lunes, 21 de septiembre de 2015

La biblioteca Cortázar en la Fundación Juan March de Madrid.


Siempre me han fascinado dos cosas con respecto a los escritores, además de sus libros, claro. Una son los lugares donde vivieron, sus casas, el ambiente que los rodeaba tanto en su infancia como en su etapa adulta.

Y la otra es conocer cuáles habían sido sus lecturas, que libros había en su biblioteca particular, que lecturas habían sido guía en su formación como lector/escritor y que le habían llevado a escribir de una determinada manera o de unos temas en concreto.

Y hace unos meses tuve la oportunidad de tener en mis manos los libros de la biblioteca particular de Julio Cortázar, así como de poder escuchar las entusiastas explicaciones de las personas encargadas de la Biblioteca Julio Cortázar en la Fundación Juan March. Son los libros que tenía en su casa de París en el momento de su muerte. Allí están Lezama Lima, Poe, Borges, Cocteau, Onetti… Están Góngora, Homero, Mallarmé ….  Arte, historia, ciencia, cine, música….  Están también sus obras traducidas a muchos idiomas. Y las traducciones que hizo de otros tantos, como de las obras completas de Poe.

Me han llamado especialmente la atención los cuentos de horror, casi todos en inglés. Esa afición le llevaría a traducir genialmente la obra de Poe. Bien curiosas las dedicatorias de algunos autores y, sobre todo, las anotaciones a algunas lecturas; genial algunas como: “penoso”.  Estaba escrito al final de uno de los cuentos del libro de Borges de apenas unas pocas páginas, “El informe de Brodie”, el titulado “La intrusa”. 

Pero lo mas de lo mas, los traspapeles Me siento totalmente identificada con él (perdón por el atrevimiento) por esta manía. Recortes de periódico, un billete de metro, una carta, un dibujo son los traspapeles que recuerdan un instante y que se encuentran en sus libros. 

Y como siempre me gusta ponerme un tarea cuando hago alguna de estas visitas, ahí va la de hoy. Es un libro de Jean Cocteau, OPIUM. Porque no es un libro cualquiera, que ha sido un libro de cabecera para Cortázar. Habla de él en un libro de entrevistas: 

“Y ese librito de Cocteau (Opium) me metió de cabeza, no ya en la literatura moderna, sino en el mundo moderno... Porque en ese libro, que es un diario de apuntes, Cocteau habla de todo. Habla de Picasso, habla del surrealismo, del cubismo, habla de Raymond Roussel, habla de Buñuel, habla de cine, hace dibujos. Es una especie de fantasmagoría maravillosa en doscientas páginas de todo un mundo que a mí se me había escapado totalmente”. (Julio Cortázar, en "La fascinación de las palabras", Julio Cortázar y Omar Prego Gadea. Buenos Aires, Alfaguara, 1997, p. 67) 


Así que ahí ando, metida en "Opium, diario de una desintoxicación".



 Trasteando con Miguel en la biblioteca de Cortázar.


Dedicatoria de Octavio Paz en los "Discos Visuales"















sábado, 19 de septiembre de 2015

Ara Malikian, ¡¡culpable!!


El Teatro López de Ayala de Badajoz se venía abajo anoche. Culpable, Ara Malikian y su súper banda con el teatro lleno a rebosar y de la gente pasándolo pipa. Culpable de hacernos pasar dos horas increíbles. Culpable de que saliéramos cargados de energía positiva. Este tipo es un gran músico y es también un tipo muy divertido. 

Ya lo habíamos visto hace unos cuatro años en el mismo teatro y creo que algunas de las anécdotas que contó eran las mismas o parecidas, pero no nos importó. Tienen mucha gracia las introducciones que hace de cada tema que tocan, nos hace cómplices de lo que está sucediendo en el escenario. Hace reír y muestra el toque universal que tiene este violinista de origen armenio que decidió quedarse a vivir en España porque se enamoró del jamón ibérico

Dimos con ellos un paseo musical vertiginoso desde la música libanesa o judía hasta Vivaldi, Falla o Sarasate pasando por los británicos Boy George o Radiohead hasta recalar en el gran Paco de Lucía. Flipé con la versión que hicieron del “No Surprises” de Radiohead, en algo se tenía que notar mi edad. Sus propias composiciones, alucinantes. 

En fin, mágicas acrobacias con su violín y un intenso trabajo de coordinación del grupo, donde nada estaba fuera de lugar ni de tiempo. Todas las piezas de ese increíble puzzle encajaban a la perfección. 

