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sábado, 12 de septiembre de 2026

La librería donde los libros no nos dan la espalda

La sorprendente Livraria Esperança de Funchal

Pilar Otano entre las estanterías de libros expuestos de frente en la Livraria Esperança de Funchal
En el laberinto de la Livraria Esperança.

No recuerdo dónde, pero hace años tuve noticia de una librería muy especial que había en Funchal, en la isla de Madeira. Desde entonces, la Livraria Esperança figuraba en mi lista de lugares que visitar cuando surgiera la ocasión. Y la ocasión llegó durante nuestro viaje a Madeira de la pasada primavera.

Así que una de las primeras cosas que hicimos al llegar a Funchal fue buscar aquella librería tan singular.

¿Singular por qué?

Pues porque allí los libros se exhiben «por la cara». Quiero decir que se muestran de frente, enseñando sus portadas, y no los lomos, como suele ser habitual. En esta librería, los libros no esperan discretamente de perfil: se vuelven hacia quien entra, los miran y parecen reclamar su atención.


Libros expuestos por sus portadas en estanterías y paredes, algunos sujetos con pinzas.
Aquí los libros no esperan de perfil:
 muestran la cara.

Según parece, es la mayor librería de Europa con todos sus libros expuestos de este modo.

Podéis imaginar lo que disfrutó aquí esta fan de las librerías, fiel devota de esos lugares mágicos. La Livraria Esperança es un laberinto de más de 100.000 títulos repartidos por tres pisos y más de veinte salas. Las portadas ocupan estanterías, paredes y corredores; algunos ejemplares están incluso sujetos con pinzas, como si los libros fueran prendas tendidas al sol.


Amplia sala de la Livraria Esperança con numerosas estanterías llenas de libros colocados de frente.
Estanterías, corredores y miles de portadas
 reclamando una mirada.

Aunque, bien pensado, allí no están puestos a secar. Están puestos para que los miremos. Y para mirarnos.

La librería fue fundada en 1886 por Jacintho Figueira de Sousa y comenzó siendo también tipografía. Más de un siglo después, el proyecto continúa en manos de la cuarta generación de la familia. El enorme fondo que ha ido reuniendo no se explica solamente por el paso de los años, sino también por una costumbre poco frecuente: cuando se vende un título, se procura reponerlo mientras la edición siga disponible. Por eso, entre tantas novedades, todavía pueden encontrarse libros difíciles de localizar en otros establecimientos.

Mesa con varios libros antiguos rodeada de estanterías con numerosas portadas expuestas.
Entre las novedades todavía asoman libros de otros tiempos.

Hay además algo que me gusta especialmente en su manera de entender una librería: los libros están al alcance de la mano y se invita a tocarlos, a cogerlos y a hojearlos. Porque ¿cómo va un niño —o un adulto— a sentir curiosidad por un libro si no puede acercarse a él?

A todo esto hay que añadir el escenario: un palacete del siglo XVI, con vidrieras y techos de madera que, de vez en cuando, consiguen apartar la mirada de las portadas. Solo de vez en cuando.

Es fácil encontrar la Livraria Esperança porque se encuentra en la Rua dos Ferreiros, a pocos metros del Ayuntamiento —os Paços do Concelho do Funchal—. Eso sí, su puerta es sencilla, sin estridencias, y pasa casi desapercibida. Desde la calle nada permite imaginar lo que se esconde detrás. No llama al paseante ni parece pedirle que entre a descubrir aquel mundo de libros.

Tal vez por eso la sorpresa sea aún mayor.

Y qué sorpresa la nuestra cuando, nada más llegar, encontramos uno de los libros de nuestro «quase» paisano de Elvas, Nuno Franco Pires. Sombras da Raia nos recibió en la primera sala, la dedicada a las novedades. Entre más de cien mil títulos, allí estaba uno que nos devolvía de pronto a nuestra propia frontera.

Sombras da Raia, expuesto en la sala de novedades de la Livraria Esperança.
Sombras da Raia, de Nuno Franco Pires, nos esperaba en la Sala de Novedades.

