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sábado, 18 de julio de 2026

Lourdes Murillo y la memoria de las nuestras


La exposición El Tendedero / Archivos Imaginados de Mónica Mayer y Lourdes Murillo en el MEIAC de Badajoz ya terminó (del 9 de abril al 7 de junio de 2026). Sin embargo, hay exposiciones que no acaban cuando se desmontan las salas. Permanecen un tiempo más, instaladas en algún lugar de la memoria. Esta ha sido una de ellas.


La obra de Lourdes vuelve a llevarme, una y otra vez, a las mujeres de mi infancia: mi madre, mis tías, mi abuela. Es curioso cómo el arte, cuando alcanza cierta verdad, es capaz de despertar recuerdos que creíamos dormidos y devolvernos, sin apenas darnos cuenta, a lugares que siguen habitándonos.

Hace algún tiempo escribí en este mismo espacio dos textos dedicados a su trabajo, La poética de Lourdes Murillo en su jardín imposible y Lo indeleble. Creo que ambos me ayudaron a comprender mejor lo que ahora he vuelto a encontrar en esta exposición: una obra donde los recuerdos toman cuerpo en gestos cotidianos, en objetos aparentemente humildes y en silencios compartidos.

Lo indeleble & Jardín imposible, Lourdes Murillo
Otras exposiciones en Badajoz de Lourdes Murillo

En esta ocasión, las piezas de Lourdes dialogaban con El tendedero, de Mónica Mayer (Ciudad de México, 1954), una obra fundamental del arte feminista. Si Mayer convierte un gesto cotidiano en un espacio para hacer visible aquello que tantas veces permanece oculto, Lourdes recorre un camino propio, profundamente personal. Yo, al contemplar sus obras, regreso inevitablemente al taller de modistas de mi familia. Vuelvo a escuchar el sonido de las tijeras, a sentir el calor de la plancha de carbón, el brillo de los alfileres y la delicadeza con la que unas manos expertas transformaban una tela en un vestido.

Taller de Juliana y Clotilde Corchado en Badajoz c. 1945

Hay objetos que poseen una extraordinaria capacidad para despertar la memoria. Me ocurrió al descubrir que Lourdes había incorporado a algunas de sus obras unas cajas de rollos de pianola. Bastó verlas para recordar las historias que tantas veces escuché a mi madre sobre los bailes en la casa familiar durante los años cuarenta, cuando la música llegaba gracias a aquellos rollos mecánicos. Al volver a casa sentí la necesidad de buscarlos. Allí seguían, guardados desde hacía tantos años. Ahora los miro de otra manera: no solo como objetos antiguos, sino como pequeñas cápsulas de memoria.

Archivos imaginados en cajas de  rollos de pianola
¿Qué secretos contienen estas cajas de rollos de pianola...?

Mientras recorría la exposición recordé unas palabras de Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes. Escribe que la mejor herencia que podemos transmitir no son los consejos, sino una pasión por la vida, porque «el amor a la vida engendra amor a la vida». Tal vez sea eso lo que permanece en estos objetos aparentemente insignificantes: los alfileres, la plancha, los rollos de pianola… No son simples recuerdos; son los hilos con los que se ha ido tejiendo nuestra propia historia.

Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg


Lourdes Murillo (Badajoz, 1964), formada en Sevilla y con una trayectoria artística que la ha llevado desde sus primeras intervenciones hasta los trabajos más recientes, posee una rara cualidad: convertir lo íntimo en un territorio compartido. Desde su estudio de Trujillo continúa construyendo una obra que crece sin perder nunca el vínculo con sus raíces, permitiendo que quienes la contemplamos encontremos también las nuestras.

Archivos imaginados, Lourdes Murillo en el MEIAC de Badajoz


La exposición ha terminado. Las luces del museo se han apagado y las obras han emprendido otro camino. Pero algunas permanecen mucho tiempo dentro de nosotros. Esta es una de ellas.

Gracias, Lourdes, por hacerme regresar, una vez más, a las mujeres de mi infancia, esas que siguen sosteniendo, con una discreción admirable, buena parte de lo que soy. Y gracias, también, por tu generosidad al regalarnos a un buen grupo de amigas las visitas a tus exposiciones.


Visita Archivos Imaginados con Lourdes Murillo
Visita a la exposición


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026



martes, 7 de julio de 2026

El misterio del almacén: una cita pendiente en Jaén. Museo de arte naïf



Centro cultural Baños árabes de Jaén
Palacio de Villardompardo, Jaén

Hay rincones que te atrapan no solo por lo que muestran, sino por la historia del lugar que los cobija. Eso me ocurrió en nuestro viaje a Jaén, en la visita al Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén. Ubicado en pleno casco histórico, comparte espacio con la joya de los Baños Árabes en los sótanos del imponente Palacio de Villardompardo, un edificio renacentista del siglo XVI que ya de por sí merece la visita.

