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lunes, 3 de agosto de 2026

La última misión de Modesty Blaise estaba en un quiosco de Estocolmo


Mucho después de Pulp Fiction

Hace algún tiempo escribí por aquí que Quentin Tarantino debía de ser un gran admirador de Modesty Blaise, la heroina británica de tira de prensa de aventuras y espionaje que aparecía en el London's Evening Standard.entre 1963 y 2001. No hacía falta ser muy perspicaz para sospecharlo. En Pulp Fiction colocó una novela de Peter O’Donnell en las manos del personaje de John Travolta mientras permanece sentado —con toda la falta de solemnidad posible— en el cuarto de baño de un restaurante. Un guiño que muchos espectadores pasan por alto, pero que Tarantino nunca ha ocultado: Modesty Blaise figura entre sus personajes de ficción favoritos.

Modesty Blaise en una estantería del Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo
Ejemplar del nº 8 de Agent X9 de 2022
en el 
Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo

Hace unos días, revisando fotografías antiguas del teléfono, apareció una que había olvidado por completo. La tomé en el verano de 2022, en la Estación Central de Estocolmo. No fotografié el edificio ni los trenes, sino un expositor de un Pressbyrån, esa cadena de quioscos tan característica de Suecia donde se mezclan periódicos, novelas de bolsillo, chocolatinas, café y todo aquello que uno puede necesitar antes de subir a un tren.

Stockholm Central Station
Estación Central de Estocolmo 


Entre las revistas reconocí una portada que me resultó inmediatamente familiar. Era un número de Agent X9 y, ocupando casi toda la cubierta, aparecía Modesty Blaise.

Naturalmente, me faltó tiempo para preguntar. Aunque el título de la revista procede del personaje estadounidense Secret Agent X-9,       conocido también como Corrigan, me explicaron que desde hace décadas la verdadera estrella de la publicación es Modesty Blaise. Los lectores suecos nunca la han abandonado y sigue apareciendo puntualmente cada mes en los quioscos.

Después, ya en casa, seguí investigando y descubrí que probablemente ningún país ha cuidado tanto el legado de Modesty Blaise como Suecia. Llegó a contar con una revista propia, Agent Modesty Blaise, durante los años sesenta y, desde 1971, sus aventuras se integraron en Agent X9, donde continúan publicándose de forma ininterrumpida.

Me hizo gracia pensar que, mientras Tarantino mantiene vivo el recuerdo de Modesty mediante un pequeño homenaje cinematográfico que sólo reconocen unos pocos, los suecos han elegido un camino mucho más sencillo: seguir comprándola en el quiosco. Sin ceremonias. Sin nostalgia. Como quien compra cada mes su revista favorita.

Y quizá ahí resida el mejor homenaje posible. No convertir un personaje en objeto de culto, sino permitir que siga formando parte de la vida cotidiana. Entre revistas infantiles, pasatiempos, cómics del oeste y el café para llevar de un Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo.


Pressbyrån de la Estación Central de Estocolmo

Si he conseguido despertar tu curiosidad por este personaje, puedes leerlas o consultarlas de forma legal y gratuita en  Internet Archive (archive.org). Este es el enlace al volumen "Modesty Blaise Comics Collection".


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España) 

Agosto de 2026

sábado, 25 de julio de 2026

HISTORIA DE UN ENGAÑO: OPERACIÓN CARNE PICADA

El hombre que nunca existió… y una visita pendiente en Huelva


¡Cuántas veces habré ido a Huelva! Tenemos allí muy buenos amigos y, además, siempre encontramos una buena excusa para volver. Hace ya bastante tiempo, Luis Carlos y Pilar nos hablaron de un británico enterrado en el Cementerio de La Soledad. No se limitaron a contarnos la historia: también nos prestaron un libro para que la conociéramos con detalle. Y allí dieron de lleno en esa manía mía de buscar coartadas en los viajes, esa debilidad por encontrar pequeñas historias que me permitan regresar sabiendo un poco más de lo que sabía al llegar. 