Porque eso hacen también las librerías: una entra en ellas lejos de casa y, cuando menos lo espera, un libro conocido sale a su encuentro.

Así que, atención, devoralibros, buscadores de librerías y coleccionistas de lugares literarios: si alguna vez vais a Funchal, apartaos durante un rato de los circuitos turísticos habituales y empujad esa puerta discreta.

No todos los miradores de Funchal dan al Atlántico. 

Algunos se asoman a más de cien mil libros.


Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

Septiembre de 2026


sábado, 29 de agosto de 2026

Las huellas del agua: de Azenhas do Mar a Cascais

Parece lógico que, estando cerca del mar, el tema del día sea el agua. Por eso, hoy hemos seguido sus huellas desde el agua real y enfurecida de Azenhas do Mar hasta el agua interpretada por artistas de distintas disciplinas en la Bienal del Agua de Cascais y Estoril.


Olas rompiendo contra las rocas y piscina natural de Azenhas do mar
El Atlántico embravecido en Azenhas do Mar

El recorrido no fue cosa nuestra. Lo habían preparado nuestros amigos «casi portugueses», que conocen bien esta zona y se convirtieron en la mejor compañía en este viaje de un agua a otra.

La primera parada fue Azenhas do Mar. Allí, el agua salvaje rompe contra las rocas, choca y retrocede para volver a embestirlas unos segundos después. Las olas inundan la piscina natural que, en otros momentos, debe de ser el sueño de los niños que pululan alrededor, deseosos de entrar en el mar. Hoy no era el día. Hasta la socorrista ha tenido que llamar la atención con su silbato a los más atrevidos, que osaban acercar un pie a la orilla.

El viento terminaba de componer la imagen perfecta de un endiablado día de finales de agosto en el Atlántico. El entramado de casas blancas que trepa por la ladera parecía contemplar aquella batalla repetida entre el mar y la roca.


Casas blancas de Azenhas do Mar sobre el acantilado atlántico.
Azenhas do Mar

Después de disfrutar un buen rato de esa fuerza desatada, tocaba hacer una pausa antes de continuar hacia el agua transformada por el arte. Nuestros amigos habían previsto una parada en Colares. En la Ribeirinha de Colares comimos muy bien y encontramos un regalo que no estaba en el menú. En la barra, un equipo de sonido al más puro estilo discotequero —platos, mesa de mezclas y una buena colección de vinilos— hacía esperar cualquier cosa menos la música suave que nos acompañó durante la comida: Kind of Blue, de Miles Davis. Una inesperada y deliciosa banda sonora para recuperar fuerzas y seguir el camino.


Disco Kind of Bkue, de Miles Davis, junto a los platos y la mesa de mezclas de Ribeirinha de Colares
Una inesperada banda sonora en Ribeirinha de Colares

Con el Atlántico todavía presente en la memoria, retomamos la ruta hacia Cascais. Por la tarde, el sol decidió acompañarnos hasta la Bienal del Agua, que se celebra en distintos espacios del municipio. Nosotros visitamos la exposición principal, instalada en el Centro de Congresos de Estoril, donde un buen número de artistas han interpretado el agua desde perspectivas muy diferentes.


Entrada de la Bienal del Agua 2026 en el Centro de Congresos de Estoril.
Centro de Congresos de Estoril. Bienal del Agua 2026

El cambio de escenario era evidente, pero el tema seguía siendo el mismo. Ya no teníamos delante olas que golpeaban la costa, sino obras que intentaban contener, traducir o cuestionar todo lo que el agua representa.

A nuestra amiga «casi portuguesa» y a mí nos atraía especialmente la obra de Joana Vasconcelos, una artista a la que ambas admiramos y seguimos desde hace tiempo. Y no nos defraudó. En Flood, una bañera de aspecto clásico aparece cubierta por decenas de desagües metálicos. De lo alto cae una especie de ducha o cascada formada por cadenas y más desagües, como si toda el agua estuviera condenada a desaparecer antes incluso de poder utilizarse.


