miércoles, 17 de agosto de 2016

Cristo Salvador, una catedral de quita y pon

La visita a la Catedral de Cristo Salvador formó parte de nuestro recorrido de un día en Moscú en el verano de 2016. Está cerquita del Kremlin y además se llega en Metro muy bien; la estación más cercana es la de Kropótkinskaya (Línea 1 Roja). 

La historia de la catedral es única y es una especie de puesta en escena de la historia de Rusia de los últimos 200 años. Daniel Utrilla en su libro "A Moscú sin kaláshnikov"  la llama "catedral de quita y pon" y a mí me encanta.


Cristo Redentor. La catedral desde el Puente del Patriarca
La Catedral de Cristo Salvador desde el puente del Patriarca

La idea de construir un templo surgió tras la expulsión del ejército de Napoleón de tierras rusas en la Primera Guerra Patriótica, en 1812. Alejandro I pensó en un monumento grandioso, al estilo de la Catedral de San Basilio (la que está en la Plaza Roja) y que había ordenado construir Iván el Terrible en el siglo XVI para conmemorar la victoria sobre el Kan de Kazán.

Entre un montón de proyectos, se eligió el de un tal Vitberg que parecía una apuesta segura. Pero se juntó el hambre con las ganas de comer y entre lo místico del proyecto y los problemas financieros (el dinero volaba y el edificio no despegaba) la catedral no terminaba de ponerse en marcha.

Y así llegó otro zar, Nicolás I (su hermano Alejandro había muerto entretanto) y vuelta a la casilla de salida; ahora si que se puso todo en marcha. Para la edificación de la catedral tuvieron que derribar el antiguo convento de San Alexis y cuentan que la abadesa se pilló un buen rebote y a modo de maldición dijo que allí no habría nunca nada, tan sólo una hoya. Y acertó…

Así en 1839 empezaron de nuevo las obras, ahora de estilo bizantino con una cúpula exagerada. El nuevo arquitecto, A. Ton, muy famoso también en la época, creó  así escuela para futuras iglesias.

La catedral era una magnífica iglesia de cruz griega con cinco cúpulas de estilo ruso-bizantino (¡que para eso eran los herederos de Bizancio!!). Todo fue a lo grande, hasta las enormes esculturas que vigilan la doce puertas; santos, príncipes y hombres famosos rodean la catedral como en un intento de protección.

Por fin, fue un tercer zar, Alejandro III, quien tuvo el privilegio de hacer los honores de la inauguración el día de su coronación, en 1883 (aunque durante las obras hubo también otro zar, Alejandro II, pero parece que pinchó poco y cortó menos en el asunto catedral). Y ésta duró en pie menos tiempo del que tardó en construirse, porque en 1931 el templo fue dinamitado. En ese lugar tan estratégico, Stalin había previsto construir el Palacio de los Soviets, lo que tendría que ser el edificio más grande del mundo. Tan grande no, tan gigantesco iba ser que estaba previsto colocar sobre él una estatua de Lenin de 100 metros de altura.


Maqueta de lo que no sería el "Palacio de los Soviets"


Y como en un bucle irónico de Guerras Patrióticas, la Gran Guerra Patria (que así llaman a la Segunda Guerra Mundial) impidió en 1941 el éxito en la edificación del Palacio. Una vez hecho un enorme agujero circular para los cimientos, el acero y el dinero terminaron en el campo de batalla. Y la abadesa se salió con la suya: una hoya.

Así que como aquí no se tira nada, en 1960 el gran agujero se convirtió en la piscina pública más grande del mundo, una piscina circular de 130 metros de diámetro y 6 de profundidad. 
Piscina Moskva


Y por fin, vino el resurgir de las aguas, como si de un ave fénix acuática se tratara. A finales de los años ochenta, con la nueva Rusia de la perestroika y el glásnost, hubo un movimiento social promovido por la Iglesia Ortodoxa Rusa e intelectuales creyentes para reivindicar la reconstrucción de la catedral. Apoyados por el primer presidente de la Rusia moderna, Boris Yeltsin, y el alcalde de Moscú, se reunió el dinero necesario y se pusieron manos a la obra. Parece que el dinero se consiguió a partir de las donaciones voluntarias de ciudadanos de a pie (¿con la que les estaba cayendo...?). Hay quien duda de ello y dicen que el Estado (laico) puso una gran parte. Y estuvo terminado en un abrir y cerrar de ojos, no como la primera vez, pero la tecnología del siglo XX es lo que tiene. 

