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miércoles, 8 de julio de 2026

Volver a los páramos de las Brontë


Hace unos años escribí en este blog sobre El hechizo de los páramos en las Brontë, después de visitar Haworth en 2007. Había recorrido entonces los senderos por los que caminaron  Emily, Charlotte y Anne, tratando de entender de qué manera aquel paisaje —áspero, silencioso, abierto al viento— había podido arraigar con tanta fuerza en su literatura. 

La lectura reciente del capítulo "Los páramos ocultos", de Espido Freire, en su libro Guía de lugares que ya no existen (RBA, 2026) me ha hecho regresar mentalmente a aquel viaje. No tanto porque lo muestre de otra manera, sino porque invita a mirarlo con una disposición distinta, más atenta quizá a lo que uno lleva consigo.

Espido Freire: Guía de lugares que ya no existen

Al leer a Espido Freire encuentro una nota de melancolía que me hace reflexionar.  Nos habla de esos lugares que se desvanecen no porque desaparezcan del mapa, sino porque pierden su significado, porque se ocultan a la mirada del viajero moderno. Mientras yo ponía el acento en el paisaje que dio forma a la imaginación de las Brontë, Freire comienza recordándonos que quizá nosotros tampoco hemos abandonado del todo el romanticismo. Seguimos buscando esos lugares donde la naturaleza parece hablar el mismo lenguaje que nuestras emociones. Los páramos no son únicamente una extensión de brezo; representan un estado del alma.

Recuerdo mi llegada a Haworth con una leve extrañeza. El pueblo me pareció cuidado y acogedor, casi amable; parecía muy distinto de la atmósfera inquietante que había imaginado leyendo Cumbres borrascosas. Sin embargo, bastó alejarme unos minutos del bullicio para encontrar ese horizonte abierto donde el viento adquiere protagonismo y el silencio —si es que era silencio—  parecía lleno de algo difícil de nombrar.

Espido Freire señala que muchos viajeros sienten una cierta decepción al llegar a Yorkshire. Esperan un paisaje grandioso y encuentran una naturaleza sobria, casi desnuda. Creo que esa observación explica muy bien la diferencia entre contemplar un lugar y comprenderlo. Los páramos no impresionan por su espectacularidad, sino por su capacidad de sugerencia. Exigen tiempo, silencio y, sobre todo, haber leído a las Brontë.

Quizá ahí reside la verdadera magia de estos lugares. No son únicamente el escenario donde vivieron tres escritoras excepcionales. Son un espacio que la literatura ha transformado para siempre. Después de leer a Emily Brontë, ningún paseo por los páramos vuelve a ser una simple excursión. Cada colina, cada sendero y cada cambio de luz parecen contener un eco de Heathcliff y Catherine.


Blog de Pilar Otano Cabo

Mi antigua entrada hablaba del hechizo de los páramos. Después de leer a Espido Freire, añadiría una idea más: el verdadero páramo no está sólo en Yorkshire. También existe dentro del lector. Es ese territorio donde la memoria de las novelas se mezcla con los lugares que hemos recorrido. Un espacio en el que la geografía y la emoción acaban confundiéndose, como suele ocurrir con los libros que nos acompañan durante mucho tiempo. 


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026