Instalación Flood, de Joana Vasconcelos, con una bañera cubierta de desagües metálicos.
 Joana Vasconcelos, Flood

Como suele hacer, Joana Vasconcelos parte de un objeto doméstico y perfectamente reconocible para transformarlo en algo desconcertante. La bañera, asociada al bienestar y a la intimidad, sirve aquí para recordarnos que disponer de agua en distintos puntos de nuestras casas es un lujo que hemos terminado considerando natural. Abrimos un grifo y el agua aparece. Llenamos una bañera, dejamos correr la ducha y rara vez pensamos de dónde viene o qué ocurre después con ella. En buena parte del mundo, sin embargo, ese gesto cotidiano continúa siendo un privilegio.


Detalle de los desagües metálicos de Flood, obra de Joana Vasconcelos.
Detalle de los desagües de Flood


A partir de ahí, las demás obras ampliaban y complicaban esa primera impresión. Había gotas convertidas en símbolos, mapas alterados por ondas, superficies que parecían moverse y fotografías en las que el agua se presentaba unas veces como refugio y otras como amenaza.

Me impresionó La crociata dei bambini (La cruzada de los niños), de Andrea Mastrovito: una embarcación atestada de niños de distintas procedencias, algunos de ellos convertidos en soldados. El título remite inevitablemente al poema de Bertolt Brecht sobre un grupo de niños que, huyendo de la guerra, buscan un lugar donde vivir en paz. El mar no se limitaba al cuadro, sino que se extendía por el suelo de la sala, mediante numerosas piezas azules, onduladas y brillantes, hechas, sorprendentemente, con ¡libros abiertos. Allí el agua dejaba de ser paisaje para convertirse en vía de huida, frontera y recuerdo de todas las infancias arrastradas por las guerras de los adultos.

La crociata dei bambini, de Andrea Mastrovito, con una embarcación llena de niños y libros abiertos formando el mar.
Andrea Mastrovito, La crociata dei bambini


La distancia entre Azenhas do Mar y Estoril no era solo geográfica 

Esa misma mañana habíamos contemplado el Atlántico desde un lugar seguro, fascinados por la fuerza de las olas. Por la tarde, las obras de la Bienal nos obligaban a mirarlo de otra manera. El agua podía ser belleza, juego y deseo, pero también escasez, despilfarro, peligro, memoria y frontera.

Al final del día comprendimos que habíamos seguido, casi sin proponérnoslo, un recorrido continuo. Primero vimos cómo el agua dejaba sus huellas sobre las rocas de Azenhas do Mar. Después, cómo los artistas las recogían, las transformaban y nos invitaban a leerlas de nuevo en Estoril.

El agua nunca es solamente agua. Y un viaje nunca es solamente un lugar.


Si te apetece leer algo más de esa Bienal del Agua, puedes visitar la web de la Bienal del Agua


Pilar Otano Cabo

Agosto de 2026


jueves, 6 de agosto de 2026

Pasatiempos del verano


Y de otros veranos…

Ya está aquí agosto. El verano va que vuela y yo sigo entregada a las actividades propias de la estación. La principal consiste en no hacer casi nada. Y en ese «casi» cabe bastante: leer —mucho—, darme un chapuzón en la piscina, disfrutar de una buena siesta y dejar que las horas pasen con esa lentitud que solo el calor parece concedernos.

Bueno, también escribo un poco. Y, para qué negarlo, ando bastante enganchada a esas aplicaciones de juegos mentales y de aprendizaje de idiomas que prometen mantener en forma nuestras neuronas. Todo muy digital. Ya nos hemos acostumbrado —¿o será que nos han malacostumbrado?— a los retos breves, las respuestas instantáneas y esa sensación de que todo tiene que suceder deprisa.

No sé si esos juegos conseguirán mejorar mi memoria o mi agilidad mental. Lo que sí sé es que entretienen bastante durante las largas tardes estivales.

Pero, como suele ocurrirme, una cosa me ha llevado a otra.

