntos geodésicos. Las vistas desde ese pericuto eran impresionantes. 


Anta dos Tapadões en Alter Pedroso

Anta dos Tapadões


Punto geodésico en Alter Pedroso
Punto geodésico en Alter Pedroso


José Saramago y su Viaje a Portugal. Penguin Random House. Grupo Editorial



Así que, agradecida a José Saramago y su Viaje a Portugal. Hasta la próxima, porque  repetiremos:

El viajero no puede conformarse con la muerte de las cosas bellas. Es una disimulada manera de no conformarse con la muerte de todas las cosas.

José Saramago
Viaje a Portugal
DEBOLSILLO
Penguin Random House. Grupo Editorial

Pilar Otano Cabo
 Badajoz, abril de 2019