Hoy es el día grande de James Joyce, el Bloomsday. Dublín se echa a la calle y festeja su enorme Ulysses cada 16 de junio. Lo de Bloomsday viene de Leopold Bloom, el personaje central de la novela y lo del 16 de junio porque un tal día de 1904 es cuando se desarrolla la acción del Ulysses. Todos los años, Dublín se llena com mil cosas que hacer; este año, todo es diferente como en todas partes, pero ya estoy comprobando que no se van a cortar un pelo por el montón de actividades virtuales que han programado.
Seguir el trayecto que hizo Leopold Bloom ese día es algo que los frikis de los libros, entre los que me incluyo, llevan en su plan para visitar Dublín. El verano pasado desempolvé una “Walking Tour Guide to Ulysses” que me estaba esperando hacía años (¡desde 1998 ya llevaba años…!). Así que recorrimos Dublín con esos ojos. No falto, por supuesto, una cerveza en el Davy Byrne’s, en el 21 de Duke Street (desde el minuto uno, tomamos partido por la Smithwick’s de Kilkenny; sorry Guinness).
Tampoco faltó la visita a la Sweny’s Farmacy, donde nuestro paseante compró un jabón de limón de cuatro peniques. Yo también compré uno y pasé un buen rato en ese minúsculo local lleno de libros y trastos con el tema Joyce. Parapetados detrás del mostrador, un grupo de adoradores del Ulyses lo leían por turnos, ofreciendo a los visitantes conversación, té, pastas y un libro para participar en la lectura colectiva.
Sweny’s Farmacy, lectura del Ulysses sin pausa
A la vuelta de recorrer parte de la isla nos alojamos cerquita de Sandycove, escenario del primer capítulo. Así que era obligatorio ir a la Torre Martelo de Sandycove (hay muchas torres martelo como esta) para recrear el comienzo de la novela y visitar el James Joyce Museum. Lo gestiona un grupo de voluntarios que lo hacen muy bien. La visita, las explicaciones y la conversación con la persona que nos atendió fueron muy interesantes (gracias, Fabio). Tienen muchos objetos y libros relacionados con Joyce. Es un museo pequeño (la torre no tiene demasiado espacio) pero muy completo. Merece la pena la visita.
Dejamos atrás muchos otros lugares, pero es que varios día nuestros no alcanzan el día de Leopold Bloom, ese 16 de junio de 1904. Para la próxima. Y hoy, atenta a todas las movidas online del Bloomsday.
No olvidaré nunca la primera impresión que tuve al ver el palacio de Karnak. Me pareció una mansión para gigantes, donde debían de servirse, en platos de oro, hombres enteros asados como alondras.
Son palabras de Flaubert, de sus Cartas de Egipto. La impresión que tuve al entrar en Karnak se parece bastante a estas palabras. Su viaje fue en 1850, el nuestro hace unas semanas. Supongo que su asombro sería mayor estos días porque por aquel entonces todo andaba a medio destapar, era la furia del descubrimiento de Egipto del siglo XIX. Hoy le hubiera asombrado, también, los cientos de turistas pululando entre las inmensas columnas, que a él le hubieran parecido hormiguitas de los gigantes.
A la vuelta de nuestro viaje a Egipto, todo el mundo nos hace la misma pregunta: ¿Qué os ha gustado más? Qué difícil me lo ponen. Cada día, en cada nueva visita, pensaba que aquello era lo más. Una maravilla… Pero llegábamos al siguiente templo, al siguiente hipogeo, a la siguiente pirámide… y dejábamos atrás nuestro último asombro.
Templo de Karnak (Luxor)
Me han impactado las pinturas de los enterramientos del Valle de los Reyes. Es como si entraras en un túnel del tiempo, donde todos esos personajes te rodean, te hablan al oido y te cuentan historias increíbles. Parecen hechas de ayer por la tarde, frescas como si se fueran a borrar si las tocas.
