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sábado, 26 de septiembre de 2020

Un asturiano y un portugués


                                                                                … en la Patagonia chilena

Mas bien tendría que haber dicho un español y un portugués, pero iba a sonar a chiste y lo que voy a contar me parece serio. 

Son dos Josés, uno asturiano de Avilés; el otro, portugués de Vila Nova de Gaia los que coincidieron en el sur de Chile, en un momento duro de su historia, el de la llegada de un grupo de europeos que se hizo dueño del cotarro en la Patagonia.

A la vuelta de nuestro viaje a Chile, escribí un montón de cosas que me habían interesado del país. También de Punta Arenas, lugar al que en el último cuarto del siglo XIX llegaron José Menéndez y José Nogueira. Cada uno por su lado, eso sí, habiendo sido el portugués el que había llegado antes. Punta Arenas me pareció especial; en el momento de nuestro viaje ostentaba el título de “ciudad feliz”, con lo que estuvimos de acuerdo. Allí comencé a conocer esta historia de reparto de tierras, de enriquecimiento rápido de unos pocos y del genocidio llevado a cabo con los pueblos originarios. El asturiano José Menéndez estaba en la cabeza de la lista de los favorecidos, acumulando tierras en condiciones inmejorables, sin el menor respeto por la legalidad, habiendo sido la mayoría de estas tierras propiedad de los indígenas aónikenk. 



Todo esto lo conocí leyendo la excepcional biografía, Menéndez, rey de la Patagonia,  que otro asturiano, José Luis Alonso Marchante había publicado poco tiempo antes y que compré en una bonita librería de El Calafate. Es una biografía muy especial para mí, porque pone sobre la mesa todas las cartas. No sólo da la palabra a los grandes propietarios, sino que se la da también a las mayorías silenciadas que nunca la tuvieron; indígenas, jornaleros o emigrantes. 

Hoy traigo todo esto aquí porque he sabido de la biografía del otro José, de José Nogueira. La periodista portuguesa Mónica Bello ha publicado hace muy poco “A vida extraordinária do português que conquistou a Patagónia”. Es la historia de este navegante portugués, que salió de Gaia con 12 o 13 años a bordo de un navío para huir de la miseria y que llegó a Punta Arenas a los 28, en el bergantín Rosales, como modesto agente comercial  de una firma de Buenos Aires para cobrar la deuda pendiente de un cliente, donde se quedó. En Punta Arenas hizo fortuna, se creó amigos, rivales y um imperio, hasta llevar su nombre una de las calles principales de la ciudad. Fue a la par con el otro José, el Menéndez, en los asuntos de hacerse con tierras a toda costa.

 



                                                    Editorial Temas e Debates

Desconozco los detalles, así que para comprobarlo, me gustará leer esa “vida extraordinaria” que ha escrito Mónica Bello y de la que sólo tengo noticias por una magnífica entrevista que le hicieron en el programa de radio de RTP “Encontros Imediatos”.


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España) 

Septiembre de 2020

domingo, 8 de marzo de 2020

Asombro en Egipto

No olvidaré nunca la primera impresión que tuve al ver el palacio de Karnak. Me pareció una mansión para gigantes, donde debían de servirse, en platos de oro, hombres enteros asados como alondras.
Son palabras de Flaubert, de sus Cartas de Egipto. La impresión que tuve al entrar en Karnak se parece bastante a estas palabras. Su viaje fue en 1850, el nuestro hace unas semanas. Supongo que su asombro sería mayor estos días porque por aquel entonces todo andaba a medio destapar, era la furia del descubrimiento de Egipto del siglo XIX. Hoy le hubiera asombrado, también, los cientos de turistas pululando entre las inmensas columnas, que a él le hubieran parecido hormiguitas de los gigantes. 

Sala hipóstila. Templo de Karnak. Egipto



A la vuelta de nuestro viaje a Egipto, todo el mundo nos hace la misma pregunta: ¿Qué os ha gustado más? Qué difícil me lo ponen. Cada día, en cada nueva visita, pensaba que aquello era lo más. Una maravilla… Pero llegábamos al siguiente templo, al siguiente hipogeo, a la siguiente pirámide… y dejábamos atrás nuestro último asombro. 

Templo de Karnak. Egipto
Templo de Karnak (Luxor)

Me han impactado las pinturas de los enterramientos del Valle de los Reyes. Es como si entraras en un túnel del tiempo, donde todos esos personajes te rodean, te hablan al oido y te cuentan historias increíbles. Parecen hechas de ayer por la tarde, frescas como si se fueran a borrar si las tocas. 