Tumba de Glyndwr Michael (Major William Martin)
Cementerio La Soledad de Huelva


Por fin, en una escapada onubense de este invierno, cuando ya emprendíamos el regreso hacia Badajoz —después de cumplir con otro ritual ineludible: llenar el maletero de pescado y marisco del mercado— decidimos que había llegado el momento. Era uno de esos días perfectos para visitar un cementerio; el viento que trajo la borrasca Oriana casi nos arrastra al salir del coche. Pero no íbamos a echarnos atrás, la misión estaba para cumplirse. Ya había leído la novela que Pilar y Luis Carlos nos habían proporcionado, El hombre que nunca existió de Ben Macintyre y habíamos visto la peli El arma del engaño (2021), así que no había vuelta atrás.


 La historia me parecía tan increíble que costaba admitir que hubiera sucedido de verdad. Resumida mucho, muchísimo, relata cómo los servicios de inteligencia británicos consiguieron engañar a los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Prepararon el cadáver de un hombre desconocido, lo vistieron como si fuera un oficial de la Marina Real británica y le colocaron encima documentación top secret cuidadosamente falsificada. El falso Major William Martin y sus falsos papeles fueron arrojados al mar frente a las costa de Huelva para hacer creer que había caído de un avión. Así, el cuerpo apareció flotando frente a la costa de Punta Umbría, simulando que había sufrido un accidente aéreo. Todo parecía tan real…


No tardaron nada las autoridades españolas —¡neutrales, claro, y que picaron cómo pardillos!— en dar el chivatazo a los alemanes. El engaño estaba servido y  el alto mando nazi se tragó que los aliados invadirían Grecia. Aquello contribuyó a cambiar el curso de la guerra, dejando el camino despejado hacia  Sicilia.


A lo que iba, yo tenía una razón muy concreta para ir a ese cementerio. Aquel día buscábamos la tumba del supuesto “Major William Martin”, que a pesar de estar alejada de la puerta, no tiene pérdida. Una asociación ha dispuesto, al más puro estilo de Hansel y Gretel, señales en el suelo que te llevan derechita al lugar, sin posibilidad de perderte.


Indicaciones y tumba del Major William Martin

Major William Martin (Glyndwr Michael) 
 Cementerio La Soledad de Huelva

Y allí estaba “el hombre que nunca existió”. O quizá sí, porque en la lápida también figura el nombre de quién realmente parece descansar bajo ella y a quién hicieron pasar por el oficial. Se trataba de Glyndwr Michael, un galés de treinta y cuatro años, sin familia, que había muerto tras ingerir raticida. Su muerte permitió construir una de las operaciones de espionaje más extraordinarias de la historia. Para hacer creíble la identidad inventada, los servicios secretos llegaron incluso a crearle una vida sentimental: llevaba en los bolsillos cartas de una novia imaginaria, fotografías y pequeños objetos personales que daban apariencia de verdad a una existencia completamente ficticia.


La supuesta novia del Mayor William Martin
Fotografía de su novia, que el supuesto Major William Martin
 llevaba en su cartera



Quizá el necroturismo no sea, en el fondo, más que otra forma de leer la Historia. Yo no viajo buscando la muerte, sino las historias. Hay libros que se abren en una biblioteca y otros que solo pueden leerse caminando despacio entre lápidas.


Llevaba tanto tiempo queriendo hacer esta visita… 

¿No os parece una historia fascinante? 


Por cierto, si os pica la curiosidad, además del libro de Ben Macintyre, hay un par de adaptaciones cinematográficas que abordan este episodio: la clásica El hombre que nunca existió (1956) y la más reciente El arma del engaño (2021). Perfectas para una tarde de cine y lectura.


El hombre que nunca existió, Operación Carne Picada. Ben Macintyre. Edit. Crítica (Grupo Planeta)

    El arma del engaño (Operation Mincemeat), de 2021,
 dirigida por John Madden con Colin Firth como actor principal



El hombre que nunca existió. Ewen Montagu Reino de Redonda (2019)
Clásico de 1953 que dio origen a la primera adaptación
cinematográfica de 1956 dirigida por Ronald Neame



The Man Who Never Was (1956)
Ronald Neame dirige "The Man Who Never Was" en 1956






Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026



miércoles, 8 de julio de 2026

Volver a los páramos de las Brontë con Espido Freire


Hace unos años escribí en este blog sobre El hechizo de los páramos en las Brontë, después de visitar Haworth en 2007. Había recorrido entonces los senderos por los que caminaron  Emily, Charlotte y Anne, tratando de entender de qué manera aquel paisaje —áspero, silencioso, abierto al viento— había podido arraigar con tanta fuerza en su literatura. 