He buscado en todas la paredes de los templos y de las tumbas pinturas y bajo relieves de plantas, flores y perfumes. Era como una especie de juego en cada visita y era de lo mas sencillo porque estaban por todas partes. Papiros y lotos en las columnas, en sus capiteles, pero también en las paredes, pintados o esculpidos. Lirios, acacias y unos envases monismos para los perfumes. Hasta el proceso de destilado de los perfumes me lo contaron esas paredes. Mágicas paredes que siguen hablando desde hace miles de años. Me contaban lo importante que era el aseo personal y el papel de los perfumes en los rituales religiosos y funerarios. Lo que no me han contado ha sido a qué olían los esclavos que porteaban a todo aquel exquisito personal. Supongo que no tan bien. No sé…
Habíamos llegado a Arnarstapi (Stapi), como el profesor Lidenbrock, en busca del famoso volcán durmiente, el Snaefells. El profesor de Mineralogía había llegado a caballo con todos su arreos científicos, en compañía de su sobrino Axel y el buen guía islandés Hans, el cazador de eiders!! Traían a sus espaldas muchos días de viaje en una locomotora primero y en un buque de vela después. Lo nuestro había sido más sencillo: avión y furgoneta. Eso sí, un buen montón de kilómetros traíamos también encima después de haber recorrido cada rincón de la isla.
En la Península de Snæfellsnes
Distancias a distintas ciudades yendo por el centro de la tierra
Nuestros pertrechos tampoco tenían parecido alguno. Frente al termómetro, manómetro de aire comprimido, cronómetro, brújula, anteojo de noche y dos aparatos de Ruhmkorff del profesor, nosotros íbamos cargados de nuestro iPhone y los prismáticos.
"He aquí el gigante que voy a domar”. En fin, después de cuatro horas de marcha, los caballos se detuvieron, sin mandárselo, a la puerta del presbiterio de Stapi.(p. 77)
Dice Julio Verne que Stapi es un lugarejo compuesto de unas treinta chozas y edificado en plena lava bajo los rayos del sol. Nuestros viajeros se alojaron en casa del rector:
El cuarto de los viandantes, estrecho, sucio e infecto, me pareció el peor del presbiterio, pero no se nos ofrecía otro.(p. 79)
Y efectivamente, Arnarstapi sigue siendo un lugarejo, un pueblo de pescadores que no debe tener ni treinta casas, como la mayoría de poblaciones de Islandia. Ahora que no nos alojamos en una de esas chozas de la que se habla en “Viaje al centro de la tierra”, lo nuestro era una preciosa cabaña a los pies del volcán, y quien nos recibió en el hotel no fue el rector herrando un caballo, sino un grupo de jovencitos en la recepción/cafetería, que era un lugar bien monino.
Nuestra cabaña a los pies del volcán.
Y no pudimos domar al gigante, ni siquiera pudimos verlo entero porque la niebla nos jugó esa mala pasada. Pero no importó demasiado, el lugar era impresionante. Islandia es así, cuando piensas que no puedes encontrar algo más bello que lo que ya has visto, zas, te topas con algo que lo supera. Y aquí estábamos en el Arnarstapi desde el que aquel trío de locos entraron al "Viaje al centro de la tierra”.
¿Quien se anima a bajar...?
Pero como no teníamos demasiado interés en entrar en ese agujero que había junto a la cabaña, ni en llegar a ningún centro de la tierra, decidimos explorar la costa. Resultó un paseo impresionante por el sendero que une Arnarstapi con Hellnar. Eso si, había que ir con un ojo puesto en las impresionantes vistas al mar con sus artísticas formaciones rocosas y el otro en el camino para no tropezar con algún picacho de esas rocas volcánicas, tan bonitas, pero tan traicioneras a veces.
Y como el camino tenía tantos recovecos, después de descansar en una playa bien chula (no habíamos llegado al Stromboli, no hace falta mencionarlo...), decidimos volver andando por la carretera, al más puro estilo Walter Mitty, sin monopatín, claro.
Un Walter Mitty sin monopatín... y lloviendo!
Me levanté, y, gracias a la gran precisión de sus indicaciones, di con el atlas enseguida. Lo abrió mi tío y dijo:
- He aquí, uno de los mejores mapas de Islandia, el de Handerson, y creo que nos va a resolver todas las dificultades.
Yo me incliné sobre el mapa.