No faltó, como todos esperábamos, el toque reivindicativo que siempre da a sus conciertos y entrevistas con respecto al genocidio del pueblo armenio del que se cumplieron cien años el pasado 24 de abril. Ha dicho en algún momento: “… es un hecho histórico y quiero hacerlo por respeto a mis abuelos y al millón y medio de armenios que murieron”


El toque chungo del concierto, una chica sentada en la fila de delante que grabó con el móvil casi todo el concierto. Me ponen de los nervios los móviles en estos eventos, sobre todo porque me distrae de lo que estoy viendo en el escenario. ¡Ya le vale, estando YouTube!

Badajoz, 18 de septiembre de 2015
Ara Malikian en Badajoz
Ara Malikian en Badajoz

sábado, 12 de septiembre de 2015

Un café con José Saramago en Lanzarote



“Uma casa feita de livros”

 “La noche de Lanzarote es cálida, tranquila. ¿Nadie más en el mundo quiere esta paz?”   Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) p. 444

Me gusta la playa, pero no somos de estar en ella ratos y ratos. Por eso en el viaje a Lanzarote en 2011 teníamos programadas otras actividades. Las playas también, por supuesto, pero el cafelito en la cocina de Saramago fue de lo más genial. Y el resto de su casa de Tías también, claro.
  
“Uma casa feita de livros”
Todo parecía estar esperando.
La casa de José Saramago en Lanzarote es muy interesante. Comparten con el visitante cada uno de los rincones que disfrutaba en su día a día. Su sillón de lectura, el estudio con sus papelotes, la terraza con vistas al mar que relaja un montón…  Por entonces hacía un año que había muerto y  todo en la casa daba la sensación de estar esperando a que llegara en cualquier momento. 

Pero lo más de lo más fue la cocina. Porque para mi la cocina es el alma de una casa, es el lugar de reunión perfecto donde se comparte una copa de vino mientras terminas de preparar la comida. Y en la cocina de a casa feita de livros” tomamos un mágico café portugués compartiendo charla con nuestro guía, en las sillas que antes habían sido ocupadas por un montón de escritores de tronío. 

Era una visita guiada, pero fue muy especial porque estábamos nosotros dos solos, Lorenzo y yo. La persona que nos enseñó la casa puso en ello el entusiasmo que se pone cuando estás entre amigos. Así nos sentimos con su agradable conversación sin prisas.

“Uma casa feita de livros”
El Cafelito portugués
La biblioteca, mi punto flaco,  es de lo más acogedora; no es la típica biblioteca fría que encuentras en algunos sitios. Está pensada para acoger a personas al tiempo que libros. Y allí anduvimos rebuscando, a la caza y captura de uno de los libros de Saramago que habían editado en Badajoz años atrás nuestros buenos amigos de Del Oeste Ediciones. Y, efectivamente, allí apareció “El año de 1993” de la colección "Libros del Oeste Ilustrados". Una preciosa edición con dibujos de Juan Barjola.




Y aquí pasó Saramago sus últimos dieciocho años. Dice Pilar del Río que en Lanzarote encontró la aldea de su infancia, la paz que siempre buscó. 


“Estar sentado frente al mar. Pensar que ya no quedan muchos años de vida. Comprender que la felicidad es apenas una cuestión personal, que el mundo, ése, no será feliz nunca. Recordar lo que se hizo y parecer tan poco. Decir: “Si tuviese más tiempo...”, y encoger los hombros con ironía porque son palabras insensatas” Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) pág. 372

"El año de 1993" José Saramago

“Uma casa feita de livros”
El estudio

“Uma casa feita de livros”


“Uma casa feita de livros”
Buscando "El año de 1993"
“Uma casa feita de livros”
Buscando "El año de 1993"

El mar desde el jardín de "A casa"


lunes, 7 de septiembre de 2015

Comer muy bien en un mercado. La Boquería de Barcelona

Comer en un mercado. La Boquería de Barcelona


Esta es otra de mis manías, los mercados. Tengo que pasar revista a los mercados de las ciudades a las que viajamos porque hablan por sí mismos.  