Mientras resolvía uno de esos pasatiempos en la pantalla del móvil me acordé de los veranos de los años ochenta y noventa, cuando las vacaciones empezaban mucho antes de salir de casa. Había que llenar el coche de latas de conserva, enganchar el carro tienda y desplegar sobre la mesa las Guías Michelin, la Guía Campsa y toda aquella documentación que las embajadas en Madrid enviaban tan amablemente a quien la solicitaba. 

Muy Interesante y Guías Michelin años 80 y 90
Todo esto lo tenía bien guardado

Conservo todavía algunas de aquellas Guías Verdes Michelin. Están en francés y durante años pensé que era porque las comprábamos así, sin más. Luego descubrí que no: la mayor parte de las guías dedicadas a otros países no se tradujeron a español hasta bien entrados los años noventa. Así que preparar el viaje incluía también un pequeño ejercicio de traducción. Aquel esfuerzo formaba parte del viaje tanto como hacer la maleta. Después solo quedaba arrancar el coche y hacer kilómetros por España y por buena parte de Europa.

Guardo un recuerdo entrañable de aquellos viajes familiares. No era solo el placer de descubrir lugares nuevos; también estaba la convivencia, el tiempo compartido con los hijos, las amistades que nacían en los campings o las familias de Badajoz con las que, muchas veces, compartíamos viaje. El verano tenía entonces otro ritmo y otra manera de medir el tiempo.

Y, de pronto, me vino a la cabeza uno de aquellos pasatiempos completamente analógicos que nos mantuvo ocupados durante horas en nuestros viajes de camping.

Todo empezó al encontrar una fotografía —analógica también, naturalmente— tomada en un camping. Allí aparecemos alrededor de un enorme crucigrama desplegado sobre la mesa. Era el famoso «crucigrama más grande de España», un suplemento que publicó Muy Interesante, revista a la que llevábamos suscritos prácticamente desde que nació y que aún guardamos debidamente encuadernadas. Venía incluido como un gran desplegable de papel insertado en la revista.


Camping en fecha indeterminada completando el crucigrama más grande de España de 1986
A vueltas con el "crucigrama más grande de España"
 en un camping no sé cuando...

Aquello era mucho más que un crucigrama. Era una auténtica prueba de resistencia familiar. Había preguntas de cultura general —cuando todavía se llamaba así—, de ciencia, de historia, de naturaleza… En definitiva, de todo aquello que la revista acostumbraba a divulgar con tanta habilidad. Resolver una palabra llevaba a otra; una respuesta provocaba una discusión; alguien recordaba un dato, otro lo corregía y, entre todos, íbamos rellenando aquellas interminables casillas.


Muy Interesante. Agosto de 1986
Número 63 de agosto de 1986

He rebuscado estos días en las cajas de plástico donde guardo fotografías, mapas, papeles y toda esa colección de recuerdos que una nunca se decide a tirar. El crucigrama no ha aparecido. Quién sabe qué fue de él después de tantos kilómetros, tantos campings y tantos veranos.

Pero, aunque el papel se haya perdido, el recuerdo sigue intacto. Y quizá eso sea lo importante. Porque antes de que los móviles nos propusieran un reto diario, nosotros ya entrenábamos la memoria, la paciencia y hasta la convivencia alrededor de una mesa de camping. Sin darnos cuenta, aquellos crucigramas también formaban parte del viaje, en aquellos años en los que viajar de camping era nuestra forma de conocer el mundo.


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España) 

Agosto de 2026


lunes, 3 de agosto de 2026

La última misión de Modesty Blaise estaba en un quiosco de Estocolmo


Mucho después de Pulp Fiction

Hace algún tiempo escribí por aquí que Quentin Tarantino debía de ser un gran admirador de Modesty Blaise, la heroina británica de tira de prensa de aventuras y espionaje que aparecía en el London's Evening Standard.entre 1963 y 2001. No hacía falta ser muy perspicaz para sospecharlo. En Pulp Fiction colocó una novela de Peter O’Donnell en las manos del personaje de John Travolta mientras permanece sentado —con toda la falta de solemnidad posible— en el cuarto de baño de un restaurante. Un guiño que muchos espectadores pasan por alto, pero que Tarantino nunca ha ocultado: Modesty Blaise figura entre sus personajes de ficción favoritos.