La Catedral de Cristo Salvador es ahora el centro principal del culto ortodoxo, donde se celebran las grandes fiestas religiosas y los funerales de tronío como el de Boris Yeltsin en 2007.




En esta catedral fue donde en 2012 irrumpió aquel grupo feminista de música punk, las Pussy Riot, que tanto dieron  que hablar. 




Y hablando de música y sin tener nada que ver (¿o si?) termino contando la historia de la obra que Tchaikovski compuso para celebrar lo mismo que se conmemoraba con la catedral: la victoria sobre Napoleón. Se llamó Obertura de 1812, claro, y a mí me gusta mucho. Al componerla, Tchaikovski pensó que fuera interpretada al aire libre, en la plaza frente a la catedral, con repiques de sus campanas y salvas de artillería. El asesinato de Alejandro II en 1881 retrasó su estreno y cuando pudo ser interpretada por primera vez ya no tuvo gracia porque fue bajo techo y con instrumentos convencionales en lugar de cañones y campanas. ¡Una pena!

Pero esta historia es más divertida si la cuentan los de  Bully Magnet en este vídeo que me ha parecido sencillamente genial: 





En fin, parece que la Catedral de Cristo Redentor, como la llaman los lugareños, es visita obligada, pero a mí no me dijo gran cosa. Me gusta visitar iglesias no por su aspecto religioso, sino por el arte que encierran. De esta me han gustado más todas las historias que encierra. 
Tampoco les hace demasiada gracia a los moscovitas, al menos a algunos. Tatiana Pigariova en su "Autobiografía de Moscú" dice: 

No faltaron las comparaciones con un gran samovar dorado o un bizcocho de Pascua que «en comparación con las catedrales del Kremlin, parece un enorme broche falso» (p. 98)

¡¡Pues, eso!!




martes, 16 de agosto de 2016

Un día en Moscú

Plan completito para un día en Moscú. Julio 2016

Este día resultó genial, porque aunque lo teníamos casi todo planeado, fueron surgiendo cosas que incluso mejoraron nuestro plan. 

Esta es una propuesta para tener una visión de varios aspectos de Moscú cuando no hay demasiado tiempo, al haber seleccionado en cada sitio lo que nos resultaba más sugerente.

En el recorrido hay dos museos : el Museo Pushkin de Bellas Artes y el Museo Glazunov; la Catedral de Cristo Salvador, un paseo hacia la zona "hipster" de Octubre Rojo para comer; y otro paseo hacia la calle peatonal de Arbat por el Bulevar Gogol a tomar el cafelito.

No parece mal plan, ¿no? ¿Comenzamos?





MUSEO PUSHKIN DE BELLAS ARTES

El Museo Pushkin está cerquita del Kremlin y además se llega en Metro muy bien; la estación más cercana es la de Kropótkinskaya (Línea 1 Roja). Su visita puede llevar el día entero por la enorme cantidad de piezas que tiene, así que lo que hicimos fue seleccionar lo que más nos podía interesar, como solemos hacer en los grandes museos. 

El museo Pushkin de Bellas Artes  tiene varios edificios. Como abrían a las once,  estábamos allí un rato antes para aprovechar el tiempo y ya había una buena cola en el edificio principal. Nos dimos cuenta que en el segundo edificio no había nadie y decidimos empezar por allí y nos alegramos porque ese edificio encontramos una maravilla. Se llama la “Galería de arte de los países de Europa y América, siglos XIX-XX” donde encontramos una super colección de pintura. Así pudimos pasear con toda tranquilidad entre una destacada selección de impresionistas, posimpresionistas, neoimpresionistas y varios “istas" más: Matisse, Gauguin, Cezane, Degas, Renoir, Picasso, Monet… Dejan hacer fotos, así que hicimos nuestra selección. De verdad que merece la pena. 



Matisse en Moscú
"La Danza" de Matisse, uno de mis favoritos.

Sin embargo, el edificio principal debe ser el más valorado por los lugareños porque había mucha más gente. Allí están los fondos antiguos y las exposiciones temporales. 

Hay varios miles de obras “originales” (pintura, escultura y artes decorativas) que incluyen desde el Antiguo Egipto, Grecia, Roma y Bizancio hasta la pintura que alcanza el siglo XVIII, donde se encuentran los mejores como Rembrandt o nuestros Zurbarán, Murillo o Ribera. 