Recordé la Boqueria hace unos meses a propósito de la polémica suscitada cuando el ayuntamiento de Barcelona quiso limitar el acceso al mercado a los grupos de turistas organizados para evitar aglomeraciones.  
En fin, yo he ido al Mercado de La Boquería como turista varias veces (la última en 2014). No íbamos en grupo organizado, que sólo íbamos dos y no quisiera que me prohibieran la entrada porque me encanta. Me gusta el barrio donde está situado porque es la Barcelona que describen extraordinariamente los maestros Vázquez Montalbán y Gonzalez Ledesma en sus novelas. Me gusta ese arte que tienen para preparar los puestos con el colorido inmenso de frutas, pescados, carne y demás. Y sobre todo, me gustó a rabiar comer dentro del mercado en un bar que era como un puesto más, con una pequeña barra y unas pocas mesas altas con taburetes. No muy cómodo, claro, pero con una cocina exquisita. Se llama Pinotxio y comimos unas chuletas de conejo con setas que estaban de muerte con una copa de cava. Simplemente sublime

sábado, 5 de septiembre de 2015

El hechizo de los páramos en las Brontë

La inmensa soledad, el hechizo y la desolación de los páramos.. y su biblioteca

Continúo con la serie sobre casas de escritores. Creo que el lugar donde alguien ha vivido, el ambiente que le ha rodeado marca a una persona. Y en el caso de un escritor influye notablemente en sus libros. Estoy convencida de ello.



Y este lugar que traigo hoy, este ambiente donde vivieron las hermanas Brontë en pleno siglo XIX es de los de armas tomar. Charlotte, Emily y Anne Brontë vivieron en Haworth, West Yorkshire (Inglaterra). Su casa es hoy un museo (Brontë Parsonage Museum) donde se conservan algunas de sus pertenencias, recuerdos de familia y bastante del mobiliario original. Pero lo más interesante para mí es su biblioteca que es la mas completa que existe sobre las tres hermanas.






Visité esta casa en 2007 con un grupo de profes de inglés que estábamos haciendo un Curso Comenius en Lancaster. Era verano y hacia buen tiempo. Aún así, impresionaban los páramos que rodeaban la casa. No quiero ni imaginar lo que serían esos páramos azotados por el viento en los largos inviernos ingleses de la época en la que vivieron las Brontë. Además, la casa estaba (y sigue estando) junto al cementerio. Se ha escrito mucho sobre lo insalubre de las aguas contaminadas que abastecían Haworth porque las fuentes y molinos de los que tomaban el agua estaban a menor elevación que el cementerio. Da cosa decirlo, pero los enterramientos en el suelo de la época rezumarían todo tipo de inmundicias que contaminaban el agua sin duda. Y tan sin duda, como que hay informes de la época al respecto. La salud de sus habitantes no sería muy de envidiar, desde luego. ¡La esperanza de vida en 1850 era de 25 años, total nada!

La inmensa soledad, el hechizo y la desolación de los páramos que rodean la rectoría donde vivieron las hermanas dieron la fuerza increíble que vemos en sus escritos. 





 En la actualidad, Haworth es un pueblito turístico de lo más molón, lleno de flores, con sus tienditas típicas inglesas que tanto me gustan y los pequeños cafés donde tomar el té con esas tartas tan ricas. 





Pero volviendo a las Bronte, estos recuerdos me han llevado estos días a releer a la Emily de "Cumbres borrascosas". Esta vez la he apreciado mucho más que cuando la leí siendo jovencita, tiempo ha.... También he visto la peli que sobre la novela dirigió  William Wyler en 1939, mucho mejor que la última versión de 2011 que no me gustó nada. Tengo pendiente la versión de 1992 con Juliette Binoche y Ralph Fiennes que tiene que estar bien a la fuerza.


Sin duda creo que se aprecian las historias que se cuentan en las novelas mucho mejor cuando has vivido la experiencia cercana a los autores. Otro motivo más para seguir viajando. 

Badajoz, septiembre de 2015

lunes, 31 de agosto de 2015

El "rincón de pensar" de Wallander

El "rincón de pensar" de Wallander

Cuando viajamos, me gusta siempre buscar algún rincón literario. Me gustan las casas de los escritores, pero también me gustan los lugares que aparecen en las novelas que leo. Tengo una larga lista para visitar, pero la que hacía tiempo que tenía en el primer puesto de los Top Ten era la Escania de Wallander.




Y en 2013 estuvimos por fin en la Scania de Henning Mankell. Ystad  es la ciudad sueca en la que se desarrollan la mayor parte de las novelas en las que interviene el Inspector Wallander, Kurt Wallander.  No podía faltar la visita al número 10 de Mariagatan, la calle donde vive nuestro personaje. Porque es todo un personaje, muy especial. A mí me tuvo entretenida muchos años, aguardando la publicación de la siguiente novela. 