Modesty Blaise en una estantería del Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo
Ejemplar del nº 8 de Agent X9 de 2022
en el 
Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo

Hace unos días, revisando fotografías antiguas del teléfono, apareció una que había olvidado por completo. La tomé en el verano de 2022, en la Estación Central de Estocolmo. No fotografié el edificio ni los trenes, sino un expositor de un Pressbyrån, esa cadena de quioscos tan característica de Suecia donde se mezclan periódicos, novelas de bolsillo, chocolatinas, café y todo aquello que uno puede necesitar antes de subir a un tren.

Stockholm Central Station
Estación Central de Estocolmo 


Entre las revistas reconocí una portada que me resultó inmediatamente familiar. Era un número de Agent X9 y, ocupando casi toda la cubierta, aparecía Modesty Blaise.

Naturalmente, me faltó tiempo para preguntar. Aunque el título de la revista procede del personaje estadounidense Secret Agent X-9,       conocido también como Corrigan, me explicaron que desde hace décadas la verdadera estrella de la publicación es Modesty Blaise. Los lectores suecos nunca la han abandonado y sigue apareciendo puntualmente cada mes en los quioscos.

Después, ya en casa, seguí investigando y descubrí que probablemente ningún país ha cuidado tanto el legado de Modesty Blaise como Suecia. Llegó a contar con una revista propia, Agent Modesty Blaise, durante los años sesenta y, desde 1971, sus aventuras se integraron en Agent X9, donde continúan publicándose de forma ininterrumpida.

Me hizo gracia pensar que, mientras Tarantino mantiene vivo el recuerdo de Modesty mediante un pequeño homenaje cinematográfico que sólo reconocen unos pocos, los suecos han elegido un camino mucho más sencillo: seguir comprándola en el quiosco. Sin ceremonias. Sin nostalgia. Como quien compra cada mes su revista favorita.

Y quizá ahí resida el mejor homenaje posible. No convertir un personaje en objeto de culto, sino permitir que siga formando parte de la vida cotidiana. Entre revistas infantiles, pasatiempos, cómics del oeste y el café para llevar de un Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo.


Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo

Si he conseguido despertar tu curiosidad por este personaje, puedes leerlas o consultarlas de forma legal y gratuita en  Internet Archive (archive.org). Este es el enlace al volumen "Modesty Blaise Comics Collection".


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España) 

Agosto de 2026

martes, 7 de julio de 2026

El misterio del almacén: una cita pendiente en Jaén. Museo de arte naïf



Centro cultural Baños árabes de Jaén
Palacio de Villardompardo, Jaén

Hay rincones que te atrapan no solo por lo que muestran, sino por la historia del lugar que los cobija. Eso me ocurrió en nuestro viaje a Jaén, en la visita al Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén. Ubicado en pleno casco histórico, comparte espacio con la joya de los Baños Árabes en los sótanos del imponente Palacio de Villardompardo, un edificio renacentista del siglo XVI que ya de por sí merece la visita.

 Cruzar sus puertas es adentrarse en un universo colorista y espontáneo; este museo, pionero en España en su especialidad, alberga una colección fascinante de más de 600 obras de artistas nacionales e internacionales. Sus salas están llenas de esa mirada limpia, casi infantil, tan detallista y sin ataduras académicas que define al arte naïf: paisajes rurales vibrantes, escenas costumbristas llenas de vida y una explosión de luz que contrasta con los sobrios muros de piedra del palacio.


Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén


El museo tiene ese encanto particular de las cosas que se guardan con mimo. Recorrí sus salas con la calma que exige el arte naïf, dejándome embaucar por las perspectivas imposibles. Sin embargo, llevaba una intención oculta, mi coartada, muy personal en esta ocasión, una pequeña dosis de misterio familiar. Había leído que entre sus fondos figuraban obras de la pintora navarra naïf María Victoria Otano Lecumberri (San Adrián, 1913- Barcelona 1997). Ya sabéis mi debilidad por las coincidencias: encontrar un apellido como el mío, que no es precisamente de los que uno se cruza en cada esquina, me despertó una tremenda curiosidad; quise seguir el rastro de ese hilo invisible. Así que recorrí las salas con la mirada atenta, buscando esa firma familiar entre la maleza de colores de las paredes.