Recalco lo de “originales” porque una cosa curiosa del Museo Pushkin es la enorme sección de copias. La cosa tiene su historia y es muy interesante. Resumiendo, el museo fue creado a comienzos del siglo XX con fines educativos. Las copias de grandes obras maestras servían de modelo y de estudio para los alumnos de la universidad y más adelante, en la época soviética, como una manera de educar al público en general. Lo que es triste es que encuentres en Internet comentarios despectivos al respecto sin explicar los motivos y sin aclarar la inmensa cantidad de obras maravillosas y originales que hay.

Para esta parte del museo llevábamos tres "tareas". La primera era la búsqueda del "Papiro de Moscú" para Lorenzo, nuestro matemático en el grupo, que allí como están en Moscú no lo llaman así. Es un pequeño fragmento donde se aprecia uno de los problemas matemáticos que hay en sus ocho metros de largo. 

Papiro de Moscú en el Museo Pushkin
Papiro de Moscú

La segunda tarea era ver la "Olympia" de Manet que estaba en este museo como exhibición temporal en préstamo del Museo d’Orsay de París. El interés venía porque esa pintura aparecía en una novela que había leído en una lectura conjunta con un grupo de amigas: "Servidumbre humana" de William Saumerset Maugan. Una tontuna, pero me gustó.

Olympia en Moscú, préstamo del Museo d'Orsay de París
Olympia, de Manet

Y la tercera tarea no la pudimos completar, pero la pongo aquí porque la creo interesante y recomendable; y así tengo otro motivo más para volver a Moscú. Se trata del Tesoro de Troya. No es que a mí me emocione demasiado el joyerío, pero la historia que hay detrás de estas es emocionante: la historia del arqueólogo Heinrich Schliemann es muy interesante. 

Y aunque hablo de ella en otro sitio, no quiero dejar de mencionar a Irina Antónova, presidenta del Museo Pushkin y que ha sido su directora hasta 2013, llevando al museo a  lo más alto. Tiene en la actualidad 95 años y da gusto oírla hablar. Ella es la responsable de una gran cantidad de intercambios culturales con grandes museos de medio mundo.


MUSEO GLAZUNOV

El Museo Glazunov está justo enfrente del Pushkin, sólo hay que cruzar la calle. Este es un museo poco conocido, o al menos poco recomendado en las guías turísticas al uso. Leí algo de este polémico  señor en el libro de Daniel Utrilla y me fascinó su obra.

Ilya Glazunov nació en 1930 y en la actualidad vive en el palacete dónde está ubicado su museo. Pero hasta llegar ahí ha pasado por difíciles etapas en su vida. Monárquico declarado y anti soviético confeso, mantuvo una relación de amor y odio con el régimen comunista.

Ha tenido una vida intensa. Testigo y víctima de las atrocidades de la Gran Guerra Patria (que así llaman en Rusia a la Segunda Guerra Mundial) y con profundas ideas religiosas, estuvo a punto de ser deportado. Todo dio un giro cuando en 1981 lo pusieron al frente de un museo de artes decorativas soviético y pudo trabajar, junto con su esposa, en los decorados de la Ópera en Odessa.

A mí no es que me emocione demasiado la pintura histórica y religiosa, pero la de Glazunov es muy interesante. En primer lugar, por el tamaño tan impresionante de sus cuadros, pero sobre todo por la mezcla de figuras que incorpora, a veces de una forma bastante transgresora. Hace un recorrido por la historia de Rusia y del mundo, colocando personajes perfectamente reconocibles muchos de ellos.


Ilya Glazunov
El mercado de nuestra democracia, Ilya Glazunov (1999)

La otra faceta de Glazunov que me ha gustado es la colección de ilustraciones de la obra de Dostoievski, con cuya filosofía y forma de ver el mundo se siente muy identificado.