 Cruzar sus puertas es adentrarse en un universo colorista y espontáneo; este museo, pionero en España en su especialidad, alberga una colección fascinante de más de 600 obras de artistas nacionales e internacionales. Sus salas están llenas de esa mirada limpia, casi infantil, tan detallista y sin ataduras académicas que define al arte naïf: paisajes rurales vibrantes, escenas costumbristas llenas de vida y una explosión de luz que contrasta con los sobrios muros de piedra del palacio.


Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén


El museo tiene ese encanto particular de las cosas que se guardan con mimo. Recorrí sus salas con la calma que exige el arte naïf, dejándome embaucar por las perspectivas imposibles. Sin embargo, llevaba una intención oculta, mi coartada, muy personal en esta ocasión, una pequeña dosis de misterio familiar. Había leído que entre sus fondos figuraban obras de la pintora navarra naïf María Victoria Otano Lecumberri (San Adrián, 1913- Barcelona 1997). Ya sabéis mi debilidad por las coincidencias: encontrar un apellido como el mío, que no es precisamente de los que uno se cruza en cada esquina, me despertó una tremenda curiosidad; quise seguir el rastro de ese hilo invisible. Así que recorrí las salas con la mirada atenta, buscando esa firma familiar entre la maleza de colores de las paredes.

Para mi sorpresa, tras dar más de una vuelta por cada sala —no exagero— y escudriñar cada pared, la decepción empezó a asomar. No había rastro de ella. Acudí, con la cautela de quien pregunta por un secreto, al personal del museo. Me comentaron, con amabilidad exquisita y con la naturalidad de quien habla de un archivo cotidiano, que efectivamente, en este momento no había ninguna pieza suya en las salas de exhibición y que “suponían” que estarían en el almacén, aguardando pacientemente el turno de alguna futura muestra.


Me quedé un momento pensativa frente otros cuadros, imaginando qué tesoros permanecerán ocultos en esa penumbra de los depósitos, esperando la luz de una sala. Qué curioso es el destino de las obras de arte: a veces, el apellido y la intención no bastan para el encuentro.


Museo de Arte Naïf en Jaén


Me fui de Jaén con esa espinita, con la sensación de haber dejado una tarea a medias. Dicen que el arte, como la vida, siempre tiene una sorpresa reservada para quién sabe esperar. Así que, María Victoria, mi búsqueda no termina aquí; nos quedamos con una cita pendiente para cuando decidan sacar a la luz esos lienzos que guardan, con tu nombre y tu forma de ver el mundo, el misterio del almacén.



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026


martes, 9 de junio de 2026

Parede de Memórias. Arte urbano en Madeira.


Me gustan las sorpresas en mis viajes. No siempre es fácil, por la costumbre de llevarlo todo atado y bien atado; así que sólo tengo que preguntar y buscar. Pero esta vez, en nuestra escapada a mitad de Atlántico, a la isla de Madeira nos topamos con esta curiosidad que ves en la foto y que no estaba prevista.



Parede de Memórias, en Ponta do Sol

Acabábamos de salir de Funchal, su capital, donde teníamos el “campamento base” y en poco más de media hora llegamos Ponta do Sol, un bonito pueblo con su casco histórico junto al mar. Allí nos recibió la “Parede de Memórias”, una de esas intervenciones artísticas y que forma parte de la Ruta de arte urbano en el centro de Ponta do Sol. El gigantesco mural está formado por más de tres mill caras de tamaño real, creadas a partir de los moldes que la autora, la escultora y artista visual madeirense Patrícia Sumares, había hecho a 250 lugareños y visitantes que pasaron por su taller para ser inmortalizados en este enorme panel. 




Tres mil caras en la Parede de Memórias
Tres mil caras en la "Parede de Memórias"



Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal


Cada cara es diferente y todas juntas crean este alto relieve, una pared que quiere representar la memoria, la identidad y la comunidad. Entre las caras vuelan en todas direcciones espejos con forma de aves — guiño a la fauna local— creando un curioso  juego visual de reflejo de la luz.




Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal




Esta Parede de Memórias me ha recordado los gigantescos retratos de los años sesenta que cuelgan en las paredes del pueblo salmantino de Mogarraz, del que ya escribí en otra ocasión. 