La lectura reciente del capítulo "Los páramos ocultos", de Espido Freire, en su libro Guía de lugares que ya no existen (RBA, 2026) me ha hecho regresar mentalmente a aquel viaje. No tanto porque lo muestre de otra manera, sino porque invita a mirarlo con una disposición distinta, más atenta quizá a lo que uno lleva consigo.

Espido Freire: Guía de lugares que ya no existen

Al leer a Espido Freire encuentro una nota de melancolía que me hace reflexionar.  Nos habla de esos lugares que se desvanecen no porque desaparezcan del mapa, sino porque pierden su significado, porque se ocultan a la mirada del viajero moderno. Mientras yo ponía el acento en el paisaje que dio forma a la imaginación de las Brontë, Freire comienza recordándonos que quizá nosotros tampoco hemos abandonado del todo el romanticismo. Seguimos buscando esos lugares donde la naturaleza parece hablar el mismo lenguaje que nuestras emociones. Los páramos no son únicamente una extensión de brezo; representan un estado del alma.

Recuerdo mi llegada a Haworth con una leve extrañeza. El pueblo me pareció cuidado y acogedor, casi amable; parecía muy distinto de la atmósfera inquietante que había imaginado leyendo Cumbres borrascosas. Sin embargo, bastó alejarme unos minutos del bullicio para encontrar ese horizonte abierto donde el viento adquiere protagonismo y el silencio —si es que era silencio—  parecía lleno de algo difícil de nombrar.

Espido Freire señala que muchos viajeros sienten una cierta decepción al llegar a Yorkshire. Esperan un paisaje grandioso y encuentran una naturaleza sobria, casi desnuda. Creo que esa observación explica muy bien la diferencia entre contemplar un lugar y comprenderlo. Los páramos no impresionan por su espectacularidad, sino por su capacidad de sugerencia. Exigen tiempo, silencio y, sobre todo, haber leído a las Brontë.

Quizá ahí reside la verdadera magia de estos lugares. No son únicamente el escenario donde vivieron tres escritoras excepcionales. Son un espacio que la literatura ha transformado para siempre. Después de leer a Emily Brontë, ningún paseo por los páramos vuelve a ser una simple excursión. Cada colina, cada sendero y cada cambio de luz parecen contener un eco de Heathcliff y Catherine.


Blog de Pilar Otano Cabo

Mi antigua entrada hablaba del hechizo de los páramos. Después de leer a Espido Freire, añadiría una idea más: el verdadero páramo no está sólo en Yorkshire. También existe dentro del lector. Es ese territorio donde la memoria de las novelas se mezcla con los lugares que hemos recorrido. Un espacio en el que la geografía y la emoción acaban confundiéndose, como suele ocurrir con los libros que nos acompañan durante mucho tiempo. 


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026





martes, 7 de julio de 2026

El misterio del almacén: una cita pendiente en Jaén. Museo de arte naïf



Centro cultural Baños árabes de Jaén
Palacio de Villardompardo, Jaén

Hay rincones que te atrapan no solo por lo que muestran, sino por la historia del lugar que los cobija. Eso me ocurrió en nuestro viaje a Jaén, en la visita al Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén. Ubicado en pleno casco histórico, comparte espacio con la joya de los Baños Árabes en los sótanos del imponente Palacio de Villardompardo, un edificio renacentista del siglo XVI que ya de por sí merece la visita.

 Cruzar sus puertas es adentrarse en un universo colorista y espontáneo; este museo, pionero en España en su especialidad, alberga una colección fascinante de más de 600 obras de artistas nacionales e internacionales. Sus salas están llenas de esa mirada limpia, casi infantil, tan detallista y sin ataduras académicas que define al arte naïf: paisajes rurales vibrantes, escenas costumbristas llenas de vida y una explosión de luz que contrasta con los sobrios muros de piedra del palacio.