CATEDRAL DE CRISTO SALVADOR SALVADOR

Daniel Utrilla la llama la “catedral de quita y pon” y me gusta mucho como la describe en “A Moscú sin Kaláshnikov”: 

“En la margen izquierda del río, como si se hubiera escapado del huerto catedralicio del Kremlin, emerge con la rotundidad solitaria e inapelable de un iceberg la catedral de Cristo Salvador, el mayor templo ortodoxo de Moscú y del mundo, que fue dinamitado sin contemplaciones por orden personal de Stalin en 1931 y que Yeltsin volvió a recolocar sobre el tablero de la capital en 1997. Como un reflejo henchido, rotundo y fondón del espigado campanario del Kremlin, la catedral resurgió en su sitio como caída del cielo tras dos años de trabajos a contrarreloj para llegar a tiempo al 850º aniversario de la ciudad, envuelta la obra por la premura de las grandes gestas cósmicas.” (p. 185)

La historia de la “catedral de quita y pon”  es cuanto menos curiosa. La mandó construir el zar Alejandro I como monumento a la victoria sobre Napoleón en 1812. Tuvieron que pasar  setenta años y tres zares más (en realidad cuatro) para que se inaugurara en 1882. Así que tardó en construirse más tiempo del que estuvo en pie, porque tras la revolución, en 1931, fue demolida para construir en su lugar un mega edificio, el Palacio de los Soviets, que tendría que ser el edificio más alto del mundo.

Pero no llegó a construirse y en los años sesenta se reconvirtió en una gran piscina pública circular, desde luego la más grande del mundo, hasta que la catedral fue construida de nuevo en la era Yeltsin e inaugurada en 1997, algo así como un "ave fénix acuática"

La catedral en si, no es de las más bonitas. Para mí, merece la pena más la pequeña iglesia que hay en el sótano. Y atención los chicos, que no pueden entrar en pantalón corto y para todos en general: no se puede hacer fotos en el interior.


Si quieres saber más cosas de la catedral puedes leerlo en esta otra entrada del blog.

Cristo Salvador en Moscú
Catedral desde el Puente del Patriarca
Cristo Salvador y Puente del Patriarca
Catedral de Cristo Salvador y Puente del Patriarca



































Al salir de la catedral es interesante cruzar el Puente del Patriarca, que es como el rey de los selfis: es peatonal y la visión de la catedral es perfecta. También hay grandes vistas del río Moskova, del Kremlin por un lado y por el otro, la gigantesca estatua  de Pedro I el Grande (que por cierto parece Colón subido en una carabela!) y la antigua fábrica de chocolate Octubre Rojo.  


Estatua de Pedro I el Grande desde el puente del Patriarca

Y ahora …. a comer!!! 

Cruzando el Puente del Patriarca hay una especie de pequeña isla, formada entre el  Moskova y un canal de drenaje del río. Es la isla Bolotni, pero todo el mundo la llama de Octubre Rojo. Es la isla de la cultura indie, el contrapunto del beaterío ortodoxo de la otra orilla. La fábrica y sus alrededores se ha transformado en el paraíso bohemio o hipster o como quiera que se llame ahora. El caso es que la movida es fantástica: galerías de arte, estudios de diseñadores, cafeterías y restaurantes. 

Nosotros comimos muy bien en la terraza del Strelka (Institute for Media, Architecture and Design), que un centro cultural modernino, donde hacen cantidad de actividades y aquel día estaban preparando el escenario para una de ellas. Comimos en muy bien en la terraza con estupendas vistas al río y a la catedral; y en la librería compré un imán para el frigo con "El obrero y la koljosiana" en versión Mundial 2018

AQUÍ están todos menús del Strelka.

Por la tarde...

Después de comer dimos un buen paseo hasta llegar a la Calle Arbat. Desde la estación de Metro de Kropotkinskaya (hay que cruzar de nuevo el puente) parte un bulevar muy agradable, el Bulevar Gogol. Se llama así porque un extremo del bulevar lo preside una estatua de Nicolai Gogol. Me ha gustado este paseo bajo las sombras de una buena arboleda  en el que te encuentras con unos tenderetes donde artistas locales venden sus artesanías. Al mismo tiempo que forman sus tertulias, te ofrecen sus obras. Tenían pinta de enrollados, lástima de no hablar ruso porque hubiera sido un buen rato.


Nicolai Gogol en su bulevar

Hacia la mitad del bulevar hay un monumento muy original al escritor Mijail Sholojov, Premio Nobel en 1965, el de "El Don apacible".
Monumento al Premio Nobel, M. Sholojov


Y así, llegamos a la famosa calle peatonal, la Calle Arbat. Llena de gente, de tiendas, de cafés y restaurantes; con algún que otro puesto de dulces y helados (van quedando pocos) y bastantes artistas callejeros. "Parece" una calle peatonal más, como las que hay en muchas ciudades, pero es el típico sitio en el que te sientas a tomar un café y puedes ver a los lugareños en su salsa. ¡Y a mí eso me encanta! 