- Fíjate en esta isla llena toda de volcanes -me dijo el profesor-, y observa que todos llevan el nombre de Yocul, palabra que significa en islandés "glaciar". Debido a la elevada latitud que ocupa Islandia, la mayoría de las erupciones se verifican a través de las capas de hielo, siendo ésta la causa de que se aplique el nombre de Yocul a todos los montes ignívomos de la isla.
- Conforme -respondí yo-. Pero ¿qué significa Sneffels?
Creí que a esta pregunta no sabría qué responderme mi tío; pero me equivoqué, pues me dijo:
- Sígueme por la costa occidental de la isla. ¿Distingues su capital, Reykiavik? Bien; pues remonta los innumerables fiordos de estas costas escarpadas por el mar, y detente un momento debajo del grado setenta y cinco de latitud. ¿Qué ves?
- Una especie de península parecida a un hueso descarnado y termina en una rótula enorme.
“- La comparación es exacta, muchacha; y ahora, dime, ¿no ves nada sobre esa rótula?”
“- Veo un monte que parece surgir del mar.
- Pues ese es el Sneffels.
- ¿El Sneffels?
- El mismo. Una montaña de cinco mil pies de elevación. Una de las más notables de la isla, y, a buen seguro, la más célebre del mundo entero, si su cráter conduce al centro del Globo.
Julio Verne. “Viaje al centro de la Tierra”página 32
Me gustan los libros. Y me gustan mucho los libros que te muestran lugares que visitar, ya lo he contado en otras ocasiones. A veces, esos lugares me sorprenden y me alegran el día. Es una tontuna, lo sé, pero soy así.
La cosa es que esta mañana veníamos de Madrid, dirección Badajoz por la Autovía A5 (#TrenDignoYa). Decidimos parar a tomar un cafelito en la carretera, a las afueras de Trujillo. Salimos de la autovía y la señal que indicaba una bifurcación hizo que se encendiera una bombilla en mi cabeza: Ibahernando, hacia la izquierda, Trujillo a la derecha. Enseguida paramos para el café: Restaurante La Majada!! Oh! Oh!, se encendió la lámpara enterita.
Imaginé enseguida la escena, era en “El monarca de las sombras”, de Javier Cercas. La había leído hace unos meses y aunque cada vez me resulta más difícil recordar los nombres, tengo facilidad para recordar escenas de las novelas que leo porque suelo visualizarlas, vamos que hago yo mi propia película!! Así que esta escena se me plantó delante bien clarita.
Era Javier Cercas comiendo con su amigo David Trueba en el Restaurante La Majada. Los dos son personajes de la novela y esta comida era una parada en el camino entre Madrid e Ibahernando donde Trueba iba a grabar la entrevista que Cercas haría a “El Pelao”. Este señor, muy mayor, les iba a contar parte de la historia que la novela construye. “El monarca de las sombras” es una historia de la Guerra Civil, pero no es otra más de las que algunos quieren hacernos creer, es una más de las que aún tienen que seguir contándose.
Así que cuando llegamos a casa, me lancé al libro y ahí estaba:
“Al cabo de un rato avistamos Trujillo, con la fortaleza medieval encaramada en el cerro de Cabeza del Zorro y la ciudad extendida sobre él. Dejamos el núcleo urbano a un lado y poco después salimos de la autovía y aparcamos frente a La Majada, un restaurante incrustado entre la autovía y la vieja carretera de Madrid a Lisboa, muy cerca ya de Ibahernando…” (pp. 45 y 46)
En fin, lo de La Majada no deja de ser una tontería, lo que si es muy en serio es que “El monarca de las sombras” merece la pena. Es una interesante novela testimonio, valiente e íntima.
Badajoz, 29 de noviembre de 2017
...salimos de la autovía y aparcamos frente a La Majada...
Random House, 2017
Resumen
El monarca de las sombras narra la búsqueda del rastro perdido de un muchacho casi anónimo que peleó por una causa injusta y murió en el lado equivocado de la historia. Se llamaba Manuel Mena y en 1936, al estallar la guerra civil, se incorporó al ejército de Franco; dos años después murió combatiendo en la batalla del Ebro, y durante décadas se convirtió en el héroe oficial de su familia. Era tío abuelo de Javier Cercas, quien siempre se negó a indagar en su historia, hasta que se sintió obligado a hacerlo.
