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jueves, 6 de agosto de 2026

Pasatiempos del verano


Y de otros veranos…

Ya está aquí agosto. El verano va que vuela y yo sigo entregada a las actividades propias de la estación. La principal consiste en no hacer casi nada. Y en ese «casi» cabe bastante: leer —mucho—, darme un chapuzón en la piscina, disfrutar de una buena siesta y dejar que las horas pasen con esa lentitud que solo el calor parece concedernos.

Bueno, también escribo un poco. Y, para qué negarlo, ando bastante enganchada a esas aplicaciones de juegos mentales y de aprendizaje de idiomas que prometen mantener en forma nuestras neuronas. Todo muy digital. Ya nos hemos acostumbrado —¿o será que nos han malacostumbrado?— a los retos breves, las respuestas instantáneas y esa sensación de que todo tiene que suceder deprisa.

No sé si esos juegos conseguirán mejorar mi memoria o mi agilidad mental. Lo que sí sé es que entretienen bastante durante las largas tardes estivales.

Pero, como suele ocurrirme, una cosa me ha llevado a otra.

Mientras resolvía uno de esos pasatiempos en la pantalla del móvil me acordé de los veranos de los años ochenta y noventa, cuando las vacaciones empezaban mucho antes de salir de casa. Había que llenar el coche de latas de conserva, enganchar el carro tienda y desplegar sobre la mesa las Guías Michelin, la Guía Campsa y toda aquella documentación que las embajadas en Madrid enviaban tan amablemente a quien la solicitaba. 

Muy Interesante y Guías Michelin años 80 y 90
Todo esto lo tenía bien guardado

Conservo todavía algunas de aquellas Guías Verdes Michelin. Están en francés y durante años pensé que era porque las comprábamos así, sin más. Luego descubrí que no: la mayor parte de las guías dedicadas a otros países no se tradujeron a español hasta bien entrados los años noventa. Así que preparar el viaje incluía también un pequeño ejercicio de traducción. Aquel esfuerzo formaba parte del viaje tanto como hacer la maleta. Después solo quedaba arrancar el coche y hacer kilómetros por España y por buena parte de Europa.

Guardo un recuerdo entrañable de aquellos viajes familiares. No era solo el placer de descubrir lugares nuevos; también estaba la convivencia, el tiempo compartido con los hijos, las amistades que nacían en los campings o las familias de Badajoz con las que, muchas veces, compartíamos viaje. El verano tenía entonces otro ritmo y otra manera de medir el tiempo.

Y, de pronto, me vino a la cabeza uno de aquellos pasatiempos completamente analógicos que nos mantuvo ocupados durante horas en nuestros viajes de camping.

Todo empezó al encontrar una fotografía —analógica también, naturalmente— tomada en un camping. Allí aparecemos alrededor de un enorme crucigrama desplegado sobre la mesa. Era el famoso «crucigrama más grande de España», un suplemento que publicó Muy Interesante, revista a la que llevábamos suscritos prácticamente desde que nació y que aún guardamos debidamente encuadernadas. Venía incluido como un gran desplegable de papel insertado en la revista.


Camping en fecha indeterminada completando el crucigrama más grande de España de 1986
A vueltas con el "crucigrama más grande de España"
 en un camping no sé cuando...

Aquello era mucho más que un crucigrama. Era una auténtica prueba de resistencia familiar. Había preguntas de cultura general —cuando todavía se llamaba así—, de ciencia, de historia, de naturaleza… En definitiva, de todo aquello que la revista acostumbraba a divulgar con tanta habilidad. Resolver una palabra llevaba a otra; una respuesta provocaba una discusión; alguien recordaba un dato, otro lo corregía y, entre todos, íbamos rellenando aquellas interminables casillas.


Muy Interesante. Agosto de 1986
Número 63 de agosto de 1986

He rebuscado estos días en las cajas de plástico donde guardo fotografías, mapas, papeles y toda esa colección de recuerdos que una nunca se decide a tirar. El crucigrama no ha aparecido. Quién sabe qué fue de él después de tantos kilómetros, tantos campings y tantos veranos.

Pero, aunque el papel se haya perdido, el recuerdo sigue intacto. Y quizá eso sea lo importante. Porque antes de que los móviles nos propusieran un reto diario, nosotros ya entrenábamos la memoria, la paciencia y hasta la convivencia alrededor de una mesa de camping. Sin darnos cuenta, aquellos crucigramas también formaban parte del viaje, en aquellos años en los que viajar de camping era nuestra forma de conocer el mundo.


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España) 

Agosto de 2026


sábado, 30 de noviembre de 2024

LUNA, la revista de los asilados en la embajada de Chile en Madrid


Tenemos buenos amigos en Chile. Ya he hablado otras veces de Juan y Yoli. Juan Pino y Yolanda Acuña saben de mis aficiones y siempre me tienen al día de novedades chilenas relacionadas con España. Me envían “al tiro” noticias como la que Juan me envió ayer, recién recién salida del horno.