Cafeterías tuneadas

Mariscal Zhukov, héroe de la Gran Guerra Patria
Al fondo, mural del Mariscal Zhukov en la calle Arbat

Al rico helado!!
¡Al rico  helado!... y ¡al rico Kvas!!!
Y he dicho más arriba que "parece" una calle peatonal cualquiera, porque no lo es. Y no lo es porque no en muchas típicas calles peatonales comerciales tienen un pedazo de teatro, con la solera de casi cien años, como es este Teatro Vakhtangov. Y para llamar la atención de los paseantes tienen en la puerta una fuente con una escultura bien monina de la Princesa Turandot, la de la ópera de Puccini. ¡Mola!

Teatro Vakhtangov en la Calle Arbat de Moscú
La Princesa Turandot en el Teatro Vakhtangov en la Calle Arbat 



Y después del descanso en una terracita, puedes volver en el Metro. La estación Arbatskaya es una de las imprescindibles, así que aprovecha para disfrutarla. 


Estación Arbatskaya







viernes, 12 de agosto de 2016

¡Glamour… en un Carrefour!

No me he sentido mejor haciendo la compra que en un Carrefour de Burdeos porque  tiene un glamour especial. Sólo íbamos a comprar algo para hacer los bocadillos para el viaje y nos encontramos con un edificio muy curioso y además…. había un chico tocando un piano; ¡y eran las 10 de la mañana!! 



Este Carrefour está en el sótano de una galería comercial circular, que está en una plaza también circular. La plaza se llama “des Grands Hommes” y la galería también, claro. Está en todo el meollo de la zona noble de Burdeos, lo que llaman “el triángulo”, que es como un triángulo de oro. A pesar de estar rodeado de tiendas de mucho lujerío, nos han contado unos lugareños que el supermercado no es más caro que otros de la ciudad. Así que compramos los bocatas, rodeados de glamour y de música de piano.



El mercado tiene su historia. Es un edificio moderno, de 1991, de hierro fundido y cristal, que tiene algún premio, pero que acarreó su polémica como siempre pasa cuando se hace algo nuevo en una ciudad. 

En realidad el mercado, que sólo era de alimentación en un principio, viene de finales del siglo XIX y fue sustituido por una mole de hormigón, bastante fea parece ser, en 1961. Cuando se derribó a finales de los ochenta, los bordeleses se quedaron de piedra ante el gran agujero y reclamaron una rápida reconstrucción del mercado. Ahora todo el mundo está muy contento con la obra. A mí me ha parecido muy bonito. Además me gusta su nombre: “Mercado de los grandes hombres”. Montesquieu, Rousseau y Voltaire dan empaque a un bocadillo de “jamón de París”. 

Burdeos, agosto de 2016






jueves, 4 de agosto de 2016

Floristerías de guardia en Rusia

¿Necesitas una floristería de guardia? No, una farmacia, no. He dicho una floristería. En Rusia la encuentras sin problema. Hay floristerías de guardia, las 24 horas. 

Eran casi las doce de la noche y me pareció ver que había una abierta. “Estarán limpiando”, pensé. Pero había gente dentro y estaban comprando flores. En el escaparate había un letrero luminoso que decía 24. No entendía lo que ponía detrás de 24: “часа”, pero se entendía perfectamente. 

 Flores 24 horas en Yaroslav (Rusia)
Flores las 24 horas en Yaroslav (Rusia)


A partir de ese momento, fui prestando atención a las floristerías y encontré el “цветы 24 часа” ( Flores 24 horas) unas pocas de veces. Me ha encantado, que te regalen flores a cualquier hora me ha parecido de una sensibilidad increíble; ¡un punto más para los rusos!

  Flores 24 horas en Moscú
цветы 24 часа в Москве

Ya había leído que en Rusia se estila mucho lo de regalar flores para cualquier evento. Eso no es nada excepcional, en todos sitios hay flores y se regalan flores. Pero pregunté a una lugareña, a una rusa de pura cepa y me contó toda la parafernalia en torno a las flores. Me dijo que cualquier momento es bueno para regalarlas y enumeró posibles situaciones, que no sé si voy a ser capaz de recordarlas todas. 