Valle de los Reyes



He buscado en todas la paredes de los templos y de las tumbas pinturas y bajo relieves de plantas, flores y perfumes. Era como una especie de juego en cada visita y era de lo mas sencillo porque estaban por todas partes. Papiros y lotos en las columnas, en sus capiteles, pero también en las paredes, pintados o esculpidos. Lirios, acacias y unos envases monismos para los perfumes. Hasta el proceso de destilado de los perfumes me lo contaron esas paredes. Mágicas paredes que siguen hablando desde hace miles de años. Me contaban lo importante que era el aseo personal y el papel de los perfumes en los rituales religiosos y funerarios. Lo que no me han contado ha sido a qué olían los esclavos que porteaban a todo aquel exquisito personal. Supongo que no tan bien. No sé…

Templo de Horus. Egipto
Templo de Horus (Edfu)



 Pilar Otano Cabo
Badajoz, febrero de 2020

domingo, 23 de septiembre de 2018

¿Cuándo ha sido la última vez que ha pasado tres días sin ver un coche?



Esta es la pregunta clave que se hacen en Tortuguero, uno de los numerosos Parques Nacionales de Costa Rica, en la costa norte del Caribe. Y es lo que un lugareño me dijo cuando pregunté acerca de una campaña que había visto por la calles de Tortuguero pueblo:


No a la calle pública (#noalacalle)

Para acceder al Parque Nacional de Tortuguero es necesario tomar una de las barcas que que tienen su salida en La Fortuna. Turistas con nuestras maletas, o cualquiera cosa necesaria en la zona, llegamos a los hoteles a través de una serie de impresionantes canales. Son 45 minutos de viaje durante los cuales fuimos acompañados todo el rato por el asombro y el montón de animales que después tendríamos tan a mano alrededor del hotel.





Lo tienen claro por allí. Es otra forma de encarar su futuro mediante un turismo sostenible, donde combinan muy bien “la conservación de la biodiversidad con el desarrollo social y económico de las comunidades”



La playa de Tortuguero  es un lugar de anidación de varios tipos de tortuga. Tuvimos la ocasión de asistir a la nocturna y laboriosa tarea de desovar de una tortuga verde. Ha sido una de las experiencias más emocionantes a las que he asistido nunca. Y es necesario reconocer el esfuerzo que los chicos de ASOPROTOMA del Caribe realizan con una serie de guías y rastreadores especialistas que controlan tanto el número de personas que acceden a la playa como que no se desmanden. De noche, los "rastreadores" buscan las tortugas e indican la ubicación de ellas a los guías esperando con sus grupos de visitantes en lugares designados, afuera de la playa". De esa manera, fuimos testigos respetuosos, sin linternas ni cámara de fotos, de como una de las tortugas verde subió a la playa, puso sus huevos y volvió exhausta al mar!!!



Playa de Tortuguero


Esta es la atracción estrella de la zona, pero hay más: los paseos por los canales, la abundancia de vegetación, los animales tan distintos de los de mi tierra y toda una lista de actividades que la Asociación de Guías de Tortuguero ASOPROTUR te ofrece junto al muelle principal.  Además del sencillo pueblo donde en su única calle venden la artesanía del lugar, hay un montón de pequeños hoteles y  los niños corretean con sus bicis.  



Allí, la gente parece feliz. Por eso no quieren la calle, esa carretera contra la que llevan luchando 20 años y que cambiaría por completo la forma de vida de la zona. Perderían la magia del lugar, porque para mi fue mágico escuchar de noche una pelea de monos o el sonido del silencio en lugar de las motos, el camión de la basura o los escandalosos que vuelven a casa después de andar de farra por los bares.

Así que me parece bien que digan #noalacalle y por eso he firmado la petición en change.org: “No a la destrucción del Parque Nacional Tortuguero. No a la apertura de la calle pública”.


Tortuguero, la Amazonas de Costa Rica, septiembre de 2018


viernes, 17 de agosto de 2018

De Julio Verne a Walter Mitty


Nuestro especial “Viaje al centro de la tierra”



Habíamos llegado a Arnarstapi (Stapi), como el profesor Lidenbrock, en busca del famoso volcán durmiente, el Snaefells. El profesor de Mineralogía había llegado a caballo con todos su arreos científicos, en compañía de su sobrino Axel y el buen guía islandés Hans, el cazador de eiders!! Traían a sus espaldas muchos días de viaje en una locomotora primero y en un buque de vela después. Lo nuestro había sido más sencillo: avión y furgoneta. Eso sí, un buen montón de kilómetros traíamos también encima después de haber recorrido cada rincón de la isla. 