El resultado de esa indagación es una novela absorbente, pletórica de acción, de humor y de emoción, que nos enfrenta a algunos de los temas esenciales de la narrativa de Cercas: la naturaleza radiante, poliédrica y misteriosa del heroísmo, la terca pervivencia de los muertos y la dificultad de hacerse cargo del pasado más incómodo.
Exploración a la vez local y universal, personal y colectiva, novela belicosamente antibelicista, El monarca de las sombras da una vuelta de tuerca inesperada y deslumbrante a la pregunta sobre la herencia de la guerra que Cercas abrió años atrás con Soldados de Salamina.
He tardado en ponerme con esta entrada desde que a la llegada a Moscúescribí sobre la “coartada literaria" del viaje. Ya dije que antes de este viaje no conocía a Bulgakov, que di con él buscando una novela a la que seguir en el viaje y me rendí a sus “diabólicos” pies. Todo fue una especie de carambola porque además de comprobar la devoción que le tienen en Moscú con rutas, museos e historias mil, pude comprobar en una librería que era el autor más leído del momento en Moscú. Así que BINGO!! Bienvenidos al maravilloso mundo de “El maestro y Margarita”.
Con el gato Popota en Bolsaya Sadóvaya
Es lógico que todo sea una locura porque este año 2016 es un año de celebraciones alrededor de Mijail Bulgakov. Se celebran los 125 años de su nacimiento en Kiev (1891-1940) y los 50 años de la publicación de “El maestro y Margarita” y se han vuelto locos con el aniversario, que para eso se ha convertido en todo un autor de culto, todo un icono de las letras rusas. Ya hubiéramos querido que a nuestro Cervantes le hubieran hecho tanta fiesta en España, y eso que eran 500 los años.
Está en Twitter y en Facebook. Tiene una App para los “teléfonos inteligentes” y los próximos 11 y 12 de noviembre de 2016, coincidiendo con los 50 años de la novela, quinientas personas leerán on-lineEl maestro y Margaritay será retransmitido con Google live. ¡¡Una pasada!!
Esto no sólo es por la novelería del aniversario. Desde hace años existen adaptaciones teatrales (el Teatro del Arte de Moscú tiene estos días una representación), ballet, una opera rock de Konstantin Glazunov (el pintor no, otro Glazunov), series de televisión… En fin, una locura.
Pero ¿qué tiene “El maestro y Margarita” que hace que nos rindamos ante ella?
A mi me ha parecido una novela sorprendente. Maravillosa y compleja, El maestro y Margarita contiene tres historias que se entremezclan. La principal tiene lugar en la Rusia de los años treinta. Un simpático demonio, Voland, se presenta en Moscú con su extravagante séquito/cuadrilla, en el que hay un enorme gato negro que habla, come con cubiertos y bebe vodka!! Volandse dedica a tomar el pelo a todo el que se pone por delante, con fines un poquito... diabólicos. La segunda historia es la de “el maestro”, poeta que está apenadísimo en un hospital psiquiátrico porque su novela ha ido a parar a la lumbre al ser rechazada por la crítica. Su amada Margarita acude a Voland para lograr reunirse con el maestro. Y la tercera es la novela escrita por el maestro, y culpable de sus males, en la que describe las dudas de Poncio Pilatos ante la crucifixión de Cristo.
Parece un poco lío, porque, además, la segunda historia no aparece hasta pasados unos buenos pocos de capítulos y uno se pregunta ¿quien será Margarita? Pero cuando aparece encuentras a un personaje maravilloso.
Hay una mezcla de sátira, fantasía, ciencia-ficción y realismo, de religión e historia que tiene mucho de autobiográfico. Es una sátira de la corrupción en la Unión Soviética de Stalin y, por ridiculizar la burocracia del gobierno, el manuscrito de “El maestro y Margarita” estuvo oculto durante muchos años hasta su publicación en 1966. Así que como la Catedral de Cristo Salvador de Moscú era de “quita y pon”, también pienso que “El maestro y Margarita” es una novela de “quita y pon”.