Por ejemplo, si vas a visitar a alguien en su casa, aunque sean tus padres, tienes que llevar flores; si has quedado con una chica en una cafetería, tienes que esperarla con un ramo de flores; al profesor, cuando comienza el curso, cuando termina, antes de un examen después del examen…. Ufff!!! yo creo que aquí se estaba quedando un poco conmigo. Y por supuesto, a los difuntos. No sólo en el entierro y en fechas señaladas, que también se le lleva flores a los ocho días, al mes y no se cuantas veces más. 

Eso sí, ojito con el número de flores que se regalan. Tienen que ser impares,  que las pares son solamente para los difuntos y debe dar un yuyu que te regalen flores pares!!! Creo que en Rusia son muy, pero que muy supersticiosos. 

Moscú, julio de 2016



miércoles, 3 de agosto de 2016

Moscú 2016: ¿Bajamos al Metro?

Si vas a ir a Moscú, puede que te plantees la pregunta de si será complicado usar el Metro, sobre todo por el idioma. Además, hay mucha leyenda urbana sobre si es o no es seguro… He llegado a pensar si no sería una estratagema, no sé si legítima por otro lado, de las numerosas agencias que ofrecen “recorridos guiados” por las estaciones más famosas.



Pero a nosotros nos pareció más interesante ir por nuestra cuenta. Por un lado, usarlo como medio de transporte para ahorrar tiempo y agujetas en las largas distancias, pero también para visitar ese otro museo que tiene Moscú en sus entrañas. 

Líneas de Metro. Moscú


El Metro de Moscú es sencillo y divertido. Es sencillo porque todo está automatizado, como en cualquier otra ciudad. Aunque las máquinas donde puedes comprar  los billetes son fáciles de usar, lo mejor es ir directamente a la ventanilla y usar el ”método digital”, que consiste en señalar con los dedos cuantos billetes quieres, a 50 rublos el trayecto, sobre 0,70 €. Y la señora de la ventanilla, porque son siempre señoras, no tiene ningún problema en entenderte porque deben estar más que acostumbradas. Así que primer problema resuelto. Además hay vigilantes en la entrada que te ayudan si tienes alguna dificultad.


Billetes del Metro de Moscú
Billete de Metro y máquina expendedora

Otro problema que se puede plantear es el de aclararse con las distintas líneas, por los nombres en cirílico. Aquí os propongo varios trucos, pero verás como al rato de estar dentro os habéis familiarizado con los nombres, aunque sólo sea considerando las palabras como si fueran dibujos:

1. Utiliza mi super chuleta del cirílico y practica con los nombres de las estaciones un poco antes del viaje. Yo lo hacía como un juego, como si hiciera el Sudoku del día.

2. La aplicación para el teléfono "Yandex.Metro" funciona muy bien aunque no tengas Internet (además, hay Internet en el Metro). La app es rusa, pero tiene la opción en inglés, por lo que es fácil leer los nombres de las estaciones.


Wi-FI y App del Metro de Moscú
App y WI-FI en el Metro de Moscú

3. Una curiosidad para estar seguros de ir en el sentido correcto: una vez que estás dentro del vagón, por los altavoces te van indicando la línea en la que vas y cuál es la siguiente estación, como en cualquier línea de Metro del mundo. Pero al ser en ruso...., uff!! no hay forma de saber que dice. Pero hay un truco: si la voz es de hombre, vas en dirección al centro de la ciudad. Si por el contrario, la voz es femenina, es que vas en dirección contraria al centro.

¿Y si estás en la línea circular que es donde están casi todas las estaciones súper chulas? Pues también funciona el truco: la voz masculina indica que vas en el sentido de las agujas del reloj y si la voz es de mujer, es que vas en sentido contrario.

4. Hay mucha vigilancia. Los policías con sus super gorras suelen ir de cuatro en cuatro y son casi siempre chicos jóvenes que hablan inglés. Así que cuando hemos tenido alguna duda, nos la han resuelto amabilísimamente. ¡Vaya que ha cambiado el país!, porque estos policías me han recordado a otros policías gigantones que en el metro de San Petersburgo nos pusieron una multa por hacer una foto. Y de eso hace solo 12 años. Lo más genial a propósito de las fotos es el punto rojo que hay en el suelo en los lugares más emblemáticos del Metro para indicarte la distancia perfecta para el selfie. ¡Igualito que en 2004!