Pasear por el pueblo era como bucear en la atmósfera de sus historias, a lo que contribuyen las autoridades locales sacando provecho turístico al asunto. Sin ir más lejos, la oficina de turismo es monotemática de Wallander.


Oficina de turismo de Ystad (Suecia)

Pero lo que realmente me impresionó fue el “rincón de pensar” de Wallander. Cuando tenía algún tipo de conflicto en sus investigaciones o en su vida personal, que eran muchos en ambos casos, se plantaba en Ales Stenar. Ales Stenar es un lugar que realmente invita a pensar porque tiene algo de mágico, es como el Stonehenge sueco. 

Mirando al mar Báltico en lo alto de un acantilado está este conjunto de 59 piedras rodeado de misterio. En la novela dice que es una “formación circular”. Puede que sea la traducción o que el autor lo haya querido así, pero el caso es que las piedras están colocadas haciendo la forma de un barco de 67 metros y parecen tener una antigüedad de 1400 años. Hay interpretaciones para todos los gustos, pero yo me quedo con la de que es un calendario solar. 


“En lugar de ir directamente a casa de su padre (Wallander) continuó unos kilómetros adentrándose por el camino de grava que llevaba a Backakra y que serpenteaba entre dunas ondulantes. Dejó el coche en el aparcamiento vacío y subió a la colina, desde donde podía ver la dilatada superficie del mar.Allí había una formación circular de piedras. Un círculo para la meditación, construido en piedra unos años antes. Invitaba a la soledad y a la tranquilidad del alma. Se sentó en una de las piedras y contempló el mar.”  Henning Mankell, Asesinos sin rostro, Capítulo 8

Y es verdad que el lugar invita a la meditación y al sosiego y las vistas al mar desde el acantilado son impresionantes. Lo malo, o lo bueno según se mire, era el gentío como ocurre con todos los lugares turísticos. Lo malo porque hace falta mucha concentración para conseguir la “tranquilidad de alma” de la que habla Mankell, aunque se puede conseguir, doy fe. Lo bueno, es que la gente se mueve por todos lados, viajando  deseosos de conocer lugares y asimilar experiencias. Y eso es grande, muy grande.

Me enganchó Mankell con su inspector Wallander desde el primer libro que leí de la serie. Es un tipo interesante. Le suelo seguir la pista y hace unas declaraciones de peso en las entrevistas que concede. Con “Asesinos sin rostro” empieza la serie. Había estado viviendo en África y cuando volvió a Suecia en 1989, se quedó pasmado por la xenofobia que había empezado a aparecer en la sociedad sueca y decidió empezar a escribir sobre ello. Como según Mankell el racismo es un delito, necesitaba un inspector de policía. Así nació Kurt Wallander

En el número 10 de Mariagatan
Subida a la colina de Ales Stenar con el Báltico al fondo

Ales Stenar















http://henningmankell.com/books/

miércoles, 26 de agosto de 2015

Los jubilados de la Bolsa de Madrid

Los jubilados de la Bolsa de Madrid, a la calle.

Madrid, junio de 2015

Madrid es una fuente inagotable de actividades, siempre hay algo más que hacer. La última vez que estuve en Madrid, Miguel me recomendó una visita guiada al Palacio la Bolsa de Madrid porque sabía que me iba a gustar. Y así fue. 

Yo no entiendo una patata de economía, ni de la Bolsa, pero resultó ser una visita bien curiosa. Por ejemplo, supe que aunque el edificio se inauguró en 1893, el Estado tuvo que asumir la deuda de su construcción y decoración en 1921 pasando a ser propiedad de Patrimonio. Ya vemos como la historia de los dispendios no es nueva. 

Me pareció muy interesante la sala del parqué donde tenían lugar los griteríos del “compro/vendo” al ritmo de la campana. Todo ello restos del antiguo sistema de cotización que fue sustituido por el sistema electrónico. Ahora no hacen falta muchas personas físicas en la sala. Aquel día sólo estábamos el grupo de la visita, un equipo de TV  que iban a conectar para hablar del Ibex 35 y lo que más me gustó.... señores mayores sentados aquí y allá mirando los paneles. Formaban parte del paisaje bursátil: eran jubilados de la Bolsa que añoran su trabajo y acuden cada mañana al parqué . 


Hoy sé que a partir de septiembre van a prohibirles la entrada porque al parecer dan mala imagen. Ya les vale!!!