Hace un par de días, el 27 de noviembre se ha puesto a disposición de investigadores y también de curiosos como yo un tesoro impresionante. La Biblioteca Nacional de Chile ha digitalizado y subido a su web 30 números de una revista llamada LUNA y que tiene detrás una historia interesantísima.





LUNA fue publicada clandestinamente en Madrid entre noviembre de 1939 y junio de 1940. Era Madrid, pero en realidad era Chile porque todo ello ocurrió en la Embajada de Chile.





En estos 30 números, centrados en la literatura, el arte y la reflexión, publicaron 17 republicanos antifascistas que estuvieron refugiados en la embajada chilena durante varios meses; autores amenazados por la censura franquista […] y que plasmaba la compleja situación sociopolítica que dominaba en el país. 


Cuentan en la web de Radio Universidad de Chile que a 85 años de su primera edición, el Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile, junto a la Biblioteca Nacional y el Centro Cultural España de Santiago (CCESantiago), anunció la digitalización de la colección completa de la revista, cuyos ejemplares -escritos a máquina, en papel barba y repletos de ilustraciones del pintor y dramaturgo Santiago Ontañón–  fueron custodiados por el diplomático chileno Germán Vergara.


Desde que este documento llegó ayer a mis manos, no he podido parar de leer. Poemas, crónicas teatrales, cuentos, testimonios de la situación del país, notas de lectura… Aquí hay entretenimiento para curiosos, pero, sobre todo, un material extraordinario para investigadores y estudiosos de la literatura y de la situación política y social del momento.  



Inmensamente agradecida a ese maravilloso país que tanto me gusta. Chile tuvo un papel esencial en la acogida a tantos españoles después de la guerra civil y ahora esto es una guinda que ponen al pastel.


Y muy agradecida también a mis amigos Juan y Yoli por estar siempre atentos a estas noticias y compartirlas con nosotros.


No os perdáis la revista LUNA que podéis descargar, aquí en la web de la Biblioteca Digital de la Universidad de Chile


Pilar Otano Cabo. 

Badajoz (España)

29 de noviembre de 2024


jueves, 2 de marzo de 2017

"disco expres", una ventana al mundo

Con mis tontunas de las bibliotecas, hoy he recalado en la Biblioteca Nacional, en Madrid. Ya había estado otras veces, en alguna exposición y en una visita guiada, pero hoy tenía curiosidad por verla por dentro, de verdad, como lector. Así que aquí me he plantado, me he hecho usuaria y ya tengo mi carnet de la Biblioteca Nacional. 

Portada de la revista con Elvis Presley

Mi pretexto ha sido la consulta a una revista del año 1969 a la que le tenía ganas hace un montón de tiempo. Y es que cuando yo tenía quince años, en aquella España un poco triste y gris, descubrí en Pamplona una revista donde se contaba que había otro tipo de música muy distinta a la que esa España oficial nos tenía acostumbrados. Aquella revista se publicaba allí, en Pamplona, donde los veranos íbamos a visitar a la familia de mi padre. Se llamaba “disco expres” y me abrió una ventana inmensa a un mundo desconocido para mí. 

Cuando volví a Badajoz de las vacaciones corrí a suscribirme y cada semana acudía al buzón a recoger mi tesoro.  Las guardé como lo que  eran, un tesoro, durante años hasta que no sé ni cuándo ni cómo desaparecieron. 

Y aquí estoy ahora, en una de estas salas imponentes de la Biblioteca Nacional, esperando a que la persona encargada me traiga las revistas para comprobar que era lo que tanto me fascinaba de aquel “disco expres” de finales de los 60.

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"disco expres" se editaba en Pamplona

¡Uaaauuu!! ¡Qué emocionante! Ya están aquí, en una caja de cartón. No sé cuantas veces se habrá consultado esto, pero me siento especial abriendo la caja. Podrá parecer una tontería, pero me ha emocionado. 

"disco expres", la revista de música de los años setenta

Aquí está todo, en esta revista en blanco y negro está todo el mundo musical de  mis quince años. Aquí conocí a los Rolling, a los Creedence, a Nina Simone, Jethro Tull, Jim Morrison, los Bee Gees, Pete Seeger, Manolo Díaz, …. y claro, mi adorado Elvis!! Había secciones como “Los Hits del mundo” con las listas de éxitos de un montón de países. Concursos en los que tenías que contestar a una serie de preguntas de contenido. Y por correo postal!!, nada de emails instantáneos o un “me gusta” del FaceBook, allí había que currárselo. 

El precio de cada ejemplar eran 6 pesetas y la suscripción anual, 240 pesetas. No lo recuerdo, pero supongo que tuve que ahorrar lo mío para pagar la suscripción, pero sin duda que mereció la pena. Además, no existía el PayPal para pagar y habría que ir a Correos para poner un giro postal. Toda una parafernalia que hace que mis recuerdos sean aún más interesantes.

Madrid, febrero de 2017

Me recordó la revista hace unos meses José Miguel López en su genial programa de Radio3, Discópolis. Gracias, maestro.