selfie

Y lo más divertido es el orden en las larguísimas escaleras mecánicas que te llevan a las tripas de Moscú.  ¡No puedes desmandarte ni un segundo! Todo el mundo se "tiene" que situar a la derecha, en fila. No puedes ir haciendo el típico corrillo que a los españoles nos gusta tanto para ir hablando todos al mismo tiempo. Pues no, porque en la parte de abajo de cada tramo hay una garita con una señora (señora, otra vez) que te recrimina por un altavoz si haces algo que no debas como, por ejemplo, no situarte correctamente. Yo no entiendo una patata de ruso, pero pude comprobar que esto era así por el bocinazo que le dio una de ellas a un niño que iba haciendo el cabra por el tramo de subida mientras nosotros bajábamos. El chiquillo dio un par de brincos y se colocó la mar de derechino, con la consiguiente regañina de su madre. Estaba clarísimo, y sin saber ruso!!!


En fin, en mi proceso de “rusificación” al empezar a preparar nuestro viaje a Moscú, decidí diversificar mis lecturas cuanto pude. Una de ellas fue la web de la agencia de noticias rusas Sputnik. De ahí es este enlace  donde están “Los datos más curiosos sobre el Metro de Moscú”. Que no quiero dar números aquí, sino contar nuestra experiencia porque insisto que ¡todo en fácil en Moscú! Así que si os interesan los datos, ahí hay lectura. 

Y en otra entrada hablaré de las maravillas que encuentras en el Metro de Moscú: “Un palacio de los zares para el pueblo”


lunes, 1 de agosto de 2016

La Plaza Roja de Moscú



Llegamos a Moscú a última hora de la tarde, era julio con un tiempo fantástico. Nos esperaba un plan bien completo al día siguiente, pero había que salir, había que ir a la Plaza Roja de inmediato.

Entramos por donde corresponde, por la Puerta de la Resurrección después de pisar el Kilómetro Cero. La puerta por donde pasaron los reos camino del patíbulo; por donde entraron los zares y por donde acudieron “los obreros de las fábricas de los barrios que traían a sus muertos” (1) un día de aquel octubre de 1917.




Al entrar no vi la plaza, es decir no presté atención al espacio central porque los edificios que la rodean me sobrecogieron. ¡Qué extraña sensación! Una mezcla de edificios sin relación aparente entre ellos, tan perfectos, tan limpios. Cada uno con su historia, todos ellos testigos de increíbles episodios que estremecieron el mundo. Me dieron entonces ganas de girar sobre mi misma, para no pasar por alto ningún detalle. La había visto tantas veces en el cine…., pero no, no era lo mismo. 

Y de pronto miras la plaza. No hay nada, es un espacio muy limpio y cuidado, pero sin nada. No hay bancos, ni árboles, ni fuentes, como en las plazas que yo conozco. Entonces me doy cuenta de la gente que nos rodea, todo el mundo tan asombrado como yo. Haciendo fotos y más fotos. Y pienso que es eso, que la Plaza Roja son la gente que está allí, que esa es su grandeza. Ahora somos los turistas con nuestros teléfonos inteligentes y los palos de selfies, pero antes fueron otros muchos los que escribieron la historia de la humanidad en esta plaza. Y para eso está Lenin en su mausoleo para recordarlo. 


Lenin en la Plaza Roja en 1919
Discurso de Lenin en 1919


Imaginé en ese momento a la muchedumbre escuchar y aclamar a Lenin en la tribuna; también imaginé a los moscovitas celebrando el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi cada nueve de mayo con los grandes desfiles que retumban en el empedrado tan lustroso…, porque la Plaza Roja tiene algo de sagrado, que para eso es el corazón de Moscú.
  


Pero quise llevarme otra visión más amable de la plaza. Entonces pensé en la anécdota del joven alemán que posó su avioneta en la plaza en 1987; me imaginé como sería el “Festival del Libro” que hay en junio en la plaza para conmemorar a Pushkin; y me vino a la cabeza entonces un disco, un vinilo, que mi cuñada Estrella me trajo de Moscú hace ya años y que recogía el “CHOBA B CCCP” (Back in the URSS), el concierto que Paul McCartney dio en la Plaza Roja en mayo de 2003.  Lo estoy escuchando mientras escribo esto, aunque se me viene a la cabeza todo el rato “La Internacional”

Julio, 2016

Paul McCartney, "Back in the URSS"


(1) John Reed, Diez días que estremecieron el mundo