Museo Internacional de Arte Naïf de Jaén


El museo tiene ese encanto particular de las cosas que se guardan con mimo. Recorrí sus salas con la calma que exige el arte naïf, dejándome embaucar por las perspectivas imposibles. Sin embargo, llevaba una intención oculta, mi coartada, muy personal en esta ocasión, una pequeña dosis de misterio familiar. Había leído que entre sus fondos figuraban obras de la pintora navarra naïf María Victoria Otano Lecumberri (San Adrián, 1913- Barcelona 1997). Ya sabéis mi debilidad por las coincidencias: encontrar un apellido como el mío, que no es precisamente de los que uno se cruza en cada esquina, me despertó una tremenda curiosidad; quise seguir el rastro de ese hilo invisible. Así que recorrí las salas con la mirada atenta, buscando esa firma familiar entre la maleza de colores de las paredes.

Para mi sorpresa, tras dar más de una vuelta por cada sala —no exagero— y escudriñar cada pared, la decepción empezó a asomar. No había rastro de ella. Acudí, con la cautela de quien pregunta por un secreto, al personal del museo. Me comentaron, con amabilidad exquisita y con la naturalidad de quien habla de un archivo cotidiano, que efectivamente, en este momento no había ninguna pieza suya en las salas de exhibición y que “suponían” que estarían en el almacén, aguardando pacientemente el turno de alguna futura muestra.


Me quedé un momento pensativa frente otros cuadros, imaginando qué tesoros permanecerán ocultos en esa penumbra de los depósitos, esperando la luz de una sala. Qué curioso es el destino de las obras de arte: a veces, el apellido y la intención no bastan para el encuentro.


Museo de Arte Naïf en Jaén


Me fui de Jaén con esa espinita, con la sensación de haber dejado una tarea a medias. Dicen que el arte, como la vida, siempre tiene una sorpresa reservada para quién sabe esperar. Así que, María Victoria, mi búsqueda no termina aquí; nos quedamos con una cita pendiente para cuando decidan sacar a la luz esos lienzos que guardan, con tu nombre y tu forma de ver el mundo, el misterio del almacén.



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Julio de 2026


martes, 9 de junio de 2026

Parede de Memórias. Arte urbano en Madeira.


Me gustan las sorpresas en mis viajes. No siempre es fácil, por la costumbre de llevarlo todo atado y bien atado; así que sólo tengo que preguntar y buscar. Pero esta vez, en nuestra escapada a mitad de Atlántico, a la isla de Madeira nos topamos con esta curiosidad que ves en la foto y que no estaba prevista.



Parede de Memórias, en Ponta do Sol

Acabábamos de salir de Funchal, su capital, donde teníamos el “campamento base” y en poco más de media hora llegamos Ponta do Sol, un bonito pueblo con su casco histórico junto al mar. Allí nos recibió la “Parede de Memórias”, una de esas intervenciones artísticas y que forma parte de la Ruta de arte urbano en el centro de Ponta do Sol. El gigantesco mural está formado por más de tres mill caras de tamaño real, creadas a partir de los moldes que la autora, la escultora y artista visual madeirense Patrícia Sumares, había hecho a 250 lugareños y visitantes que pasaron por su taller para ser inmortalizados en este enorme panel. 




Tres mil caras en la Parede de Memórias
Tres mil caras en la "Parede de Memórias"



Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal


Cada cara es diferente y todas juntas crean este alto relieve, una pared que quiere representar la memoria, la identidad y la comunidad. Entre las caras vuelan en todas direcciones espejos con forma de aves — guiño a la fauna local— creando un curioso  juego visual de reflejo de la luz.




Parede de Memórias- Ponta do Sol- Madeira, Portugal




Esta Parede de Memórias me ha recordado los gigantescos retratos de los años sesenta que cuelgan en las paredes del pueblo salmantino de Mogarraz, del que ya escribí en otra ocasión. 