Y como siempre me pasa, una cosa me lleva a otra y esta vez estas caras de barro me han traído a la mente una novela que leí hace poco, “Huaco retrato”, en el que la peruana Gabriela Wiener utiliza para su narración una historia de su tatarabuelo huáquero en Perú y su colección de huacos retratos, vasijas que representan rostros indígenas realizados en cerámica en el siglo III, procedentes del norte de Perú . 



Huaco retrato, Gabriela Wiener


Una última curiosidad, en este pueblo, en Ponta do Sol, nació el abuelo del escritor estadounidense John Dos Passos; sí, el de Manhattan Transfer. Así que ya imaginas cómo se llama el Centro Cultural de este bonito pueblo.



Manhattan Transfer- John Dos Passos

Mi Manhattan Transfer de aquella colección de Seix Bárrall, con calendario incluido...;)


Pilar Otano Cabo

Badajoz, junio de 2026















lunes, 1 de junio de 2026

Arte ecológico en Madeira con Bordalo II

Bordalo II. El artista que convierte la basura en arte callejero

Paseando por el frente marítimo de Funchal, en Madeira, nos encontramos con una de esas obras que te obligan a detener el paso. Está a pocos metros del museo dedicado a Cristiano Ronaldo —que, por cierto, dejamos atrás sin pensarlo siquiera.


Plastic Mero, de Bordalo II en Madeira (Portugal)
Plastic Mero. Bordalo II y un paseante
 

Resulta difícil no fijarse en ella; a Bordalo II (Lisboa, 1987) lo traía apuntado en mi libreta y andaba con cien ojos para ver si encontraba alguna... Aquí se trata del “Plastic Mero”, una llamativa escultura del artista urbano portugués Bordalo II y que representa un mero, una de las especies marinas más emblemáticas de la isla. Desde 2022, este pez cuenta con protección especial para contribuir a la conservación de la especie.

Lo más interesante de la obra es el material con el que ha sido creada. Bordalo II construyó este enorme pez utilizando precisamente aquello que amenaza su supervivencia: residuos plásticos, redes abandonadas y desechos industriales recuperados de las aguas de Madeira300 kg de basura marina extraída de la campaña de limpieza de 2018.

El resultado es impactante. De cerca se distinguen los fragmentos de basura que forman sus escamas y su cuerpo; de lejos, aparece un magnífico mero que parece surgir del océano. Una manera muy visual de recordarnos hasta qué punto nuestros hábitos de consumo dejan huella en el mar y de invitarnos a reflexionar sobre la contaminación que generamos casi sin darnos cuenta.

Pilar Otano Cabo

Funchal, Madeira (Portugal)

Mayo de 2026



lunes, 16 de marzo de 2026

Héroes de tinta

… una exposición, una galería  y un cine prehistórico


Un par de mañanas en Madrid dan mucho de sí. Sin prisas, solo con la parada del café, que no puede faltar, nos dio tiempo a ver algunas exposiciones.


Héoes de Tinta. Ricardo Martínez
La Fiambrera Art Gallery


Una de ellas estaba en la Calle del Pez. Sí, esa misma donde Mortadelo y Filemón tenían su despacho. Muy apropiado, porque en el número 30 hay una galería que parece salida de un cómic: La Fiambrera Art Gallery. Allí fuimos atraídos por una muestra del dibujante Ricardo Martínez —el de Goomer—, y su mundo de cultura pop. Héroes de tinta se llama, y rinde homenaje a esos personajes del tebeo que nos han hecho soñar desde siempre: el gato Félix, Snoopy, Mortadelo (está en su barrio), Mafalda, Popeye, Carlitos… todos reunidos.


Héroes de Tinta de Ricardo Martínez


Los dibujos son muy chulos, una delicia, hechos con la técnica del scratchboard, que yo desconocía y que allí mismo aprendí que consiste en raspar una láminas cubiertas de escayola pintada de negro hasta sacar el blanco del fondo. Me encantó…


Pero lo mejor fue lo de siempre: que una cosa me llevó a otra. La ilustración del gato Felix me abrió una puerta remota, la de un recuerdo de infancia. En casa teníamos algo parecido a un Cinexin, pero aún mas antiguo —casi prehistórico— con unos gatos como protagonistas.


El gato Félix de Ricardo Martínez

El gato Félix


No sé que fue de aquel proyector de los años 60, pero recordé hasta los detalles: el proyector verde metálico, la manivela, la luz. El sistema estaba basado en la linterna mágica, compuesta de dos cajas metálicas ensambladas, en una de las cuales había una bombilla y un rodillo lateral con la película que había que mover con una manivela. Todo muy manual, nada de darle a un botón o decir “Oye, Siri…”


Proyector NIC, invento de los hermanos NIColau Griñó

Proyector NIC en el Museo Pedagógico de Aragón



Era una NIC, como he descubierto ahora curioseando por Internet. He visto que en algunos museos —en Salamanca y en Zaragoza— los tienen en exposición. El del Museo Pedagógico de Aragón es clavadito al nuestro. Lo inventaron en 1932 unos hermanos de Barcelona, los Nicolau Griñó, y de ahí el nombre. Fue todo un éxito: se exportó a medio mundo y muchas marcas copiaron el mecanismo. Sirvió para que generaciones enteras vieran cine por primera vez.