Para mi sorpresa, tras dar más de una vuelta por cada sala —no exagero— y escudriñar cada pared, la decepción empezó a asomar. No había rastro de ella. Acudí, con la cautela de quien pregunta por un secreto, al personal del museo. Me comentaron, con amabilidad exquisita y con la naturalidad de quien habla de un archivo cotidiano, que efectivamente, en este momento no había ninguna pieza suya en las salas de exhibición y que “suponían” que estarían en el almacén, aguardando pacientemente el turno de alguna futura muestra.


Me quedé un momento pensativa frente otros cuadros, imaginando qué tesoros permanecerán ocultos en esa penumbra de los depósitos, esperando la luz de una sala. Qué curioso es el destino de las obras de arte: a veces, el apellido y la intención no bastan para el encuentro.


Museo de Arte Naïf en Jaén


Me fui de Jaén con esa espinita, con la sensación de haber dejado una tarea a medias. Dicen que el arte, como la vida, siempre tiene una sorpresa reservada para quién sabe esperar. Así que, María Victoria, mi búsqueda no termina aquí; nos quedamos con una cita pendiente para cuando decidan sacar a la luz esos lienzos que guardan, con tu nombre y tu forma de ver el mundo, el misterio del almacén.



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026


jueves, 4 de diciembre de 2025

La Galería Bortier, el regalo del flâneur en Bruselas

Unas horas sueltas dan mucho juego cuando quieres abarcar una ciudad. Y si además el azar coopera, el día se vuelve redondo. Este noviembre, Bruselas tuvo el detalle de hacernos el regalo de un sol que no estaba previsto en nuestro programa. Veníamos de visitar a Magritte -que nos había dejado la cabeza a bullir de ventanas y nubes- y en nuestro tranquilo paseo buscábamos un lugar donde comer y tomar un cafelito (¡el café que no falte, por favor!).


Galeria Bortier, Bruselas
 

Entonces, casi sin querer, apareció la elegante Galería Bortier, como un refugio escondido donde el tiempo parecía detenido entre libros antiguos y una cafetería tan bonita que casi podía ser un museo. Literatura y gastronomía son para mí una combinación perfecta; el aroma del café y de las páginas antiguas parecían querer contarme historias, las de otros tiempos, pero que también son las nuestras.  



Le Café Literaire en la Galeria Bortier
Le Café Literaire


Conocíamos ya otras galerías de Bruselas, la Galerías Reales Saint-Hubert, con sus ecos de Victor Hugo y su aire de paseo elegante. También me recordó a aquel Pasaje Macca-Vilacrosse tan francés que vimos en Bucarest hace unos años. Pero esta me pareció diferente. Es más pequeña, con su propia vida: nació en 1848, en plena fiebre parisina del hierro y cristal, cuando las galerías eran refugios luminosos para los paseantes que huían del bullicio y de los malos olores de las calles. Eran lugares de encuentros “galantes”, de compras elegantes y, claro, también para dejarse ver.


Le Cafe Literaire es casi un museo



Aquel hallazgo tuvo algo de serendipia, un regalo para unos turistas un poco flâneur como nosotros. Supimos que la galería acaba de renacer, después de medio siglo de abandono, con una filosofía del slow life que se siente nada más entrar. La Bortier te invita a desacelerar el ritmo diario y a disfrutar del momento. ¡Y cómo no hacerlo si encuentro juntas dos de las cosas que más me gustan: café y libros!


Librairie Genicot. Galerie Bortier, Bruxelles

Así, mientras la Gran Plaza nos esperaba unos pasos más allá, aquel rincón, bello testimonio del patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad, nos regaló una pausa que sabía a tiempo detenido y compañía literaria. Aunque andábamos con un poco de prisa, al final todo quedó detenido.