Y como siempre me pasa, una cosa me lleva a otra y esta vez estas caras de barro me han traído a la mente una novela que leí hace poco, “Huaco retrato”, en el que la peruana Gabriela Wiener utiliza para su narración una historia de su tatarabuelo huáquero en Perú y su colección de huacos retratos, vasijas que representan rostros indígenas realizados en cerámica en el siglo III, procedentes del norte de Perú . 



Huaco retrato, Gabriela Wiener


Una última curiosidad, en este pueblo, en Ponta do Sol, nació el abuelo del escritor estadounidense John Dos Passos; sí, el de Manhattan Transfer. Así que ya imaginas cómo se llama el Centro Cultural de este bonito pueblo.



Manhattan Transfer- John Dos Passos

Mi Manhattan Transfer de aquella colección de Seix Bárrall, con calendario incluido...;)


Pilar Otano Cabo

Badajoz, junio de 2026















domingo, 30 de noviembre de 2025

El Museo Magritte de Bruselas

Un mundo paradójico


Cuando tienes poco tiempo para visitar una ciudad, lo estiras hasta lo imposible y sacas cualquier hueco para no perderte nada. Eso fue lo que nos sucedió hace unos días en nuestra escapada a Bruselas. La mañana nos había llevado al Parlamento Europeo y nos esperaba un paseo por la ciudad por la tarde, así que sólo había  un resquicio para comer y descansar. Pero como para descansar ya habría tiempo al volver a casa, tiramos de nuestra lista de imperdibles de Bruselas y elegimos el Museo Magritte.


Museo Magritte_Bruselas

Magritte nos da la bienvenida

Ya fue una experiencia surrealista atravesar la Place Royale, para llegar al museo, sorteando obras, vallas y operarios que parecían surgidos de un cuadro de Magritte; eso sí, cambiando el bombín por el casco de obra. Era el caos de la ciudad, como en tantas otras, con una sinfonía de martillos y taladros que acompañan al visitante y al lugareño. En cambio, cruzar su puerta es como pasar un umbral invisible; allí empieza un espacio donde el arte de René Magritte no te mira, te observa, te invita a pensar. No es un museo de simples cuadros, es un lugar para la reflexión y, ¿por qué no? para el diventimento.


Cada sala es un reto: aquí Magritte se muestra de perfil, sosteniendo lo que parece un lápiz ante un espacio vacío y que me obliga a tirar de mi libreta y de mi boli de cuatro colores para empezar a rellenar ese papel en blanco.





Y sala tras sala, me hace sonreír. Magia y misterio, él no habla, pero lo dice todo. Paradojas que me desafían, porque claro que “esto no es una pipa. Y objetos cotidianos vestidos de textos incongruentes e inesperados; ¿no es un sombrero (ese bombín tan Magritte) para uso externo? En fin, magia, ilusión, ambigüedad, trampas mil; imágenes aparentemente normales, pero que llegan a desconcertarte, poniendo tu cabeza a cavilar, mientras los pies no consiguen despegarse del suelo ante cada pieza.



Irene o la literatura perdida y Encuentros naturales


Y seguro que alguien está esperando la coartada literaria, pero no, esta vez no. Podía tirar de Foucault, pero me tendría que poner en modo solemne y, sinceramente, no me apetece. Lo que sí tengo es un par de coartadas cinematográficas y una canción; porque hay escenas en muchas películas, tomadas de cuadros de Magritte. Ahí van un par de guiños que conectan arte y cine:


En Los abrazos rotos, de Almodovar (2009) hay una escena inspirada en la obra de Magritte, Los amantes. Es la inquietante escena en la que dos personas se besan con las cabezas envueltas en telas blancas que impiden el contacto.


Aquí puedes ver el tráiler. La escena aparece en el minuto 1:18



Los amantes y Los abrazos rotos





Por otro lado, la escena final de El show de Truman (1998), protagonizada por Jim Carrey, está también inspirada en una pintura de Magritte, Arquitectura al claro de luna

En este enlace puedes ver la escena final completa.


Magritte y El show de Truman


Para redondear la experiencia, dejo una canción de Paul Simon dedicada a René y Georgette Magritte, incluida en su disco Hearts and Bones, de 1987;  René Magritte and Georgette Magritte with Their Dog After the War; una balada tan surrealista como sus propios cuadros.