Me hace gracia pensar que todo empezó con aquella visita a una galería y acabó devolviéndome a a aquellas tardes sin tele, cuando bastaba una bombilla y una manivela para imaginar historias, para imaginar a esos gatos que iban al teatro.


¿Alguien más recuerda el NIC? A mí todavía me hace sonreír.


     


La Fiambrera Art Gallery

Calle del Pez, 30

Madrid


Pilar Otano Cabo

Badajoz, marzo de 2026




miércoles, 4 de marzo de 2026

María Blanchard. Coartada artística y feminista. Santander 2024



La comulgante. María Blanchard. Museo Reina Sofía
María Blanchard et moi, con La Comulgante en el Museo Reina Sofía, en Madrid


No era esta vez una coartada literaria, como suele ocurrir, en la que pensé al organizar el viaje a Santander, sino una coartada artística y, sobre todo, feminista. La vida de María Blanchard, tan intensa como su pintura, me llamó la atención y decidí seguir su rastro por la ciudad donde había nacido en 1881. Me lo tomé como un juego, como una caza del tesoro. La primera pista era, por supuesto, la casa natal en la calle Santa Lucía, con una de esas placas conmemorativas, “Aquí nació…” y después el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo



Casa natal de María Blanchard en Santander

Calle Santa Lucía de Santander
Aquí nació...


Pero el verdadero flechazo, que me convirtió en fan total de Blanchard, apareció por casualidad en el centro de Santander, en esa joya de librería que es Gil, Premio Zenda Librería 2023-2024. En sus expositores encontré un librito diminuto —una de esas perlas de Casimiro Libros— que parecía firmado por Lorca, pero no era del todo así: eran breves textos de amigos y escritores que conocieron bien y apreciaron aún más a María. Y ahí, en esas mínimas páginas  pude comprobar que estaba ante una mujer fuera de su tiempo, una de esa mujeres que no caben en una etiqueta.



Compré este librito sobre María Blanchard en la Librería Gil de Santander
Compré este librito en la Librería Gil de Santander

Desde entonces no he dejado de leer sobre ella; de escuchar conferencias en YouTube y de buscar libros en las bibliotecas… Así descubrí que había sido una de las grandes del cubismo. La han llamado “cubista invisible”, “mujer a destiempo”, “pintora adelantada a su tiempo”, “pintora a pesar del cubismo”, “la gran dama del cubismo”. Murió en París en 1932, con apenas 51 años, y durante décadas su nombre quedó relegado a un discreto segundo plano. En los años ochenta, por fin, empezó a ser valorada y aparecieron investigadores y estudiosos de su obra y de su vida. Y vinieron conferencias y exposiciones como la que se inaugura en mi ciudad, Badajoz, el próximo día 6 de marzo, en el Museo de Bellas Artes y que se podrá visitar hasta el 14 de junio de 2026. ¡No pienso perdérmela!



Invitación. Exposición Temporal.  María Blanchard en el MUBA de Badajoz



María Blanchard nació en una familia culta y burguesa, hija y nieta de periodistas — padre y abuelo habían fundado sendos periódicos en Santander— siendo alentada desde niña a pintar. Se formó, siempre con los mejores maestros, en Madrid y mas tarde en París donde encontró su verdadero lugar entre las vanguardias. Compartió cafés y conversaciones con Juan Gris, Diego Rivera y Angelina Beloff, grandes amigos todos ellos. En España, la cifoescoliosis de nacimiento que le deformaba la espalda la convirtió demasiadas veces en blanco de burlas; en París, sim embargo, fue acogida y valorada. Quizá por eso su pintura tiene esa mezcla de fuerza y melancolía que la caracteriza.


Mujer con abanico. María Blanchard en el Museo Reina Sofía.

Mujer con abanico. Museo Reina Sofía


En 2032 se cumplirán 100 años de su muerte. Ojalá para entonces su nombre suene tan alto como los de sus compañeros de generación. Por mi parte, le dedico este pequeño homenaje, nacido entre paseos por Santander y lecturas encontradas.


Y si pasas por Badajoz esta primavera, no dejes de visitar a mi amiga María Blanchard.


Pilar Otano Cabo

Badajoz, marzo de 2024