Tiket Bortier. Taste of Culture







Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

Noviembre de 2025

domingo, 30 de noviembre de 2025

El Museo Magritte de Bruselas

Un mundo paradójico


Cuando tienes poco tiempo para visitar una ciudad, lo estiras hasta lo imposible y sacas cualquier hueco para no perderte nada. Eso fue lo que nos sucedió hace unos días en nuestra escapada a Bruselas. La mañana nos había llevado al Parlamento Europeo y nos esperaba un paseo por la ciudad por la tarde, así que sólo había  un resquicio para comer y descansar. Pero como para descansar ya habría tiempo al volver a casa, tiramos de nuestra lista de imperdibles de Bruselas y elegimos el Museo Magritte.


Museo Magritte_Bruselas

Magritte nos da la bienvenida

Ya fue una experiencia surrealista atravesar la Place Royale, para llegar al museo, sorteando obras, vallas y operarios que parecían surgidos de un cuadro de Magritte; eso sí, cambiando el bombín por el casco de obra. Era el caos de la ciudad, como en tantas otras, con una sinfonía de martillos y taladros que acompañan al visitante y al lugareño. En cambio, cruzar su puerta es como pasar un umbral invisible; allí empieza un espacio donde el arte de René Magritte no te mira, te observa, te invita a pensar. No es un museo de simples cuadros, es un lugar para la reflexión y, ¿por qué no? para el diventimento.


Cada sala es un reto: aquí Magritte se muestra de perfil, sosteniendo lo que parece un lápiz ante un espacio vacío y que me obliga a tirar de mi libreta y de mi boli de cuatro colores para empezar a rellenar ese papel en blanco.





Y sala tras sala, me hace sonreír. Magia y misterio, él no habla, pero lo dice todo. Paradojas que me desafían, porque claro que “esto no es una pipa. Y objetos cotidianos vestidos de textos incongruentes e inesperados; ¿no es un sombrero (ese bombín tan Magritte) para uso externo? En fin, magia, ilusión, ambigüedad, trampas mil; imágenes aparentemente normales, pero que llegan a desconcertarte, poniendo tu cabeza a cavilar, mientras los pies no consiguen despegarse del suelo ante cada pieza.



Irene o la literatura perdida y Encuentros naturales


Y seguro que alguien está esperando la coartada literaria, pero no, esta vez no. Podía tirar de Foucault, pero me tendría que poner en modo solemne y, sinceramente, no me apetece. Lo que sí tengo es un par de coartadas cinematográficas y una canción; porque hay escenas en muchas películas, tomadas de cuadros de Magritte. Ahí van un par de guiños que conectan arte y cine:


En Los abrazos rotos, de Almodovar (2009) hay una escena inspirada en la obra de Magritte, Los amantes. Es la inquietante escena en la que dos personas se besan con las cabezas envueltas en telas blancas que impiden el contacto.


Aquí puedes ver el tráiler. La escena aparece en el minuto 1:18



Los amantes y Los abrazos rotos





Por otro lado, la escena final de El show de Truman (1998), protagonizada por Jim Carrey, está también inspirada en una pintura de Magritte, Arquitectura al claro de luna

En este enlace puedes ver la escena final completa.


Magritte y El show de Truman


Para redondear la experiencia, dejo una canción de Paul Simon dedicada a René y Georgette Magritte, incluida en su disco Hearts and Bones, de 1987;  René Magritte and Georgette Magritte with Their Dog After the War; una balada tan surrealista como sus propios cuadros.


Y como recuerdo, la típica postalita que traigo en esas ocasiones para la pared viajera de mi estudio. Tenía que ser la más emblemática de todas, El hijo del hombre, supuestamente su autorretrato, pero como la cara está tapada con la manzana voladora, no lo podemos asegurar. 


El hijo del hombre, Magritte en mi pared viajera

Magritte en mi pared viajera




Pilar Otano Cabo
Badajoz, España
Noviembre de 2025