Y como recuerdo, la típica postalita que traigo en esas ocasiones para la pared viajera de mi estudio. Tenía que ser la más emblemática de todas, El hijo del hombre, supuestamente su autorretrato, pero como la cara está tapada con la manzana voladora, no lo podemos asegurar. 


El hijo del hombre, Magritte en mi pared viajera

Magritte en mi pared viajera




Pilar Otano Cabo
Badajoz, España
Noviembre de 2025

viernes, 21 de noviembre de 2025

La Gran Plaza de Bruselas

...y Victor Hugo


Entrar en una plaza emblemática, como la Gran Plaza de Bruselas, siempre impresiona. Tenía un vago recuerdo de nuestra visita anterior, hace por lo menos treinta años. Una imagen algo desdibujada, pero aclarada por las imágenes coloridas de esa alfombra de flores que la cubre cada dos años en el mes de agosto y que hemos visto decenas de veces en la tele. Un espectáculo artístico tan bello como efímero.




Pues bien, esta vez al acceder a la Gran Plaza no había begonias, sólo decenas de turistas como nosotros con sus cámaras. Siempre me gusta colocarme en el centro de las plazas y girarme para abarcarlo todo de una sola mirada, como la función panorámica de mi iPhone; la plaza entera en un solo gesto. Y allí, en esa tarde inusualmente soleada de noviembre, las fachadas barrocas y góticas me miraban y parecían querer contarme todos los secretos de los antiguos gremios y mercaderes que la habitaron, ajenos al bullicio de los visitantes. Por fin, me detengo bajo la altísima torre del Ayuntamiento, que parece desafiar al cielo. Y quiero imaginar a una feliz pareja de recién casados, que acaban de dar el “sí, quiero” en este bello lugar. 


Ayuntamiento de Bruselas en la Gran Plaza


No he podido evitar recordar la Plaza Roja de Moscú. Allí todo era más solemne; sus edificios, que habían sido testigos de terribles episodios que estremecieron el mundo, imponen respeto. Es el peso de la historia, de siglos y de tragedias. Aquí, sin embargo, en este corazón comercial y administrativo que fue, y que sigue siendo, la historia se disuelve en la vida cotidiana. Los turistas nos lanzamos a las tiendas en las calles que rodean la plaza, a comprar muñequinos en la Boutique Tintin o chocolate en la Neuhaus. O a cenar en un lugar típico, como La Rose Blanche. Y al salir, la luz de la tarde se había coloreado, vistiendo de fiesta los elegantes edificios. 



Ayuntamiento de Bruselas en la Gran Plaza


Pero ya sabéis quienes os asomáis por aquí de vez en cuando, que me gusta encontrar coartadas literarias en mis viajes. Y no iba a ser menos en Bruselas. Además, son palabras mayores: Victor Hugo y su relación con la Gran Plaza de Bruselas. 


Victor Hugo, bajo el falso nombre de Jackes Firmin Lanvin, vivió en esta plaza durante los quinientos días que estuvo exilado, cuando  se convirtiera en feroz enemigo de Napoleon III. En una anterior visita, en 1937,  durante un viaje que contó en su texto "En voyage, France et Belgique" describe la plaza con gran entusiasmo, "es una maravilla" y del ayuntamiento dice que es "una joya, una deslumbrante fantasía soñada por un poeta y realizada por un arquitecto ... no hay una fachada que no sea una fecha, un disfraz, una estrofa, una obra de arte. Hubiera deseado dibujarlas todas una tras otra".


Victor Hugo, "En voyage. France Belgique" 1935


Y durante su exilio (1851-1852), fue en la Gran Plaza donde terminó de escribir esa obra maestra que es Los Miserables. Su amante, Juliette Drouet, le había seguido a los pocos días, llevando en su equipaje el manuscrito de Los Miserables, que sería publicado diez años después en la ciudad de Bruselas. 


Les Mirerables, de Victor Hugo Bruselas,  1863



Y en 2012, al cumplirse los 150 años de esa publicación, en Bruselas tiraron la casa por la ventana con decenas de eventos conmemorativos. Si tienes curiosidad, aquí hay un enlace al resumen de todas ellas.



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España), noviembre de 2025