Es una “novela de quita pon” porque en 1930 Bulgakov quemó la primera versión, la que sólo tenía la parte de Satanás en Moscú. Después retomó su escritura y dedicó diez años a rehacerla (parece que hubo hasta ocho versiones del texto). No pudo verla publicada pues murió en 1940 y llegó al público “por entregas” en noviembre de 1966 en la revista mensual Moskva.
La novela es la excentricidad llevada al máximo. Nos muestra un mundo absurdo y fantástico, pero cómico y bufonesco al mismo tiempo. El argumento es extraño a veces, serio otras; a pesar de ello, todo se cuenta con un gran sentido del humor.
En El maestro y Margaritase critica el mundillo literario de la época, se burla de la obsesión burocrática por los papeles y los documentos; critica también el sistema soviético de asignación de viviendas.
Y me gusta mucho el pacto que hace Margarita con el diablo, porque es como un cuento de hadas al revés, donde la princesa busca y salva al príncipe. Es todo un poco “faústico” y me encanta.
El MOSCÚ de “El maestro y Margarita”
Bueno, y todo esto ha venido a cuento porque yo andaba buscando una lectura (una “coartada literaria”) para nuestro viaje a Moscú. Me gusta visitar los lugares de los libros y de sus autores y aquí si que he acertado de pleno, porque la ruta de “El maestro y Margarita” en Moscú es toda una atracción turística de moda.
La ruta empieza en los “Estanques del Patriarca” donde tiene lugar la primera escena en la que conversan/discrepan un poeta y el jefazo de los escritores y en la que aparece Voland a meter baza, liándolo todo. Los “Estanques del Patriarca” (que en realidad sólo queda uno de los tres que hubo) es una zona muy tranquila para pasear, sentarte en un banco a mirar el agua. También puedes tomar unas cervezas en los numerosos locales de moda que hay en la un poco más ruidosa zona, como el Café Margarita (en Malaya Bronnaya Ulitsa, 28) que rinde homenaje a nuestra chica.
El teatro donde Voland y su troupe organizan su espectáculo de “magia negra” está muy cerquita. Es el Teatro Sátira, en la Plaza Triunfalnaya. En el lateral del teatro está el Jardín del Acuario, ideal para una de mis aficiones, sentarte en un banco con tu libro.
Teatro Sátira en Bolsaya Sadóvaya
Es genial el pequeño museo que tienen en la planta baja de lo que fue la casa de autor y que también era la casa que aparece en la novela, donde se instala el demonio con su séquito: el apartamento 50 del número 302 de la Bolshaya Sadóvaya, que ahora es el número 10. Allí se puede ver parte de su mobiliario original, objetos personales del autor, dibujos de escenas de “El Maestro y Margarita”, así como numerosas ediciones en un montón de idiomas. Todo es de lo más tétrico, acorde desde luego con el ambiente del libro.
También está el museo oficial, el Museo Bulgakov que organiza muchísimas actividades (pena que casi todas son en ruso, aunque hay alguna en inglés), como el recorrido a pie por los Estanques, así como otra app para el teléfono, esta vez con el mapa de los lugares de Bulgakov. ¿No parece interesante? A mi me ha fascinado.
Aquí empieza todo....
La música del maestro
Y para rematar la faena, he descubierto que nuestro maestro y nuestra Margarita han inspirado a un montón de músicos para sus canciones. El “number ONE”, y aquí me han vuelto a dar, son los Rolling Stones: Mick Jagger compuso “Sympathy for the Devil” en 1968. Parece que una novieta que tenía en la época le había regalado el libro.
Hay más, muchos más, de hace tiempo y actuales. Ha impactado este libro en Patti Smith con Banga, Pearl Jam, Moriarty o la banda escocesa Franz Ferdinand con su Love and Destroy, inspirada en el vuelo de Margarita sobre Moscú. Y tropecientas más.
Para terminar, una obra de teatro de la compañía inglesa COMPLICITE que estuvo recorriendo Europa en 2012 con “El Maestro y Margarita”. Me llamó la atención que uno de los actores principales era Cesar Sarachu, el Bernardo de Camera Café, la famosa serie de televisión. En este enlace está la entrevista que le hicieron para la radio cuando recalaron en Madrid y Barcelona y que me gustó mucho.
Así que, disfruten con esta coartada literaria, yo lo he hecho. Badajoz (España), septiembre de 2016