En la Península de Snæfellsnes

Distancias a distintas ciudades
yendo por el centro de la tierra

Nuestros pertrechos tampoco tenían parecido alguno. Frente al termómetro, manómetro de aire comprimido, cronómetro, brújula, anteojo de noche y dos aparatos de Ruhmkorff del profesor, nosotros íbamos cargados de nuestro iPhone y los prismáticos.



"He aquí el gigante que voy a domar”. En fin, después de cuatro horas de marcha, los caballos se detuvieron, sin mandárselo, a la puerta del presbiterio de Stapi. (p. 77)

Dice Julio Verne que Stapi es un lugarejo compuesto de unas treinta chozas y edificado en plena lava bajo los rayos del sol. Nuestros viajeros se alojaron en casa del rector:
El cuarto de los viandantes, estrecho, sucio e infecto, me pareció el peor del presbiterio, pero no se nos ofrecía otro. (p. 79)
Y efectivamente, Arnarstapi sigue siendo un lugarejo, un pueblo de pescadores que no debe tener ni treinta casas, como la mayoría de poblaciones de Islandia. Ahora que no nos alojamos en una de esas chozas de la que se habla en “Viaje al centro de la tierra, lo nuestro era una preciosa cabaña a los pies del volcán, y quien nos recibió en el hotel no fue el rector herrando un caballo, sino un grupo de jovencitos en la recepción/cafetería, que era un lugar bien monino. 


Nuestra cabaña a los pies del volcán.

Y no pudimos domar al gigante, ni siquiera pudimos verlo entero porque la niebla nos jugó esa mala pasada. Pero no importó demasiado, el lugar era impresionante. Islandia es así, cuando piensas que no puedes encontrar algo más bello que lo que ya has visto, zas, te topas con algo que lo supera. Y aquí estábamos en el Arnarstapi desde el que  aquel trío de locos entraron al "Viaje al centro de la tierra”.


¿Quien se anima a bajar...?

Pero como no teníamos demasiado interés en entrar en ese agujero que había junto a la cabaña, ni en llegar a ningún centro de la tierra, decidimos explorar la costa. Resultó un paseo impresionante por el sendero que une Arnarstapi con Hellnar. Eso si, había que ir con un ojo puesto en las impresionantes vistas al mar con sus  artísticas formaciones rocosas y el otro en el camino para no tropezar con algún picacho de esas rocas volcánicas, tan bonitas, pero tan traicioneras a veces. 

Y como el camino tenía tantos recovecos, después de descansar en una playa bien chula (no habíamos llegado al Stromboli, no hace falta mencionarlo...), decidimos volver andando por la carretera, al más puro estilo Walter Mitty, sin monopatín, claro.



Por carreteras islandesas a lo Walter Mitty.
Un Walter Mitty sin monopatín... y lloviendo!

Me levanté, y, gracias a la gran precisión de sus indicaciones, di con el atlas enseguida. Lo abrió mi tío y dijo:
- He aquí, uno de los mejores mapas de Islandia, el de Handerson, y creo que nos va a resolver todas las dificultades.
Yo me incliné sobre el mapa.
- Fíjate en esta isla llena toda de volcanes -me dijo el profesor-, y observa que todos llevan el nombre de Yocul, palabra que significa en islandés "glaciar". Debido a la elevada latitud que ocupa Islandia, la mayoría de las erupciones se verifican a través de las capas de hielo, siendo ésta la causa de que se aplique el nombre de Yocul a todos los montes ignívomos de la isla.
- Conforme -respondí yo-. Pero ¿qué significa Sneffels?
Creí que a esta pregunta no sabría qué responderme mi tío; pero me equivoqué, pues me dijo:
- Sígueme por la costa occidental de la isla. ¿Distingues su capital, Reykiavik? Bien; pues remonta los innumerables fiordos de estas costas escarpadas por el mar, y detente un momento debajo del grado setenta y cinco de latitud. ¿Qué ves?
- Una especie de península parecida a un hueso descarnado y termina en una rótula enorme.
“- La comparación es exacta, muchacha; y ahora, dime, ¿no ves nada sobre esa rótula?”
“- Veo un monte que parece surgir del mar.
- Pues ese es el Sneffels.
- ¿El Sneffels?
- El mismo. Una montaña de cinco mil pies de elevación. Una de las más notables de la isla, y, a buen seguro, la más célebre del mundo entero, si su cráter conduce al centro del Globo.
Julio Verne. “Viaje al centro de la Tierra” página 32

Julio Verne. Viaje al centro de la tierra



Desde el sendero que une Arnarstapi con Hellnar
 Desde el sendero que une Arnarstapi con Hellnar


Playa de Hellnar.


Pilar Otano Cabo
Badajoz, España
Mayo de 2018